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Los pecadores del Vaticano, de Bernardo Neri Farina

lunes 16 de octubre de 2023
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Bernardo Neri Farina
Bernardo Neri Farina escribe con la misma fuerza que le imprime la historia de lo que cuenta.
…a media noche, bajarás a las mazmorras. Te pasearás entre las hileras de hamacas que cuelgan unas encima de otras, podridas por veinte años de obscuridad, sufrimiento y sudor. No te reconocerán. No te verán siquiera. No te verán ni oirán. Si aún hubieras tenido voz, te habría gustado insultarlos, hacer mucho ruido según tu costumbre; tomarte desquite de esos espectros que osarán ignorarte.
Augusto Roa Bastos, Yo, el Supremo.
Como ve usted, nuestra historia política contemporánea está teñida de monstruosidades, de absurdos, de aberraciones y locuras. De ignominia. De infamia. De degradación.
Bernardo Neri Farina, Un espíritu superior.

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Ocho relatos trazan el crudo discurso de la realidad política del Paraguay del pasado. Ocho segmentos del tiempo por el que ha transcurrido la vida del país suramericano como un reflejo de lo que ha ocurrido en todo el continente, porque América Latina lleva en su genética los mismos alelos que la identifican como una tierra destinada a jugar al fracaso mediante el uso del poder.

Bernardo Neri Farina escribe con la misma fuerza que le imprime la historia de lo que cuenta. La historia que lo ha sucedido. Nuestra herencia se sostiene sobre la base de los pecados más terribles: el poder político desata los más oscuros procedimientos para mantenerse en el trono de sus decisiones. De allí que nuestro autor no deje cabo suelto al relatar o describir lo que ha ocurrido en su país, que es como decir lo que ha ocurrido en casi todos los países del continente americano.

Cada uno de los cuentos recoge un trozo de historia de la perversión que ha vivido ese país: la ficción asoma el hocico como una bestia en la que cada personaje ejercita su papel desde la altura de su poder. Ser funcionario durante una dictadura ofrece todas las garantías: se ejecutan las acciones desde la arrogancia de una supuesta pose intelectual aun cuando el sujeto sea parte de una sombra que se desliza entre paredes de ornato oficial. Pero también sucede que el personaje proviene de una formación académica que le da brillo a sus laberínticos comportamientos que explica con lujo de detalles desde la “inocencia” de una justificación patriótica.

Estos cuentos políticos de Neri Farina arbitran lo que podríamos definir como una fotografía de nuestra historia política.

Estos cuentos políticos de Neri Farina arbitran lo que podríamos definir como una fotografía de nuestra historia política, de nuestra aventura sociocultural, ejercida por los herederos de quienes de alguna manera fundaron la nacionalidad, en una torcida y protagónica testarudez en la que no se deja de nombrar, con toda la boca, la gloria dejada por los héroes y eminencias de los avatares del pasado. Es decir, los fundadores de los partidos: el colorado y el azul, ambos bastiones que repartían o reparten el poder y expanden sus influencias hasta los más insignificantes funcionarios, porque así funcionan las dictaduras.

En estos ocho cuentos, suerte de memoria o crónica que deslava la sombra de la iniquidad, nuestro autor nos lleva de la mano por un mundo que, si bien teníamos cerca a través de otros autores del patio, ahora sentimos con más ardor la presencia de ese monstruo del poder, cuyos tentáculos alcanzan a los más inocentes como a los sospechosos o culpables de alguna acción conspirativa.

En efecto, Augusto Roa Bastos, el inmenso narrador paraguayo, autor de ese monumento narrativo titulado Yo, el Supremo, así como de los relatos contenidos en Moriencia, El trueno entre las hojas o en la bella Vigilia del Almirante, dejó para los lectores del futuro un recuento de lo que serían los escritores del presente, los que no olvidarían el pasado remoto o reciente en el que la sociedad paraguaya vivió las arremetidas de la violencia, la tortura, las desapariciones forzosas, la expatriación y los fusilamientos, entre otros crímenes que aún se resienten en toda nuestra tierra.

Los pecadores del Vaticano es ese Paraguay. Es un libro revelador: contiene todo el dolor que un país puede sufrir a consecuencia de la “política”, de los que la ejercen como si se tratara de una propiedad particular. Este libro de cuentos de Neri Farina es un aviso, un aldabonazo que nos recuerda lo que han sido aquellos habitantes de la otrora Paraguay dominada, por ejemplo, por el doctor Francia, por Alfredo Stroessner, por Molas López, entre otros, a quienes se les pasó la mano e hicieron de la nación sureña un infierno.

 

“Los pecadores del Vaticano”, de Bernardo Neri Farina
Los pecadores del Vaticano, de Bernardo Neri Farina (El Lector, 2006).

