“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Microscopios (varios autores)

lunes 27 de junio de 2022
“Microscopios” (varios autores), antología de microficción
Microscopios (varios autores), antología de microficción (EOS Villa, 2022). Disponible gratuitamente en el Facebook de la editorial

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Desde la perspectiva, desde el ojo que nos mira, somos unos bichitos que caminamos sobre una bola azul. Desde el ojo de Dios somos sus pequeñitos, sus vigilados transeúntes por el territorio inmenso de la tierra. Entonces, desde todas las perspectivas o puntos de vista, somos caldo de ironía, paradojas, gramática de letra chiquita, pequeños despojos dejados al cuido del cosmos. Y nosotros, curiosos animales de costumbre, miramos con nuestra pupila lo más pequeño, lo mínimo, lo casi invisible, y nos vemos en la sonrisa macabra o gentil de un sujeto que también se cree el centro del universo: un microbio, una célula abisal, lejana, detrás de un vidrio de aumento.

También eso somos, unos bichos con bigote, melena, anteojos, muletas, barba o barbijo para protegernos de esos otros bichos tan pequeños que son capaces de invadirnos como cualquier extraterrestre. En este caso, navegan por nuestra sangre, por la flema que nos tragamos, por el agua que bebemos o los alimentos que sabrosamente degustamos.

Y como todo bichito, peligroso. Todo lo pequeño da piquiña, ganas de sonreír o de amalgamar los risorios. Y como todo bichito, digo, molestamos y nos molestan. Somos bichos metafísicos, materialistas, brujos, adivinos, oníricos, patéticos, sonámbulos, despiertos… total, animalillos que sabemos que somos parte de una gran comunidad de animalejos capaces de ir sorbiendo el cuerpo vivo o muerto de cuerpos o existencias que respiran, porque hay unas que, como las piedras, reposan eternamente rodeadas de bacterias, zombis, fantasmas, brevedades del rocío y chubascos eternos cargados de gotas que a su vez vienen cargadas de alturas, y que aquí, al tocar la superficie de la piedra, de la tierra o de la piel de los animales, incluyéndonos, se convierten en personajes de riesgo, de peligro o de muerte.

Pero los microbios son creaturas, criaturas, que se pueden domar gracias a las palabras. Desde la menuda anticipación de las ideas, ya los microbios forman parte de una historia. O de muchas que se pueden relatar con el beneplácito de ellos mismos, porque los microbios, vistos a través del microscopio, saben saludar con gestos, verbos, idiomas de todos los mundos imposibles, y hasta desnudarse para mostrarnos sus partes pudendas.

 

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La curiosidad, la que siempre mata al gato, es prima hermana de la ociosidad, esa summa cum laude que siempre anda registrando rincones, abismos, fondillos ajenos, ventanas entornadas, cerraduras y un largo etcétera que hace de los escritores de brevedades parte de ese mundo donde se generan tantas historias, porque un microbio es capaz de hacer revisar la terminología médica y enredarle la vida a quien está invadido por él, por el microbio, por supuesto.

Queda entrar de lleno en el asunto, porque ya esto se está alargando cual cola de lagarto ahíto. Entonces, siempre el entonces de los cuentos de érase una vez, penetramos en un paisaje donde escritores de Argentina, Guatemala, México, Bolivia, España, Ecuador, Colombia, Perú, Venezuela, Marruecos y Nicaragua hacen de las suyas con el tema ya profundamente estudiado científicamente por este glosador y crónico escribiente: Microscopios, publicado por Eos Villa (Argentina, 2022) gracias a la gestión del Colectivo Internacional Minificcionistas Pandémicos, quien apoyado por los antologantes, antologuistas, antologistas, antólogos, etc., porque la palabra da para todas esas vueltas, Sara Coca, Carmen Tocay y Mustaphá Handar, hicieron posible este milagro, toda vez que todo lo que se hace en grupo, en estos tiempos de tanta desmesura, es considerado un milagro. Y lo es también porque el tema da para eso, para que aparezcan más milagros que reúnan más microbios y se conviertan en objeto de estudios a lo Fleming u otro investigador de chiquiteces o pequeños mundos donde habitan tantos cuentos, relatos, suspiros y regodeos.

Vayan entonces (de nuevo el entonces) mis gracias a los autores y a la Editorial Eos Villa por esa curiosa lectura que recoge todos los temas, porque de microbios están hechos y con ellos nos iremos a pasear cuando aspiremos al empíreo. O al cielo, mejor dicho, para no pecar de cantadores de himnos nacionales donde esta palabra parece extraída de la voz de un dios griego portador de malas noticias.

Alberto Hernández
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