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Catecismo salvaje, de Wilson Alves-Bezerra

lunes 25 de julio de 2022
“Catecismo salvaje”, de Wilson Alves-Bezerra
Catecismo salvaje, de Wilson Alves-Bezerra (El Taller Blanco, 2021).

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Ásperos, salvajes, son estos poemas. La poesía se aguanta, se resquebraja frente al numeroso recuento de imágenes que este autor brasileño despliega en esta publicación de El Taller Blanco Ediciones en su colección Voz Aislada. Poemas traducidos por Jesús Montoya, quien los califica como “entidad sonora”, en la que el mundo dislocado —el brasileño y el reflejo de algunos eventos del pasado— se presentiza en la política, en esa memoria dolorosa que no tiene tiempo porque lo cubre todo.

En efecto, afirmo, es un libro de asperezas verbales. Un libro reprimenda, de “residuos y ruinas del presente”, como lo afirma Montoya. Y como “entidad sonora” nos suena en todos los ámbitos, nos reclama, nos pega de la pared, nos insta a volver la cara y vernos en el espejo de los eventos que actualmente ocurren desde el poder.

El primer texto me recuerda a “¿Duerme usted, señor Presidente?”, del venezolano Caupolicán Ovalles, el famoso poema panfleto que hoy en día tiene una vigencia innegable, aunque el mandamás del país del petróleo está más despierto que nunca, razón por la cual acomete sus abusos sin pestañear. Y no duerme, porque sus fantasmas lo acosan.

El autor de este volumen —digital de nacimiento— destaca que se trata de un libro “virus”, por haberlo regado por el mundo virtual como el microscópico enemigo que mata y sigue campante a los ojos de todos.

Libro de oraciones en las que Dios, el que está más allá de todas las distancias, no es referente sino la tierra y sus habitantes, los desmanes y abusos contra la inocencia, contra la naturaleza, contra las antiguas culturas del Mato Grosso, por decir que hay un lugar o lugares en este libro. Por decir que se trata de una escritura que dibuja el mapa de Brasil, pero también recuerda a Bolaño en el poema que lleva el nombre de un título del autor chileno: “Noche de Chile”, en el que Alves-Bezerra dibuja los abusos de la dictadura de Pinochet, que podrían ser los mismos de las actuales coyunturas revolucionarias de América Latina. No esconde el autor su desprecio por los comunistas o por quienes radicalizan el pensamiento para sacrificar culturas y sociedades.

Dicho con rabia por su autor, este libro es un espacio duro, áspero, libre de imposturas, ruidoso en algunas inflexiones: salvaje.

 

2

“Ora, llora por Brasil”, y entonces al cerrar los ojos frente al texto, frente a su tono, entra en acción sonora “Don’t Cry for Me, Argentina”. Es el mismo poema de los tiempos pasados y del actual ruido de sables o disparos, de discursos, de negociados, de componendas, de saludos a las charreteras, de boinas y barbas piojosas, de desentonadas consignas ya pasadas de moda con cuchillo en los dientes.

Alves-Bezerra es un descreído. Es decir, no cree en lo que algunos celebran. O en lo que muchos sufren desde la resignación. Su poesía es una oración por todo lo que sus sentidos adversan, lo que sus sentidos captan y rechazan, analizan, descubren, incendian, narran, desnudan, denuncian.

“No. No celebro la vida”, y así no celebra otras eventualidades.

Catecismo salvaje es un libro para rezar de pie, frente a una concurrencia nutrida. Es un libro discurso donde la política —no puede ni debe faltar, porque la política es organización y libertad— habla, dice, conjura, maldice, revela, despelleja, aturde. Es un discurso salvajemente arisco.

Habrá algunos lectores que lo adviertan por lo alejado de una poética de adornos.

En todo caso, habrá que buscar en los rincones del refectorio de Villon o de otros autores cuya lengua —viperina al fin— sirva para desmontar el salvajismo del poder, el salvajismo de los déspotas, de los presidentes angurriosos, de los virus humanos, serviles de sus apetencias.

Alberto Hernández
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