XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Obligaciones de la memoria: Rodolfo Izaguirre

lunes 21 de enero de 2019
¡Comparte esto en tus redes sociales!

“Obligaciones de la memoria”, de Rodolfo Izaguirre1

El primer instante de este libro está en mirar el rostro de Rodolfo Izaguirre desde su mirada y sus gestos. El primer momento de sus palabras en la imagen. Quien tome en sus manos Obligaciones de la memoria (Fundavag Ediciones, Colección Nueva Palabra, Caracas, 2018) entrará en un diálogo con el hombre que ha sido fijado gráficamente por Federico Prieto a través de unas fotografías magníficas que nos muestran a un hombre extraordinariamente vital, cuya experiencia es suficiente para saber que lo que contienen sus palabras nos alcanzarán y nos transformarán en los viajeros de su emoción.

Rodolfo Izaguirre nos entrega 123 crónicas escritas entre los años 2000 y 2017 que fueron publicadas en los diarios El Mundo y El Nacional. Crónicas presentadas por Alberto Márquez que resaltan la personalidad de este venezolano que toca todos los temas, pero más el que nos agobia como país en estos últimos veinte años.

El hombre mundano que ha sido, el hombre del cine, el novelista, el viajero, el asentado en su patria mientras cuida sus helechos y quiere ver “el final de la película” que nos aterra, reconstruye con su memoria el tiempo que le ha tocado vivir como una obligación en la que la elegancia y belleza de su estilo reúnan al lector alrededor de la hoguera de su pasión por la narrativa, tan bien dicha que nos hace ver envueltos en una atmósfera de sana y sabrosa complicidad.

Con esa respiración que invoca la concentración, Rodolfo Izaguirre entra y sale de la casa de su imaginación con humor y con el escozor que le produce la realidad política, social y económica de su país. Se duele y nos hace ver desde su mirada que somos el todo de esa realidad inventada por quienes han desfalcado el país, lo han traicionado y lo han llevado a la miseria.

Los gestos de Rodolfo Izaguirre, las finas manos elevadas o ajustadas al rostro, como si un dolor intenso lo afectara, nos empujan a leer a quien ya le hemos leído la vida y sus lenguajes.

Pero Izaguirre no se queda estacionado en el agobio: su mirada, que las imágenes de Prieto nos lo entregan completo y apasionado, resume esperanza, futuro, porque sabe que todo esto terminará como han terminado otros procesos políticos que han dañado a Venezuela y a otros países.

En la crónica “Ocultar el rostro”, publicada el 16 de agosto de 2001, nuestro autor afirma: “En su Diccionario de símbolos, Juan Eduardo Cirlot sostiene que el rostro simboliza la ‘aparición’ de lo anímico en el cuerpo, la irradiación de la vida espiritual en el ser humano, la expresión de sus matices. De allí que el rostro puede considerarse como la más perfecta manifestación del mundo visible”.

Al volver a la portada del libro y admirar los distintos rostros de Rodolfo captados por Federico Prieto, se puede inferir que estamos ante un hombre que expresa sus emociones para acercarnos, no sólo a sus palabras sino a su propia presencia física. Los gestos del escritor, los ojos muy abiertos, los párpados cerrados, las finas manos elevadas o ajustadas al rostro, como si un dolor intenso lo afectara, nos empujan a leer a quien ya le hemos leído la vida y sus lenguajes.

 

Este es un libro que no necesita que lo presenten. Él se presenta solo. Se trata de una de las páginas de crónicas más impactantes de los últimos años que se han publicado en Venezuela.

2

Desde hace varias décadas leemos a Rodolfo Izaguirre. Desde hace tiempo lo tenemos cerca, pero este libro, este maravilloso testamento, lo revela íntegro, no sólo como intelectual, como un cronista cuya voz no se apaga, sino como una suerte de actor, de gestualizador de su escritura, la que nos inventa como lectores en un escenario múltiple.

Son tantos los temas, tantos los títulos, tantos los desafíos, tantas las aventuras vertidas en este libro que el lector está en la capacidad de mantenerlo a su lado como un compañero de alivios, de reflexiones, de amancebamiento con cada una de las crónicas que tocan con humor y con fina y hasta irónica prudencia cada uno de los puntos que se le ocurre tratar.

En otro de sus textos autobiográficos, “Leer un número” (8 de mayo de 2016), porque estamos leyendo la biografía de quien también escribe la biografía de un país, podemos leer:

Se dice que Gustave Flaubert aprendió a escribir primero que a leer. A mí, por el contrario, me costó mucho aprender las dos cosas porque tenía que aprender primero a deletrear y luego a algo estúpido que se llamaba “decorar”, que era leer por sílabas. En resumen: se trataba de una tortura similar a la de aprender de memoria la tabla pitagórica en tiempos en los que reinaban las humillaciones y castigos corporales como arrodillarse en los rincones del aula o recibir los golpetazos de la regla, es decir golpes en las palmas de las manos que las maestras infligían con cierto sadismo y tácita aprobación de nuestros propios padres.

Si estos castigos fueron parte de esa generación escolar, bien vale recordar que la memoria de Rodolfo Izaguirre no sólo está puesta en su pasado, sino también en el presente actual que agobia a nuestro país.

Este es un libro que no necesita que lo presenten. Él se presenta solo. Se trata de una de las páginas de crónicas más impactantes de los últimos años que se han publicado en Venezuela, donde reconocernos en las calles ya es una verdadera osadía.

 


P.D.: No paro de leerlo.

Alberto Hernández
Últimas entradas de Alberto Hernández (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio