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Obertura de mar, de Ramón Ordaz

lunes 16 de mayo de 2022
“Obertura de mar”, de Ramón Ordaz
Obertura de mar, de Ramón Ordaz (La Castalia / Ediciones de la Línea Imaginaria, 2022). Disponible para su descarga gratuita en la web de la editorial
“Entre tanto, el mar acezaba, a la vuelta del camino, tras unas grandes piedras, donde las olas batían los rojos ojos tensos del cangrejal y las verdes vísceras de las algas”.
Alfredo Armas Alfonzo

1

Aquí están todos los mares. Los reales y los imaginados. El mar que es una isla o una ciudad sumergida. El costado de un paisaje urbano. O un cementerio. O muchos mares en un solo mar en medio de la tierra. El mar, promesa de equilibrio y de tragedia. Permanente interrogación. El mar lectura de la historia, la que calibra la muerte y el tiempo detenido. El mar de los barcos y canoas. El mar de la civilización y la barbarie. La cuenca del ojo de los dioses en medio de las sombras en su lecho.

Todo el mar en un libro. Todos los mares. El mar de Venezuela, el del oriente de nuestro agobiado mapa que es frontera con él mismo. El mar de Cumaná. El de Porlamar. El de Puerto La Cruz. El mar que no es el mar, que deja de serlo y se transforma en cielo. Abrirse a la mar. A la mar, como decía la lengua castiza y luego la mezclada con la sangre del mar de los Sargazos. El mar del Caribe. El Caribe mar como gustan decir los isleños viejos de la Margarita. Todo el mar en un libro. Todos los mares. Y los sueños, la memoria: “El mar canta en la orilla, roe la misma piedra sin descanso”. Desde siempre. Desde que es mar. Y desde ese instante es también marea de poemas, de vuelos rasantes de peces voladores, alcatraces y gaviotas que son sirenas en el ojo inventor del poeta.

Todo el mar en unas páginas. Todos los mares de Ramón Ordaz en Obertura de mar (La Castalia / Ediciones de la Línea Imaginaria, Colección “Alfabeto del mundo”; Mérida, Venezuela; Quito, Ecuador, 2022).

 

Mar del canto, el grito y el silencio. Mar de la vida y de la muerte. Mar abierto. Obertura de mar, aria y alarido salino.

2

Mar épico: mar cumanagoto, mar guaiquerí. Mar de Cubagua y de las calaveras de sus personajes. Mar de Colón, mar de los mares. Mar de la poesía y las maldiciones. Mar barroco, mar gótico. Mar tropical. Mar de los piratas y los santos. Mar de lenguas mudas. Mar de lenguas nuevas. Mar de tantas islas y de tantos mares fundidos en islas.

Mar interminable de Andrés Eloy. Mar de Santa Inés. Mar llagado de Cruz María Salmerón Acosta. Mar insomne de Ramos Sucre. Mar de mares. Mar de males y bondades. Todos los mares en un poema. Un poema en todos los mares.

Mar indefinido. Infinito. Mar vivo y mar muerto en otros lares. En otros mares. Mar de los orientales de Venezuela, ombligo insular. Mar de los ahogos y las resurrecciones. Mar anclado en el mar. En el ojo inquieto de los hombres peces, pescadores de mar. Mar de la contemplación y los acechos. Mar de las invasiones y revelaciones. Mar de la poesía y los relatos. Mar del canto, el grito y el silencio. Mar de la vida y de la muerte. Mar abierto. Obertura de mar, aria y alarido salino.

 

3

Mar para preguntar: “¿Quién rotura ese follaje de agua?”.

La teoría marina nos dice del poema y desde el ensayo de su presencia, el tono que el poeta usa para adentrarse en sus mareas. En el huso horario de sus lunas, en los tantos forcejeos de un naufragio. Ramón Ordaz en un hombre marino y como tal se lee en la orilla y en medio de los vaivenes de los verbos que se usan para hablar del mar.

Mi lectura no implica un viaje hacia la reflexión, mucho menos a decantar conceptos y definiciones. Esta lectura es un tránsito por la celebración.

Por eso: “Yo necesito el mar… el país más secreto…”.

Y “Cada vez que el mar nos piensa / brota una isla”.

Así Margarita, las ruinas de Cubagua, otrora la rica de las perlas. Y entonces, Enrique Bernardo Núñez y su mar de fantasmas, de personajes muertos, de cadáveres ambulantes, de cajones vacíos, de muros carcomidos. Y el mar, allí, donde se hace orilla para permanecer en el poema intacto, reverente: ese “manumitido mar”.

El mar maestro. El poema que es este libro se expone como templanza, como reflejo e iluminación. Valéry pasa por aquí y también Baudelaire y se deja sentir el yo de Nerval: “Yo soy el otro, / el real…”. Mar romántico, suicida e infantil. Adulto y gravitacional. Personaje de épica interminable, personal y colectiva. Marina y terrestre. Tan extenso como esta afirmación:

Cuando la Vía Láctea escribe su canción.

Y allí el mar bajo el cielo, como el cielo mar inagotable desde la fijación eterna de las Tetas de María Guevara o los rastrojos manglares de La Restinga: mar de leva verbal. Incógnito.

 

4

He aquí a los barcos en el horizonte azul del mar.

Bien lo escribió Gregory Zambrano en el prólogo de esta obra:

Apertura y comienzo del viaje hacia el principio de los tiempos, de los primeros hombres al vaivén de los velámenes…

Mar de las carabelas, de las tantas navegaciones extraviadas. Mar de los aventureros.

Mar adjetivado, mar en gerundio, siempre en movimiento. Mar de verbos y leyendas. Familiar y ajeno.

Nadie va al mar si no lo lleva adentro.

Mar interior, cuenca cardíaca, abdominal, de nuestra resonancia mestiza: “Inmensa geografía de lo posible”.

Ciudad marina y marítima. Ciudad terremoto. Ciudad viva. Mar vivo. Islas vitales mientras la muerte olvida sus lamentos.

Mar dentado, abierto como un canto de ballena. Mar de los idiomas, de los tantos que habló Ramos Sucre mientras pensaba en el suicidio, allá en la Pensión Huguenin de Ginebra, en 1930. Y el de Emira Rodríguez desde su mirador en “La casa de alto”, ese poema marino bajo el viento insular.

Mar de la edad: “Me he vuelto viejo, hostil”, a veces agobiado por el insulto de las imaginadas bestias de la hondura de la Fosa de Cariaco, que si no son mencionados en este libro forman parte del mismo mar. Mar de confusiones, de los huesos picudos de los alcatraces. Mar de tumbas anónimas. Mar de huesos sin nombres. Mar peninsular en Golindano. Mar de Güiria. Mar de los cangrejos y algas en San Luis. O mar mayúsculo desde la altura de Cerro Colorado mientras Cascajal se dirige al centro de la ciudad colonial. Ciudad marina y marítima. Ciudad terremoto. Ciudad viva. Mar vivo. Islas vitales mientras la muerte olvida sus lamentos.

 

5

Dejo la “Poética” de este libro marino ante los ojos de los lectores:

Todo poema es circunstancial;
ninguno goza de eternidad.

Hay poemas que no desean ser escritos.
Aguardan ser alguien más familiar.

El poema tiene una sola forma:
La que muere contigo.

El poema que hemos borrado
lo agradece la inteligencia del lector.

Como el mar: ir, volver, trasegar,
esa insaciable molienda de la resaca.

Alberto Hernández
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