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Vacas en las nubes

lunes 30 de octubre de 2017

“Vacas en las nubes”, de Milagros Socorro1

Releo Vacas en las nubes y me convenzo de mi verdadera edad, catorce años. He retornado a esos días adolescentes luego de repasar con verdadero placer estas páginas que Milagros Socorro nos regala.

Y digo que me convenzo porque hasta tuve que acercarme al espejo y ver si se había borrado el tiempo que llevo a cuestas, el tanto tiempo que ha dejado de angustiarme y me ha convertido en un chamo que se sumerge en tres historias que la autora zuliana ha escrito, a quien imagino con una gran sonrisa en la cara.

“Vacas en las nubes”, “La verdad” y “Autobiografía de un bebé” denotan tres estados de ánimo que revelan la capacidad de la narradora para cambiar de ambiente y saber contar unas historias en las que no dejan de estar presentes la magia, la realidad y el humor (aunque este último también es mágico y realista increíble, absurdo pero creíble).

 

2

Vuelo instalado sobre un terreno inmenso que es un pueblo. Vuelo con unas vacas que cantan, con unas vacas que acompañan un instrumento musical. Vuelo con unas vacas mágicas y además muy lecheras, simpáticas. Vuelo con un pueblo que tiene voz en una niña a quien le han pedido que siempre cuente el mismo cuento.

Es un cuento para leerlo las veces que deseemos volar. Volamos con él.

Es un pueblo convertido en una suerte de nave de observación. Van las casas, los vehículos, los edificios, las vacas, la gente, los árboles. El dibujo de la portada lo describe mientras un papagayo equilibra el vuelo bajo las nubes cargadas de la tierra zuliana. La voz nombra ríos, montañas, cañadas, el lago inmenso de Maracaibo. La narradora, que digo es una muchacha de unos doce o trece años, habla con la boca llena de nubes, de pájaros que se cruzan en el vuelo, de montañas que están a punto de rozar la barriga de ese trozo de tierra donde está asentado el pueblo. La voz que habla hipnotiza al lector porque cuenta con una maravilla sólo comparable con el vuelo. Milagros Socorro escribe sabrosamente bien, deliciosamente mágica. ¡Vaya, qué expresión! Bien cabe en esta nota donde toda la libertad está dicha en el cielo abierto del Zulia, en la tierra que se ve desde arriba, en la tierra que vuela y ve la otra tierra, la que es descrita, la que está allá abajo con sus accidentes geográficos y una mujer que reconoce la voz de los viajeros y grita de alegría por la visita de quienes ya se ocultan entre las nubes y las montañas.

Es un cuento para leerlo las veces que deseemos volar. Volamos con él. Y a veces es tan elocuente que sentimos un leve mareo y al aire frío de la altura.

 

3

Una familia. El padre Humberto; el hijo, Humberto. La madre y un hermano relegado a la distancia. Un disgusto familiar y una confusión que trajo llanto y dudas. “La verdad”, esa palabra convertida en anécdota, en lección de vida, en moraleja, en testigo de lo que los humanos pueden hacer con ella. Nuestra narradora maneja con maestría este asunto tan delicado. La confusión puede provocar una tragedia. Puede llegar a hacer de un encuentro conmoción y dolor, hasta que aparece la verdad y todo llega a su nivel.

Los Humberto vuelven a ser ellos. La madre retorna con su hermano, a quien el dueño de la casa había echado y se encontraba con la hermana en un establecimiento comercial de las afueras de la ciudad para evitar el disgusto de su marido Humberto, mientras el hijo, Humberto, a quien apodaban “Cucheto”, lo añoraba.

Hasta que dieron los cuatro en el lugar del encuentro, espacio secreto que fue descubierto por los Humberto, quienes reconocieron al hombre canoso y de espaldas como el cuñado y tío de los respectivos padre e hijo, es decir, de los Humberto. Y todos felices.

 

“Autobiografía de un bebé” es un juego de imaginación. Un fascinante rato en el que un muchachito de meses habla desde la perspectiva de su comodidad como sujeto.

4

La última historia es una locura literaria tan sabrosa y tan infantilmente alborotadora, que nos descubre como niños, como los felices desordenados que fuimos, pero más allá de eso, como los que quisimos crecer para descubrir el mundo, aunque en este caso, el bebé que habla, monologa, no quiere crecer porque está muy bien instalado en su mundo de carajito mimado, pero no por sus hermanas gemelas quienes lo menos que hacían era cuidarlo.

“Autobiografía de un bebé” es un juego de imaginación. Un fascinante rato en el que un muchachito de meses habla desde la perspectiva de su comodidad como sujeto, pero a veces añora ser grande. Cuenta y critica cómo lo tratan. Cuenta desde un yo tan desnudo como cuando no le ponen el pañal.

Milagros Socorro se expresa como un bebé, como un niñito cuyo pupú tiene vida: recorre la casa perseguido por las gemelas y por el perro mascota. Alborotan todo, hasta el laboratorio científico de la madre. Todo sucede mientras los padres han salido a la calle a trabajar.

Se trata de una lectura divertida, tan divertida que se debe leer en voz alta en familia. Lectura no sólo para quienes realmente tienen la edad de los chamos, sino para quienes pasan los sesenta y necesitan verse en el espejo con esa edad y no quejarse de los achaques que van y vienen.

Volar entre las nubes con unas vacas cantarinas y despejar las dudas para alcanzar la verdad, la tan ansiada verdad, nos conduce a creer que somos un bebé que se hace pupú y al que sus hermanitas le dan vida en la biografía de quien le gusta que le pasen un pañito por el pipí.

Bueno, ahí queda ese libro. Búsquenlo en Alfaguara Infantil, publicado en Caracas en 2008.

Lo disfrutarán.

Alberto Hernández
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