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Tiempo de fulgor, de Sergio Ramírez

lunes 20 de septiembre de 2021
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Sergio Ramírez
Sergio Ramírez llegó a ser vicepresidente de Nicaragua durante el primer gobierno del hoy monstruo Daniel Ortega, al lado del comandante Tomas Borge. Fotografía: Montserrat Boix

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La atmósfera de los libros de Sergio Ramírez es inconfundible. Se mueven sus personajes en un país donde se confunde la ciudad con el monte, donde el país no termina de ser urbano, porque el perfil de los actantes los define como sujetos de un tiempo siempre en pasado, como si fuese una herencia que en muchos países de América Latina es como una señal de identidad.

El clima se plena de imágenes sombrías, de voces y personajes dolidos, perseguidos por la miseria y las enfermedades. Y en un instante, los golpes de unos fusiles de soldados contra las puertas de las casas.

El sopor doméstico, los diálogos cruzados, la taxonomía de una existencia siempre atrasada por las dictaduras, las de ayer y la de ahora. La pobreza, la secuencia de martirios común en América Latina.

“Tiempo de fulgor”, de Sergio Ramírez
Tiempo de fulgor, de Sergio Ramírez (Arte y Literatura, 1986).

Las tragedias naturales: terremotos, inundaciones, la incuria de la podredumbre de los cuerpos enfermos. La familia, un nudo que se ata y desata.

Anduvieron por los patios de almendros donde se paseaban los locos pacíficos y había dos niñas sentadas en el umbral de una puerta mirándose infinitamente a las manos, las apartaban y las volvían a mirar, después de lo cual se palpaban el rostro y así seguían sin que nadie perturbara su silencio, y unos pavorreales, y lapas y bandadas de loras que se levantaban de los árboles.

Su narrativa, una de las más sólidas de nuestra lengua, se concibe como una novelística que siempre asoma la lucha contra el poder, contra las dictaduras, haya sido la de Somoza y ahora la de Daniel Ortega, esta última ferozmente convertida en su perseguidora con la intención de encerrarlo, cosa que no hizo la primera, la de la dinastía que terminó en tragedia explosiva contra ella misma.

Tiempo de fulgor fue publicada en 1986 cuando aún en Cuba se editaban libros. Editorial Arte y Literatura, colección Bolsilibros, A. L. de La Habana, puso en circulación en pequeño formato esta novela que para muchos sigue siendo inédita.

(Como paradoja donde anida el descaro, una dictadura como la cubana se dedicó un tiempo a publicar novelas contra las dictaduras, cuando ella, la cubana, ha sido la más larga de la historia de América Latina. Lamentablemente, el llamado boom no escribió una novela contra Castro, lo que evidenciaba la ceguera o el sesgo ideológico de muchos de nuestros autores).

El mismo título de la novela descubre que se trata de una época de fuego, de luces no precisamente aprovechables.

El recorrido narrativo de Sergio Ramírez no deja de contar la historia bélica de su país. Una historia donde la muerte protagoniza porque se trata de una tierra donde la paz difícilmente llega a alcanzarse por las ambiciones de poder de civiles y militares. La historia común de América Latina. El militarismo guerrillero, las ganas de hacerse de todo para dominar a un país.

En este caso, Tiempo de fulgor es el comienzo de un siglo que abre las puertas para enseñarnos las bisagras de unos eventos familiares, con nombres y apellidos, donde se fragua el poder de aquel presente que se hace futuro sobre un después bastante incierto, aunque se sepa que se trata de dictaduras, de crímenes y traiciones. De revelaciones domésticas y públicas.

El mismo título de la novela descubre que se trata de una época de fuego, de luces no precisamente aprovechables, de luces o amaneceres que en lugar de aclarar oscurecen.

 

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Nace nuestro autor en 1942. Para los poco informados, Sergio Ramírez llegó a ser vicepresidente de Nicaragua durante el primer gobierno del hoy monstruo Daniel Ortega, al lado del comandante Tomas Borge. De manera que tuvo un protagonismo político de relevancia durante la llamada revolución sandinista.

Entre sus libros: Cuentos (1963), De tropeles y tropelías (1978), Charles Atlas también muere (1976), ¿Te dio miedo la sangre? (1977), Margarita, está linda la mar (1998), Un baile de máscaras (1995), Castigo divino (1988), Sombras nada más (2002), Mil y una muertes (2005), La fugitiva (2011), Flores oscuras (2013), Sara (2015) y la trilogía El cielo llora por mí (2008), Ya nadie llora por mí (2017) y Tongolele no sabía bailar; ésta última actualmente suena en el ámbito literario. Novela donde se mueven personajes dedicados a la investigación política, policial, que una vez participaron en la misma guerrilla y hoy son enconados enemigos.

Podríamos afirmar que en Tiempo de fulgor está la marca de agua de la futura obra de Sergio Ramírez.

El inspector Dolores Morales, quien rompió con su pasado sandinista, cojo por haber recibido un disparo en una de sus piernas, es prófugo de la justicia implantada por el dictador Daniel Ortega. Mientras, Anastasio Prado, alias “Tongolele”, es el encargado de enfrentarlo, de darle caza, de matarlo si es posible.

Podríamos afirmar que en Tiempo de fulgor está la marca de agua de la futura obra de Sergio Ramírez. Una marca que no termina de ser celebrada por los lectores, pero que es un dolor de cabeza para el poder instaurado criminalmente por Ortega. Hoy, el fulgor está en el tiempo del gran novelista que es Sergio Ramírez. Y afirmo lo anterior porque el ambiente de pobreza y sufrimiento de los nicaragüenses, protagonistas de esta novela, es el mismo que se vive en ese país. Somoza y Ortega son hijos del mismo monstruo, el monstruo de sus ambiciones criminales.

Alberto Hernández
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