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Cicatriz, de Astrid Salazar

lunes 3 de octubre de 2022
“Cicatriz”, de Astrid Salazar
Cicatriz, de Astrid Salazar (Vento Note Cartonero de Brasil, 2021).
“una flor / no lejos de la noche / mi cuerpo mudo se abre /
se abre / a la delicada urgencia del rocío”.
A. Pizarnik: Amantes
“Porque enamorarse en estos tiempos /
es declararse en etapa terminal / pues toca irse lejos,
con suerte queden / en el mismo continente”.
A. Salazar: Cicatriz

1

“Sólo un amor”, como el poema de Alejandra Pizarnik para desalojar la víspera de la pérdida. Pues se trata de unos poemas donde Astrid Salazar se confiesa dejada, abandonada, convertida en una mujer de hermosas palabras que han surgido de esa parte de la vida que tiene que ver con el alma y el cuerpo en el otro, cuya alma y cuerpo ya no están, porque la distancia, la geografía, ha limado la que pudo haber sido otra vida.

Una cicatriz es una marca. A veces queda para toda la existencia. Otras, se va borrando con la edad, las tantas vidas surgidas. Una cicatriz es una lectura que el adentro del cuerpo sabe reseñar, cultivar hasta convertirla en escritura. En algunos casos, en muchos podría ser, la cicatriz sigue siendo una herida, una puñalada o un rasguño.

Una cicatriz hecha poesía es más que una herida antigua. Siempre está allí para decirse, traducirse, amagarse, porque el poema la sostiene, la aviva, la mueve, la hace visible ante quien también conserva las suyas —porque podrían ser varias— y trata de ocultar. O las ha hecho visibles ante el espejo o ante quien sigue siendo un anónimo bien reservado.

Hay cicatrices que duelen, que siguen doliendo pese al tiempo transcurrido. Las suturas corrigen el sangrado, pero no la memoria de la carne herida. O del corazón roto, ahora provisto de palabras para reinventar la experiencia, llevarla a otro cuerpo, a despecho de que se pueda confundir con el olvido. Una cicatriz nunca se olvida. Y mucho menos la herida.

 

Ha tiempo no había leído unos poemas tan entregados al otro.

2

La poética de estos textos está en la misma escritura, toda vez que el tema, amorosamente dolido, se consuela con escribir, con decirlo en los mismos poemas, como un bálsamo. Y como dice el más amoroso de los poetas de nuestro continente, Jaime Sabines: “Boca del llanto, le llaman”, en estos de Salazar no hay llanto, pese a que en algún recado, en algún verso, deje traslucirlo. Sabines dice también: “Tus labios / sin ti me besan”, y Astrid Salazar escribe: “No está bien hablar de ti / en todo lo que escribo…”. En este y otros tanteos habla de esa escritura, de ese trazo doloroso que rememora al amado, que lo escribe.

Ha tiempo no había leído unos poemas tan entregados al otro. Unos versos donde la belleza se esgrime como espada, como reclamo, como borradura para seguir pensando, viviendo y añorando a quien se fue, a quien partió lejos y dejó un cúmulo de poesía depositada en un hermoso libro no cicatrizado aún, publicado por Vento Note Cartonero de Brasil, en 2021, gracias a las bondades del también poeta Nilson Galvao, quien hace equipo en las mismas páginas. Libro compartido que renueva las ganas de continuar siendo parte de esas lecturas.

 

3

Dejo ante los lectores este poema que no tiene

Miedo

He buscado todas tus notas de voz
Y acá estoy

escucho una a una

perdona si te enmudezco
pero es la única forma de cobijarme
de traerte aquí.

Sólo por esta vez
vence mi oscuridad
rompe con estas ganas de quedarme sola sola sola

el hielo volvió a mis huesos
y me retuerce
no hay lectura que me abrigue

entra en mis surcos

“una palabra tuya bastará para sanar”.

Queda la cicatriz en la memoria. La herida es el libro, el sanador.

Alberto Hernández
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