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Tras-tornar, de Antonio González Lira

lunes 15 de enero de 2024
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Antonio González Lira
Antonio González Lira se desplaza en medio de las tantas palabras que lo agobian, que lo trastornan y trasladan al regreso de los tiempos que avizora.

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El poema habla, a veces, muchas veces, a solas. El poema susurra cuando establece su condición pública, de esa manera muestra su pudor. El poeta en soledad se deshace de los fantasmas, los reta, trastorna el misterio, pero también tras-torna, regresa de un tiempo que dejó atrás, regresa a su paisaje donde las palabras lo gobiernan. Son las palabras quienes conducen al poeta a un país trastornado, tras-tornado, el país que volvió al pasado, que se torció con el tiempo y en el tiempo. Son las palabras que trastornan y tras-tornan al poeta, lo enloquecen y lo retornan a sus múltiples sonoridades y sensaciones.

El poema habla solo, muerde las palabras mientras va y viene en el tiempo.

Antonio González Lira se desplaza en medio de las tantas palabras que lo agobian, que lo trastornan y trasladan al regreso de los tiempos que avizora: se tutea con las palabras, las trae con su andamiaje de resquicios:

Y tú / palabra afuera / donde no cabías / y no sabías nunca más / adentrarte…

“Palabra afuera” dice el texto, dice el mismo poema desde su intemperie, desde el lugar donde reside su contenido, por eso “Esa magnitud que destroza; el tiempo / con rostro de hace ya un tiempo fugado…”.

 

El título toma cuerpo en todo el cuerpo del poema, en el solo poema que se hace libro y mapa.

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La metáfora es sustantiva: “la pedrada reciente…”, y con ella la brecha que descubre “Un buen lugar para la ausencia (que) son estas calles rotas / estas manos vacías…”, y el país comienza a aparecer como un fantasma del pasado que se hace presente:

…y nunca creyó ver / a su patria arrancada de cuajo.

Trastornar, tras-tornar, el título toma cuerpo en todo el cuerpo del poema, en el solo poema que se hace libro y mapa, territorio y diccionario de palabras cercanas traídas de un lejos, de un tan pronto que es el hoy en un ayer viscoso. El país es un atraso humano, un desplazamiento de cuerpos y miradas: “El exilio te demora / pensamiento” y la voz es “palabra perforada”.

Todo eso “mientras piensas / en los tropiezos de tu patria”.

 

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Octavio Paz lo dice: “El poema es una posibilidad abierta a todos los hombres, cualquiera que sea su temperamento, su ánimo o su disposición. Ahora bien, el poema no es sino eso: posibilidad, algo que sólo se anima al contacto de un lector o de un oyente”; así se siente el poema, estos poemas, de González Lira, quien abre el sendero de esa posibilidad. Su poesía transita por una estructura abierta, cuya manera de leer nos permite fundirnos en el texto, con el texto, y ser oyentes de nuestra propia lectura.

Cada texto es un espacio, un riesgo en el que alguien oye lo que el poema dice en silencio. Con razón, nuestro poeta se pasea por la corriente de un río, por el portento que un día Heráclito dejó en el aire y se hizo fuerza de pensamiento: “Éramos fieles / al potente raudal de tanto Orinoco”. El verbo en pasado nos conmina a pensar que ya no somos fieles a ese portento, que ese río está muy lejano, que la idea heraclitana se llevó nuestra imagen y nuestros pensamientos, nos alejó de la tierra que una vez nos prometieron. Por esa razón, nos queda “la blancura deshecha dentro de tu corazón”.

Y “Estamos”, el plural simplifica lo que pueda pensar un lector muy dado a su ego, “en el cálculo de la noche”, en la noche abismal, en la noche interminable, en la noche densa y oscura que nos deja la tierra herida.

El poeta avisa: “No existe ninguna luz / al final del túnel”.

Y entonces nos habla de la muerte de Fernando Albán, lanzado desde un edificio carcelario, para que la muerte lo encontrara, torturado, destrozado, en una acera de la calle. Y entonces aparecen los fantasmas que trastornan, los que tras-tornan porque han regresado y nos hacen recordar los grillos gomecistas que fueron lanzados al mar y que Andrés Eloy Blanco dice con su voz en un texto por pocos conocido y por muchos olvidado.

Alberto Hernández

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