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A la orilla de los días

viernes 25 de mayo de 2018
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Eleazar León
Eleazar León (1946-2009).

1

La última vez que vi a Eleazar León fue en una presentación de nuestro catálogo de La Liebre Libre en una librería de Caracas de la que no recuerdo ahora su nombre. El presentador era Adriano González León, quien se “disparó” un discurso maravilloso, brillante, envidiablemente poético.

Allí estaba Eleazar. Esa tarde recordamos los pocos momentos cuando nos encontramos en la UCV y en Sabana Grande. Lo conocí gracias a mi amigo José Antonio “Nono” Sucre. Después nos atajamos con otros condescendientes licoreros en librerías como Suma, Cruz del Sur o en los botiquines o bares del pequeño planeta que nos cobijaba.

Ese día de la presentación Adriano, vuelvo a decir, se botó con sus palabras. Ensoñado, visiblemente tocado por la magia de unos whiskies y por su extraordinaria capacidad para decir, conversar e hipnotizar al público con su belleza verbal.

Allí estuvieron Simón Alberto Consalvi, Sofía Ímber, Mercedes Ascanio, Alfredo Chacón, Hernán Zamora, Beatriz Alicia García, Eduardo Casanova, Alejo Urdaneta, Yolanda Pantin y, por supuesto, Harry Almela y Rosana Hernández Pasquier, con quienes hicimos equipo para lograr ese milagro de publicar más de cien autores de este patio y de otros más que no era el nuestro.. Unos entraban y salían, pero cuando Adriano tomó la palabra nos dejó en el sitio por los veinte minutos que duró su disertación sobre La Liebre Libre y sus títulos.

Y allí estaba Eleazar. Su baja estatura. Su mirada lenta. Su saludo. El poeta y ensayista. El profesor universitario. El amigo que estuvo en la renovación de su alma máter. El que compartía parsimoniosamente entre algunos tragos y mucha poesía.

 

2

A la orilla de los días (Fundarte, Cuadernos de Difusión, Nº 78; Caracas, 1982) recoge muchos temas. Es un libro de ensayos cortos en los que Eleazar León nos regala su visión de mundo y de vida. Es un libro que se lee como si se saboreara una fruta.

Aquí la poesía, los que la escriben, la invención artística, la estética constituyen una preocupación que nos hace sentir lo mismo que el autor. Es un libro donde se evidencia una poética, una extrema poética en la que León deja su testamento. Texto limpio, bien sazonado, una escritura en la que los sonidos alternan con los asuntos que toca.

A la orilla de los días expresa ese momento, el último momento de nuestro saludo. Creo que Eleazar andaba en una suerte de despedida. Silencioso, alejado, retirado un poco de los temas diarios bajo el sol. Una vez iniciado el evento, Eleazar, quien andaba acompañado de una dama, se retiró y no se despidió. Lo vi alejarse con ella. Se me perdió después de una puerta.

Ahora está de nuevo frente a mí en este hermoso libro. En esta vocación de decir en las páginas, de vaciar su relato existencia, su conocimiento del habla y el silencio.

 

3

En este tomo, el que tengo a mano, Eleazar León se pasea por una treintena de ensayos en los que están presentes personajes como Vallejo, Hölderlin, Poe, Borges, Dylan Thomas, Moctezuma, Quevedo, Palomares, Van Gogh, Césaire, Guillermo Sucre, Cadenas, Ramos Sucre, Bashō, entre otros, quienes transitan felizmente por las páginas y dejan en el lector un aviso entre crónica y relato. El ensayo es un recado abierto, libre, poético, sujeto al albedrío de quien le dicta, desde la luz o la sombra, las imágenes que vemos, olemos o tocamos en este hermoso libro.

A la orilla de cada lectura, siempre habrá un lugar para continuar las historias que reconocemos como sabiduría. A la orilla de las noches y los días habrá tiempo para estar con Eleazar León, quien sigue desandando los pasillos de nuestro mapa literario.

Alberto Hernández
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