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El título de este volumen podría resultar engañoso. Es más, es engañoso. Y qué bueno que lo sea, porque cuando el lector lee el cuento se descubre santificado en medio de un burdel. Un lenocinio al que han bautizado como El Vaticano, situado cerca del cine Roma. Que nos dice el autor ubicado en Asunción. Que nos dice el narrador, desde su libre albedrío, visitado por toda lisa social, hasta que la desgracia, que no ha sido extraña, pero que ahora toca a unos muchachos, ejecutada por un esbirro de la dictadura, revela todos los pecados de un poder omnímodo, abusador, criminal.

“Los pecadores del Vaticano”, el cuento que abre estas páginas, es un mosaico de comportamientos porque recoge a los personajes que lo visitan genitalmente. Es la casa del placer donde se descubre el crimen de un policía contra un muchacho que casualmente estaba acostado con su puta. Y así, la desaparición de un inocente que pagó su primera vez con una prostituta amancebada con un comisario, quien la celaba y terminó ejerciendo todo su poder contra el joven hasta borrarlo del mundo. Su cuerpo nunca más apareció.

Allí comienza a verse el gran burdel del poder político de estos cuentos que nos entrega Neri Farina.

 

Los cazadores de políticos de oposición, esa sombría y protagónica caracterización, están presentes en casi todos los relatos de Neri Farina.

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El lector está en capacidad de imaginar que los personajes de los cuentos que siguen pasaron por ese paraíso del placer efímero, donde fueron santificados por los cuerpos de esas mujeres de distintos paisajes, y que podría ser recreado como una metáfora donde la “narrativa crítica” de nuestro autor crece y se fortalece mediante una prosa fluida, felizmente escrita, forjada desde un conocimiento del idioma castellano, con chispazos del legendario guaraní. El tal “bolichito genital” es un referente atractivo que podría ser una suerte de dependencia del palacio de gobierno, de una comisaría o de un campo de torturas, con la diferencia de que en el burdel las mujeres podrían ser los ángeles salvadores de esta tragedia bien relatada.

Los cazadores de políticos de oposición, esa sombría y protagónica caracterización, están presentes en casi todos los relatos de Neri Farina. Desde aquel Teódulo Salinas, quien tiene en su mujer a la “fiera” que lo mimetiza, no es más que un funcionario corrompido, sacudido por una realidad hogareña resumida en la esposa, suerte de víctima que se rebela de vez en cuando.

O en Petit, imagen del partido Colorado. Respaldo del presidente Federico Chaves o mímesis del fantasma de Stroessner. El de la mujer de un presidente que maneja los negocios en representación de los “esclavos de la imbecilidad”. Sacralizados los colores azul y colorado, Paraguay se debatía entre la agonía y la muerte porque la vida era una suerte de período fugaz en el que la “política”, traducida en pesadilla, era tentada por quien se decía “un espíritu superior”, personaje que se vanagloria de su academicismo y termina siendo un degradado ser humano al convertir a sus enemigos en despojos, en cuerpos torturados y perseguidos. La metamorfosis de un actante que devino traición a su pasado. Podría quitarse el traje e ingresar a una embajada y cometer todas las tropelías de un borracho contra la esposa de un embajador y salir airoso porque representa el miedo que el poder ha instaurado a través del irrespeto.

El futuro retorna al presente a través de un “deliródromo” en el que el curioso descubre todos los horrores del pasado, los delirios del tirano y sus esbirros, las locuras de la casa de gobierno y de la misma sociedad convertida en esclavos, en sumisos, en temerosos habitantes de una tierra sombría. Y así, el burócrata que asciende sobre los hombros del otro, mientras la dignidad del recién graduado huye de la tentación en “Hay que entender el asunto”, hasta el llegadero de “El nombre de la muerte”, la insignia de todo lo anterior. La columna vertebral de los pecados cometidos en ese Vaticano donde confluyen los sujetos que, luego, al salir vacíos de semen, robustecen su violencia y ven en la muerte la cara del triunfo.

 

Una redonda descripción del paraguayo conduce al lector a pensar que somos la misma sangre.

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A vuelo de imágenes, estos cuentos políticos del autor paraguayo resumen nuestra realidad a través de un discurso sin adornos en el que nos vemos reflejados víctimas y victimarios. Un reflejo que aún continúa vigente en muchos países de América Latina.

Una redonda descripción del paraguayo conduce al lector a pensar que somos la misma sangre. El humano ser de esta tierra configura la elegancia de quien se ufana de tener en el poder la vida y la muerte de sus adversarios.

 

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Relata Neri Farina desde cualquier ámbito o punto de vista. Sus personajes, bien definidos, viajan por las páginas vertidos en una prosa feliz, en un tejido verbal que atrapa al lector y lo lleva a los lugares donde la atmósfera de la ficción reina con toda intensidad.

La realidad, no obstante, persigue a quien tenga claro que estos cuentos también son parte de la historia de un país que ha pasado por muchos sacrificios, pero que también logra sortear los obstáculos para seguir existiendo. La literatura también habla desde la supra realidad, desde los escondites de la memoria.

Alberto Hernández
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