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Originales del silencio

lunes 7 de agosto de 2017
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Jesús Enrique Barrios
Jesús Enrique Barrios es de los pocos escritores venezolanos que se han desnudado ante el lector.

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Pocos lectores saben de Jesús Enrique Barrios. Pocos se han paseado por su escritura, por sus indagaciones reflexivas. El país que nos habita, y que hemos deshabitado hace tiempo, tiene en muchos nombres la placa en el portal de “Dejados a un lado”, o simplemente el agobio y la multiplicidad de eventos los han alejado de lo sustancial, del país que hemos sido y el que ya casi no somos.

Yo he leído algunas páginas de este escritor nacido en el estado Anzoátegui pero anclado en Barquisimeto desde hace muchos años. Del pueblo de Urica, donde vio la luz en 1937, y desde mediados de los años 60 del siglo pasado vive en la capital larense.

El libro con el que se puede dialogar se titula Originales del silencio, publicado por Ediciones del Rectorado de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (Barquisimeto, 2005), y es un compendio de ideas, de aforismos, de conceptos. Es decir, es un inventario sobre la escritura, sobre el fondo de lo que se dice de ella y de lo que esconde para ser descubierta.

275 fragmentos constituyen el cuerpo de esta hermosa aventura del pensamiento. Don Jesús Enrique se vacila las ideas, las multiplica y las vierte con elegancia y crudeza a la vez, pero se trata de una crudeza en la que no hay manera de contradecirlo, toda vez que la certeza aguza el olfato del lector y promueve nuevas ideas, nuevas alteraciones que se ajustan al fondo de lo afirmado por el escritor.

 

El yo del escritor navega por estas páginas. Pero también el alejamiento de su ánima lo conjuga con la multiplicación de imágenes que hacen del lector parte de un silencio en el que la poesía y la palabra ajustada a lo concreto lo sitúan en la crítica

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Estamos en presencia de un libro que teoriza y cuenta. La ficción y el conocimiento, la razón y el devenir de fragmentadas aventuras intelectuales que se podrían traducir en largas caminatas por ideas y regiones ocultas, despejadas para dejar claro que el pensamiento es circular: se encuentra en un sitio donde la realidad y la invención se hacen una sola expresión. Podría el lector llegar a concluir que a veces la realidad es un invento: un paisaje permanente, reconstruido por el instante “irracional” o por la mirada que todo lo escruta.

El yo del escritor navega por estas páginas. Pero también el alejamiento de su ánima lo conjuga con la multiplicación de imágenes que hacen del lector parte de un silencio en el que la poesía y la palabra ajustada a lo concreto lo sitúan en la crítica: en la postura de quien desde el conocimiento del autor agita sus banderas para ampliar los propios. Es decir, alejado de su participación como sujeto protagónico.

El silencio, augusta ilusión tan real como siniestra, a veces. Beatífica, otras. Asilo para la paz o la angustia. La locura o la lucidez. La sobriedad o el escándalo.

 

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Un tanto Nietzsche. Otro tanto Cioran, ¿Papini? Jesús Enrique Barrios es de los pocos escritores venezolanos que se han desnudado ante el lector. No anda con rodeos: dice, afirma, no deja rastro de disimulo.

Para acercarlo a los lectores, estos fragmentos, estos latidos:

(87)

Dios me gusta, pero el Diablo no me disgusta.

 

(88)

Para el optimista las enfermedades están rodeadas de salud, y para el pesimista la salud está rodeada de enfermedades. Ambas verdades son reales.

 

(91)

Ayer no fui yo. Hoy no sé quién soy. Mañana dejaré de ser lo que no sé. Así fue, es y será. Vocación de raíz a favor del silencio y vocación del silencio a favor de la raíz.

 

(93)

Soy feliz porque Dios me lo ha dado todo y todo se lo he cambiado al Diablo.

 

(94)

La utopía es el regalo que le hace el alma al cuerpo.

 

(103)

En la ciudad la gente se aglomera para separarse el uno del otro, y en el campo se separa para unirse el uno con el otro.

 

(VIII)

Agradezco a J. S. Bach haberme mostrado esa circular factibilidad de nacer del silencio y retornar a él. Es decir, integrarme en el absoluto que fue antes que la nada misma y será después que el universo deshaga y entregue sus fuerzas al silencio creador de creadores.

 

(185)

Todos los ríos de mundo no apaciguan la sed del mar.

 

(197)

El alma no muere, desaparece. El cuerpo no desaparece, muere. La desaparición del cuerpo sería igual a la muerte del alma, y la muerte del alma igual a la desaparición del cuerpo. En ambos sentidos poco importa el resultado.

Ahí quedan.

 

4

Jesús Enrique Barrios ha publicado En calidad de humano, Axel y las hormigas, Cartas a naxia, Cualquier itinerario, Del mundo y de la aldea, Usada poesía, Inevitables ejercicios, Mutilaciones, Breves y mínimas y Otras contradicciones. Para la fecha de publicación de este título tenía inéditos Filiación carnal, De poesía con los poetas, Otras cartas a naxia, Poesía de cualquier lado y El libro de los Nol.

Alberto Hernández
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