“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Misteriosa Buenos Aires, de Manuel Mujica Lainez

lunes 13 de junio de 2022
“Misteriosa Buenos Aires”, de Manuel Mujica Lainez
Misteriosa Buenos Aires, de Manuel Mujica Lainez (Sudamericana, 1977). Disponible en Amazon
“Apenas conquistaban una ciudad, o la fundaban, los españoles y portugueses establecían en ella las instituciones europeas: políticas, religiosas, educativas. La vida política tenía dos formas fundamentales: el gobierno en representación de la Corona, y los municipios autónomos…”.
Pedro Henríquez Ureña (Historia de la cultura en América hispana)

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La historia de una ciudad se concentra en un libro que Manuel Mujica Lainez escribe con un magistral castellano. Se trata de un libro de 320 páginas donde la realidad y la ficción se la juegan, porque, como todo en América Latina, ambas miradas se frecuentan hasta dar con una verdad dudosa que se toma como verdad absoluta o se compensa con hechos que se imaginaron para convertirlos en cronología o imágenes que el tiempo ha ido borrando y convirtiendo en estatuas.

En el caso de este libro, Misteriosa Buenos Aires, publicado por la Editorial Sudamericana en Buenos Aires, Argentina, en 1977, lo que lo supone ya olvidado, repasa la historia y las leyendas de una ciudad que no terminaba de fundarse.

El autor, un escritor de fino olfato, nos regala esta obra de la que se desprenden relatos literarios, por el uso de las imágenes, por la manera de abordar la “realidad” y convertirla en magia, en fantasía, y por las fechas que anuncia desde el comienzo para darle forma al mundo que habrá de nacer con sus palabras. Y el que ya había estado antes de la llegada de los españoles a esa tierra extensa hoy llamada Argentina.

 

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El viaje cronológico va desde 1536, con “El hambre” a cuestas de quienes sufrieron el rigor de las mudanzas, de los maltratos y carencias, hasta 1904, cuando Argentina había logrado consolidarse como un país visible, porque durante los siglos anteriores era un espacio mórbido, ocupado por personajes de diferentes pelajes, como en toda América Latina. Un territorio de aventuras, donde el crimen y la invasión florecían como la vegetación feraz de esa extensa geografía hoy confundida entre los viejos y nuevos apellidos que la han fundado.

Y los personajes, los verdaderos rostros de aquella ciudad que era un pueblucho, se multiplican en soldados, magistrados, poetas, locos, asesinos, dementes…

En el prólogo, el autor destaca:

Así, uno a uno, fui extirpando el cuento que describe la afligida presencia del primer poeta en Buenos Aires; el que pinta el encuentro de la sirena y el mascarón de proa, el que se refiere a la única mujer que intervino en la segunda fundación de nuestra capital; el que enumera las penurias y maravillas de la Ciudad de los Césares; el que compuse en francés con personajes voltairianos; el muy terrible del frágil heredero del señor voluptuoso; el que recuerda a nuestro patrono, San Martín de Tours; la evocación del payador Santos Vega; la de un granadero de San Martín y “Marte mismo”; y por fin la continuación que imaginé para el “Fausto” de Del Campo.

 

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La lista de los protagonistas es extensa. Desde el más poderoso hasta el más descolorido personaje se pasea por estas páginas de Mujica Lainez. Son cuentos literarios que no dejan cabo suelto, porque desde la historia oficial se puede destacar una historia de ficciones en las que el narrador esgrime todo el conocimiento acerca de su ciudad y sus habitantes, los primeros y los últimos que aparecen las páginas de Misteriosa Buenos Aires.

De esta manera:

Francisco de Mendoza, el adolescente que fuera mayordomo de don Fernando, Rey de los Romanos; don Diego Barba, muy joven, caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén; Carlos Dubrin, hermano de leche de nuestro señor Carlos Quinto, y Bernardo Centurión, el genovés, antiguo cuatralbo de las galeras del Príncipe Andrés Doria.

Cada uno cumple un cometido: desde gobernar, matar, prostituir, confesar, testimoniar, robar, construir o destruir. Desde nacer hasta morir. Desde hablar hasta callar. Desde amar hasta odiar. Todo en un conjunto narrativo que hace de estos cuentos uno de los monumentos literarios más importantes de nuestra lengua.

Y siguen dando cuenta de su existencia don Rodrigo de Cepeda, “que a esa hora solía andar de ronda, con su libro de oraciones”. Luis de Miranda, “mitad clérigo y mitad soldado”, el primer poeta que pisó tierra charrúa. “Describe a la ciudad como una hembra traidora que mata a sus maridos. Es el primer canto que inspira Buenos Aires y es canto de amargura”. Isabel de Guevara, la visitada. El párroco Julián Carrasco. El gobernador Ruiz Galán. “Los genoveses, con ser tan pocos, habían logrado lo que los indios no consiguieron: invadir a Buenos Aires”. Domino Martínez de Irala, “el jefe violento”. Todo el “soleado Paraná” se revuelve con la presencia de quienes llegaban y se iban. En 1580 “sólo hay una mujer: Ana Díaz”. Juan de Garay suele conversar con los jefes. Alonso de Vera y Aragón, alias “Cara de Perro, por la torva facha”.

Y para darle justeza a lo dicho como relato real: “El sábado 11 de junio, con harta ceremonia, funda Garay a Buenos Aires, en el nombre del Padre, del Hijo y de Espíritu Santo (…). Juan de Garay, tremebundo como un enorme crustáceo de plata”.

Detalles que podrían no tener ninguna importancia: “En una jaula parlotea el loro que Gonzalo Martel de Guzmán cazó para ella en la arboladura de uno de los bergantines”. Ella era Ana Díaz. Después aparece Inés, “mestiza de la casa de don Rodrigo Ortiz de Zárate…”.

John Drake, el hereje para los españoles, pariente de Francis Drake, el pirata inglés, aparece y cae en manos de los españoles. Una historia de amor lo rodea, pero no le da tiempo a favorecerlo: muere ejecutado.

Sería exagerado nombrarlos a todos. Buenos Aires, el pequeño rancherío, los recoge y los construye de acuerdo con su clima, paisaje y eventos.

Mujica Lainez relata, cuenta, se hace de la historia para regocijarnos con su maestría narrativa y ficcional.

Alberto Hernández
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