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Doña Bárbara, Cantaclaro y Canaima (las tres juntas en un mismo tomo)

lunes 26 de agosto de 2019
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Rómulo Gallegos
Gallegos no sólo escribe bien el país, lo recorre y lo hace mapa narrativo, sino que lo critica, lo vapulea, lo desnuda y lo glorifica desde los arquetipos, pero también desde la sicología de quienes arman el tejido de sus novelas.

“Doña Bárbara”, “Cantaclaro” y “Canaima”, de Rómulo Gallegos

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Están juntas. Tres novelas de Rómulo Gallegos, las más importantes, gozan del mismo lugar. Doña Bárbara, Cantaclaro y Canaima en una bella edición, lujosa, elegante, de Fundavag (Caracas, 2018), con prólogo de Óscar Rodríguez Ortiz, el que también vale la pena comentar.

Se trata de una hermosa aventura que mantiene a Gallegos como la primera figura narrativa venezolana del siglo XX y que sigue siendo nombrado, mencionado, estudiado y hasta mal interpretado por muchos que, sin haberlo leído, denuestan de su calidad como “factótum” de nuestras letras. Mito y leyenda, Gallegos es el iniciador de la gran novela venezolana, más allá de otras consideraciones relacionadas con otros autores que universalizaron el país desde el juego del tiempo y la búsqueda de otros modos de narrar, como Enrique Bernardo Núñez, por ejemplo, desde Cubagua, la novela que funda un relato desde el tiempo mismo y de unos personajes que se trastocan, emigran hacia ellos mismos y desenmascaran la tradición de la novela canónica.

Afirma Rodríguez Ortiz, al final de su texto de presentación, que “la publicación de Doña Bárbara, Cantaclaro y Canaima en un mismo libro es un viejo deseo de los lectores de Rómulo Gallegos, una vieja necesidad desde el punto de vista de los clásicos nacionales. Una edición que estaba haciendo falta si se observa la bibliografía del autor en estos tiempos, ausente en las librerías, y que, además, dirigida al público culto, cumpliese con la exigencia de ser una edición cuidada, trabajada y puesta al día”.

Así es. Es una edición magnífica. Cuidada con todo el cuidado que merece una obra mayúscula como esta. Y porque los nuevos lectores, los que desconocen a Gallegos, tendrán la oportunidad de hacerse de los tres libros más importantes de nuestro autor.

 

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El estudio de Óscar Rodríguez Ortiz se pasea por los diferentes críticos que han trabajado la obra de Gallegos. Desmitifica a las anteriores creaciones que ambulaban entre los ensueños de lo rural y la mala escritura del país que aún no había salido de las sombras. Gallegos no sólo escribe bien el país, lo recorre y lo hace mapa narrativo, sino que lo critica, lo vapulea, lo desnuda y lo glorifica desde los arquetipos, pero también desde la sicología de quienes arman el tejido de sus novelas. Gallegos, como maestro, hizo de su obra una escuela, un magisterio. De allí los personajes como representaciones, sin máscaras, en un tiempo lineal que si bien sigue la tradición de la novela europea, se ase de la tierra venezolana y la cuenta, de historia para el mundo, a través de sus enfermedades y curaciones. A través de sus vicios y sombras, ventajas y floraciones anímicas. Habla desde la tierra nativa, desde lo telúrico. Desde el hombre mismo sobre “la misma tierra”, sobre el canto y desencanto, sobre “la barbarie y la civilidad”. Desde los encantos y misterios, desde la selva ignota. Desde todos los mundos que consagró su voz y su escritura. Desde aquella Venezuela que necesita ser leída de nuevo para comprender la actual. Releer el país quienes ya han sido parte de él y descubrirlo por aquellos que no lo han hecho nacer en su curiosidad dormida. Con este tomo el país recupera esas historias, necesarias para sabernos parte de lo que aún queda de Venezuela, de aquella Venezuela que aún anda como “una brizna de paja en el viento”.

 

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Dejo las primeras líneas de cada una de ellas:

Doña Bárbara:
Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha.

Cantaclaro:
La sabana arranca del pie de la cordillera andina, se extiende anchurosa, en silencio acompaña el curso pausado de los grandes ríos solitarios que se deslizan hacia el Orinoco, salta al otro lado de éste y en tristes planicies sembradas de rocas errátiles languidece y se entrega a la selva. Pero quien dice la sabana, dice el caballo y la copla. La copla errante.

Canaima:
Barra del Orinoco. El serviola de estribor lanza el escandallo y comienza a vocear el sondaje:
—¡Nueve pies! ¡Fondo duro!…

Estas tres entradas son una corriente continua. Un río narrativo. Una novela tras otra novela. Una historia de ríos, de agua, de pérdidas y extravíos. Tres novelas para viajar, para recorrer el país, el otro país, el mismo en el tiempo pasado. El mismo en la imaginación.

Alberto Hernández
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