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Liquidación, de Imre Kertész

lunes 29 de noviembre de 2021
“Liquidación”, de Imre Kertész
Liquidación, de Imre Kertész (Alfaguara, 2004). Disponible en Amazon

1

B se suicida y empuja a su amigo Keserü a buscar como loco una novela que el primero habría dejado inédita. El escritor que ha muerto obliga a Keserü a convertir su extraña vida en una biografía que el lector descubre como una máscara de la cual se desprende el rostro perverso de un campo de concentración: Auschwitz.

El campo de exterminio, las aventuras eróticas, amorosas, los libros que nunca terminó, pero también la política como ensamble de una realidad que convulsionó a Hungría, son parte de esta experiencia que descubre el carácter de un narrador tan importante como Kertész, quien siempre escribe bajo el peso de su protagonismo como víctima del nazismo.

 

2

El autor obtuvo el Premio Nobel de Literatura en el año 2002. Nacido en 1929, una vez liberado de las cadenas de Hitler fue invitado a irse a Francia, pero desistió y se quedó para ser, una vez más, víctima de la hoz y el martillo de los soviéticos.

En esta obra el autor asoma parte de la realidad sociopolítica del país. Se centra más en la psicología de B, en ese escritor que dejó una novela pero que no apareció por ningún lado porque sus originales fueron incinerados como B lo pidió un poco antes de morir. Este evento, suerte de símil de las cámaras de gas en los campos de exterminio, suscita en el amigo una conmoción, toda vez que esperaba encontrar en la novela más elementos para saber de su amigo, una vez publicada. Se trataba de una obra que tendría un éxito indiscutible, pero la obra, como quiso Kafka con la suya, fue quemada, a diferencia de la del checo que fue llevada a la imprenta y conocida por el mundo entero.

 

La técnica usada por el novelista húngaro da pie para una obra teatral, porque combina prosa con un guion por donde pasan diálogos, acciones y monólogos que permiten ampliar la lectura.

3

Keserü es periodista, impresor, lector, hombre de escritura, pero de la ajena, de la de quienes escriben. Por eso su interés por publicar la obra del amigo muerto, quien dejó cuentos, notas, revelaciones que surgían como improntas en cada arranque de lucidez u oscuridad de su talento. La locura creativa lo llevó a expresar que su obra no tenía sentido, calidad o aceptación. No quiso que lo conocieran, que conocieran sus secretos, sus amores, su “liquidación”.

La técnica usada por el novelista húngaro da pie para una obra teatral, porque combina prosa con un guion por donde pasan diálogos, acciones y monólogos que permiten ampliar la lectura.

El lector de este libro podría sentir cierta incomodidad por la poca certeza que brinda el narrador acerca de la novela que busca ansiosamente, hasta que descubre que ha sido quemada. Es decir, el fracaso de su búsqueda termina en la más estricta soledad.

La pantalla de una computadora y las sombras de la noche determinan el cierre de esta historia. Tanto B como Keserü forman parte de un largo silencio.

 

4

Judit se estremece primero y protesta luego vivamente. ¿Novela? No sabe de ninguna novela.

—¿De qué novela me estás hablando, por el amor de Dios?

—De la que acabó antes de su muerte. Y que te entregó en forma de manuscrito o mecanografiada.

—Si supiera de dónde has sacado eso. ¿Te dijo algo? ¿Lo escribió en algún sitio? En su testamento, en una carta o…

—Mira, Judit, puede que hasta ahora sólo supiera que tiene el manuscrito, pero ahora estoy convencido de ello.

—¿De verdad?

—¿Por qué no me lo tienes que dar?

—Por una sencilla razón: porque no existe.

Pero el libro, el manuscrito, sí existía, sólo que ya era ceniza. Por orden de B terminó en la fogata, como la memoria de quienes en Auschwitz terminaron gaseados, incinerados.

Judit recibió la orden de hacerlo, pero negó hasta el final que la tal novela existía. Pero sí existió, como existieron la muerte, las fosas comunes, el “heil Hitler”, la esvástica, los cristales rotos, el sacrificio de millones de judíos.

La novela fue el asomo para que no quedara el recuerdo de una historia que le había sucedido a B, especie de alter ego de Kertész, quien sufrió el rigor de quienes le declararon la guerra al mundo y se convirtieron en protagonistas de la larga lista de asesinos de la humanidad.

Alberto Hernández