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Tongolele no sabía bailar, de Sergio Ramírez

lunes 1 de agosto de 2022
Sergio Ramírez
Sergio Ramírez refleja en su novela Tongolele no sabía bailar la página interminable de muchos de los crímenes que Daniel Ortega y sus cómplices cometen a diario.

Detrás de las máscaras del año 2018 en Managua, de las máscaras de los asesinos, están las sonrisas de Daniel Ortega y su mujer. Y detrás de los personajes de la novela Tongolele no sabía bailar (Alfaguara; colección Narrativa Hispánica, 2021), desaparecen las metáforas porque son los rostros visibles de los que dan las órdenes de matar.

Esta es una novela que tiene antecedentes en otras novelas del mismo autor donde el tema policial ocupa las incidencias de un país tomado por asalto por una pandilla de homicidas, quienes tienen asiento y habitación en el palacio de gobierno en Managua.

Y desde esas máscaras, el novelista Sergio Ramírez recorre el dolor y pasión de unos personajes bien trazados, quienes conforman los distintos segmentos de una historia en la que el otrora inspector Dolores Morales (Artemio) y su socio Serafín Manzanares (Rambo) se desplazan de frontera a frontera para enfrentar el mundo criminal del régimen sandinista y sus compinches esbirros, quienes provocaron ese 2018 una masacre con la suma de más de cuatrocientos muertos en las calles de la capital nicaragüense.

“Tongolele no sabía bailar”, de Sergio Ramírez
Tongolele no sabía bailar, de Sergio Ramírez (Alfaguara, 2021). Disponible en Amazon

Desde ese instante, así lo afirma Ramírez al comienzo de la obra en una nota histórica, le permite al lector enterarse de la vida de los actantes como sujetos reales, ahora amparados por la ficción anclada en los sucesos que mancharon de sangre las calles de la nación centroamericana.

El autor estructura una respuesta: escribe esta novela en la que los personajes, tanto los protagonistas como los referentes, deambulan en medio de eventos y discursos, propios de una sociedad invadida por el crimen.

Como todo producto políticamente explícito, esta es una novela de denuncia que desnuda el carácter represor de una banda de delincuentes que someten a toda una nación desde el poder militar. Nación ocupada por el totalitarismo.

Los personajes tienen vida desde relatos anteriores, desde otras páginas, porque se trata de una permanente persecución: la saga del régimen que acosa a los ciudadanos mientras éstos, cansados de maltratos, de ejecuciones y prisiones, revelan sus acciones para tratar de salir de ese estado de agresiones, robos y crímenes de quienes se dicen revolucionarios.

Entonces emerge la protesta, sale a la calle, es masacrada. La represión se convierte en páginas.

El mapa de Nicaragua está lleno de agujeros de balas. Y así el cuerpo de jóvenes que forman parte de la larga lista de sacrificados por ese régimen. Pasa ahora igual con las iglesias, los medios de comunicación y con todo aquél que ose abrir la boca contra el gorila de bigotes y su adornada bruja que lo acompaña como segunda al mando de la banda.

Dolores Morales y Serafín Manzanares regresan a Nicaragua desde Honduras, luego de haber sido perseguidos, sacados, expulsados, expatriados por los dueños del poder. Regresan como los investigadores que son, como hombres secretos, apoyados por la conciencia de su entorno encabezada por otros personajes que Ramírez ha tenido siempre pendientes: Lord Dixon y doña Sofía Smith. Como apoyos de Dolores y Serafín son una representación de la fuerza de toda la humillada población nica.

Anastasio Prado, alias Tongolele, jefe del servicio secreto, podría ser Ortega. Tongolele es la imagen del que esgrime el filo del cuchillo para degollar a sus oponentes, quienes han regresado luego de haber sido enviados a Honduras como expatriados por mandato de un oscuro personaje apellidado Soto, poderoso hombre que es el arquetipo del enchufado oligarca de esos procesos oscuros que se califican de revolucionarios. Detrás de él, de Prado, está su perversa madre, quien podría representar a la Morillo, la fea y destartalada esposa de Ortega, quien ostenta el cargo de vicepresidenta del país.

Esta novela de Sergio Ramírez es un fresco de lo que actualmente sucede en algunos países de América Latina.

En entrevista con Juan Carlos Méndez Guédez, en su programa Las ínsulas prometidas, el novelista nicaragüense afirmó que el poder es “una erótica, un alejamiento que trae mucha soledad”. Se refería a su tiempo cuando la juventud lo puso al servicio de la política, recién derrocado Anastasio Somoza, toda vez que su presencia como vicepresidente del primer período sandinista en palacio lo alejó por un tiempo de la escritura, pero no de la lectura. Razón por la cual luego él se alejó de la política. También dijo que el poder como ambición en muchos personajes los desdibuja a través de trampas, triquiñuelas y promesas a la gente para mantenerse en él, en clara referencia de nuevo a Daniel Ortega, el monstruo que asola la patria de Rubén Darío.

Esta novela de Sergio Ramírez es un fresco de lo que actualmente sucede en algunos países de América Latina. Hay muchos Tongolele en el mapa que habita a los americanos de habla castellana, tierra arrasada por quienes prometieron asaltar el cielo. Y, en efecto, han asaltado, pero no el cielo, sino la vida, el presente y el futuro de quienes viven sometidos por estos fantasmas rojos, ángeles terribles que negocian con los más oscuros sujetos del crimen organizado, y para tratar de tapar sus delitos culpan a otros de sus desmanes.

Esta novela de Sergio Ramírez, con la que obtuvo el Premio Cervantes, es la página interminable de muchos de los crímenes que Daniel Ortega y sus cómplices cometen a diario.

Por eso esta historia no ha terminado. El inspector Morales continúa su trabajo.

Alberto Hernández
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