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Descanso de caminantes, de Adolfo Bioy Casares

lunes 22 de agosto de 2022
“Descanso de caminantes”, de Adolfo Bioy Casares
Descanso de caminantes, de Adolfo Bioy Casares (Sudamericana, 2001).

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El universo de Adolfo Bioy Casares, el que atañe a su intimidad, fue vertido por él mismo en más de veinte mil páginas de un diario en el que cupieron los nombres de todos los que fueron sus amigos, los que no lo fueron, los referentes que vibraban en su memoria, los fantasmas personales y ajenos, historias reales, ficciones, vidas y muertes, la ironía, las invenciones y demás percances, alivios y maremotos de su inteligencia, tan dado a ser un señor tranquilo, elegante, rico y galán, de mirada lejana mientras la pose de su rostro afirmaba su reconocida condición de hombre de mundo.

Escribir un diario durante toda la vida confirma el hecho de que nuestro personaje fue sin duda alguna el sujeto de su propia novela. Pudo haber sido Morel mientras caminaba por Buenos Aires al lado de Borges. O él mismo solitario, asomado a un puerto de donde salían o atracaban los distintos adioses, despedidas o pañuelos de las muchas mujeres que vivieron su presencia de caballero o de hombre invisible a los ojos de muchos lectores mal informados.

Descanso de caminantes recoge más de quinientas páginas, seleccionadas por Daniel Martino, quien además se encargó de cuidar la edición de este voluminoso libro donde está la mirada curiosa, impertinente, tendenciosa y vigorosa de Adolfo Bioy Casares.

Publicado por la Editorial Sudamericana en la colección Señales, en julio de 2001, en Barcelona, España, estas páginas podrían ser consideradas como un tesoro para los seguidores no sólo de Bioy Casares sino de muchos escritores argentinos y de otras nacionalidades que forman parte de este registro tan personal del autor de, entre otros títulos, “Dormir al sol”, “Plan de evasión”, “La invención de Morel”, “El gran Serafín”, “Historias de amor” y “La trama celeste”.

 

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Este grueso volumen contiene en su denso cuerpo: “Marginalia”, “Apuntes”, “Extravagantes”, “Descanso de caminantes”, “Vida íntima”, “Tiempo libre”, “Bric á brac” y el “Posfacio” escrito por Daniel Martino, en el que expresa, entre otras cosas:

Durante más de cincuenta años, desde 1947 y hasta poco antes de su muerte, con la “inteligente y dulce urbanidad que permite escuchar con indulgencia la expresión ingenua de sentimientos bajos”, Adolfo Bioy Casares registró la memoria de sus días y sus opiniones acerca de sí mismo y de su círculo, primero en diarios de entradas cotidianas, después en cuadernos de apuntes que “no siguen el orden del calendario”. Por su asunto y por su estilo, estos cuadernos se destacan nítidamente dentro del dilatado conjunto y, de hecho, fue el mismo Bioy quien decidió reunirlos bajo el título de Descanso de caminantes.

Por estas páginas se pasean los nombres de Mujica Laínez, Ernesto Sábato, Juan Domingo Perón, Martínez Estrada, Roberto Arlt, José Bianco, Julio Cortázar, Victoria Ocampo, Silvina Bullrich y, por supuesto, el autor, así como su entrañable Borges, quien aun casi ausente en estas es una referencia para los lectores.

Bioy, al comienzo, en suerte de prólogo, afirma:

Tenía alguna razón Borges cuando desaprobaba los libros de brevedades. Yo replicaba que eran libros de lectura grata y que no veía por qué se privaría de ellos a los lectores.

Cada fragmento es un mundo de ideas. Cada reflexión o intimidad recoge el universo personal de quien nunca dejó de escribir hasta el momento de su partida.

 

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Para ejemplos, unos cortos invitados de este importante libro del narrador argentino:

Palabras de un fiscal. “Con los traidores, ¿habrá que ser tan severo? Fura del hampa (o de la policía o de la política o del ejército o de la diplomacia, que son variedades del hampa) los traidores a lo mejor se hubieran distinguido como personas de imaginación y sensibilidad tal vez poetas o siquiera novelistas”.


Me refiere: “La señora de Lonardi me contó que su marido reemplazó a Perón como agregado militar en la embajada de Chile; allí se conocieron; Perón era muy simpático, vivía solo, en un departamento. Ella le preguntó por qué no tenía mucama. Perón contestó: “No quiero meter la negrada en mi casa”.


Nos aplauden por la obra en la hora del naufragio, cuando sólo pedimos un salvavidas.

Largo es el camino de este libro.

Alberto Hernández
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