XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

El perro estar, de Carolina Lozada

lunes 20 de enero de 2020
¡Comparte esto en tus redes sociales!
“El perro estar”, de Carolina Lozada
El perro estar (El Taller Blanco, 2019), libro de cuentos breves de la venezolana Carolina Lozada.

1

Blanca Varela y Eugenio Montejo le dan pie a Carolina Lozada a través de sendos epígrafes donde “Tú eres el perro tú eres la flor que ladra” y “Ladra el olvido por la boca de un perro”. Pero en el interior, en la tripa de estos relatos, el can no es. No está, pero podría estar el referente irracional que hace del sujeto humano víctima de su propia sombra. De la ironía de no estar. De no ser.

El perro estar es un libro de cuentos breves publicado por El Taller Blanco en la Colección Comarca Mínima (Bogotá, 2019). Y es un libro donde la escritura se revela como dadora de una imaginación que sorprende al lector. Somos lectores felizmente conformes porque recibimos las bondades de unos cuentos portadores de inteligente búsqueda, en los que la autora deja correr su inventiva mediante anécdotas que dialogan con quien se asoma a ellos. Otras veces, el lector, inocente él, queda mudo frente a los “arrebatos” narrativos de la escritora.

Once historias. Once aventuras literarias. Once sorpresas. Once instantes que confirman una vez más la maestría de la narradora venezolana Carolina Lozada.

El homenaje que Lozada le brinda a Varela y a Montejo es un registro que más adelante confirma la calidad de su escritura. Es decir, bien suenan ellos, los poetas, en estos textos que juegan con quien los lee, porque se trata de un trabajo en los que la densidad y el uso elegante del idioma le arriman delicadeza a cada imagen. Lozada anima sus historias con algunos referentes literarios que, aunque no sean mencionados, se aproximan a la memoria del lector.

 

2

Estos son sus títulos: “La vieja y la rata”, “El ruido”, “Vida de mosquito”, “Un hombre de poca importancia”, “Los solos”, “El desconcierto”, “Balance de una mala idea”, “La vaca”, “Encuentro con una mano muerta”, “Gótico americano” y “Ejercicio de la brevedad”.

La narradora se pregunta: “¿qué es una sombra sin cuerpo?”.

Si bien la ironía, la desmesura y el humor negro transitan por estas páginas, también es cierto que nuestra narradora —desde un lejos tan ficticio como sus personajes— deja notar el placer de contar con unos actantes que la confirman como una creadora de eventos fascinantes, crueles, fantásticos, brutales, etc. Es decir, todos los buenos y malos sentimientos se encuentran en estas líneas que descubren y reúnen las características de un buen relato breve.

Diré de algunos de ellos: en el primer relato me encuentro con la figura de Raskolnikoff: la siento en la furia de la vieja que termina siendo asesinada mientras una rata observa todas las acciones. En el segundo humaniza el ruido hasta allegarse a la voz, como una suerte de perfección metafísica. En el tercero un mosquito se hace fábula y el lector podría llegar a pensar que va rumbo a un bestiario. Cuestión que se hace evidente en “Un hombre de poca importancia”, en el que las hormigas son los personajes en una batalla campal. Y así, “Los solos”, un juego bíblico en la metáfora de un país abandonado, especie distópica que nos toca muy de cerca. En “El desconcierto”, la sorna, la burla, la flatulencia y el hambre como protagonistas a través de un “concierto” de ruidos intestinales que desconciertan al lector. Es decir, lo hacen cómplice de un estado de sitio gaseoso, sónico.

 

Cierra Lozada con una lista de imaginaciones, brevísimas imágenes, citas, máximas, aforismos que vertebran este libro que es necesario.


3

En “Divorcio de una mala idea” el lector —quien sea lector— podrá ser feliz, muy feliz, mientras la sombra se aleja de un dueño. Es una sombra burlona que queda huérfana de cuerpo, solitaria de anatomía, sola. Se trata de una sombra controladora, déspota, dictadora, que a la larga se metaforiza en una realidad tan campante como la social, la política, etc. La narradora se pregunta: “¿qué es una sombra sin cuerpo?”, “¿cómo se mueve aquello que no tiene cuerpo?”. Deliciosas preguntas que ponen a pensar a quien es acosado a diario por el sol o por la luz de una lámpara mientras está solo y piensa en la muerte.

Ah, “La vaca”, su destino, su troceada carne. Su futuro en una nevera carnicera. Y después, para completar el asombro: “Encuentro con una mano muerta”, en el que Lozada se desata. Podría pensar este lector en Max Aub y “La uña”. La mano de un cadáver es hallada en un basurero por una mujer que hace de ese miembro anónimo objeto de colección, hasta que se enamora de ella mientras se descompone; se masturba con uno de los dedos muertos. Finalmente, le da cristiana sepultura. Luto-locura, erotismo necrofílico.

El penúltimo, “Gótico americano”, ayuda al lector a entender que estamos detenidos en un escenario dilatado por el tiempo como personaje, como sujeto de acción: Dalila Bellow vive en el pasado, sueña en el pasado, se viste en el pasado, come en el pasado, es erotizada en el pasado. Ella, esa mujer, es un retrato en blanco y negro. Ella es el pasado. La imaginación gozosa de una mujer instalada en su memoria congelada. Me alisto a asomarme a “Los locos Adams”.

Cierra Lozada con una lista de imaginaciones, brevísimas imágenes, citas, máximas, aforismos que vertebran este libro que es necesario, sí, necesario, leer, releer y luego recostarnos a recobrar el aliento.

Alberto Hernández
Últimas entradas de Alberto Hernández (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio