“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Las primeras hojas de la noche, de Pancho Massiani

lunes 15 de abril de 2019

Francisco Massiani

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Hasta donde alcanza mi memoria, Monte Ávila ha publicado dos o cuatro ediciones de Las primeras hojas de la noche, de Francisco Massiani: una en 1975 y otra en 1979. No conozco la fecha de las otras dos. En distintos formatos, nuestro autor despliega su maestría para seguir contando la existencia de los fantasmas de la niñez, de la adolescencia, tanto los de la propia como los de la ajena que hace propia una vez que su tono llega al lector y éste se envuelve con la trama de personajes tan coloquiales como testarudos puesto que parecen los mismos pero con diferentes máscaras.

El paseo por este libro no deja de parecerse al realizado por Piedra de mar o El llanero solitario Massiani mantiene su porfía: lee la intimidad de unas voces que ambulan en su propia vagancia por una ciudad que lo identifica con el acento y la manera de ser de aquellos jóvenes dedicados al fracaso, a la tristeza, sometidos a la locura, pero revelados como protagonistas de los afectos. Sigue siendo Francisco Massiani un enamorado, un sujeto tierno en medio de tantos tropiezos sociales. Cuenta para que quede sentada su vocación amatoria, revelada en sujetos que no se encuentran, que se aíslan y terminan en la última línea del relato como sombras inconclusas.

Diez historias viajan en estas páginas. Diez relatos que destacan la calidad narrativa del recién desaparecido escritor venezolano. Diez sensaciones, diez animaciones en las que los que actúan son seres atados a cierto aburrimiento existencial, a una búsqueda que generalmente termina en intentos fallidos, en el bochorno, en el vacío, en el miedo.

 

“Las primeras hojas de la noche”, de Francisco Massiani2

Desde la casa, desde la tristeza de la madre, desde los “apetitos prohibidos” y el pollo como regalo que nunca entrega a Julia por timidez extrema. Desde el discurso arrogante y a la vez inocente de quien se dice “un tipo”. Desde el temblor. Desde la observación detenida en el crecimiento de las hojas. Desde un aguacero. Desde la demencia de una niña que ama a su “caballito blanco” de madera. Desde “El rincón más solitario que hay en ti”. Desde todos los espacios y tiempos, estos cuentos de Pancho Massiani nuevamente abundan en el desapego, en las ganas de estar o no estar. En el miedo a decir lo que se siente ante la persona que se desea. Son personajes sencillos, doblegados por sus carencias, por la soledad.

Este escritor que una vez deslumbró a una generación, a los liceístas de los años 70 y 80, a los académicos de las universidades y a los lectores de la calle, nos deja libros que ameritan una nueva visita. Francisco Massiani ha muerto, pero sus títulos están allí, cerca de quienes podrán tomarlos y retornar al tono, al acento y registros de aquella Venezuela que no quiere desaparecer pese a la sombra que hoy la invade.

Estas “primeras hojas de la noche” que no sean las últimas.

Alberto Hernández
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