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El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger

lunes 19 de febrero de 2024
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J. D. Salinger
Salinger cambió la faz de la literatura contemporánea con El guardián entre el centeno.
A la amiga Cristina Peaslee, por sus bondades, muy agradecido.

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Un poema de Robert Burns le da cuerpo al título de esta novela de Salinger. Sólo en dos ocasiones, el autor menciona el centeno. En las páginas 158 y 230 de la edición de Alianza de 2010 aparece mencionado lo que es el origen de ese nombre con que el autor norteamericano tituló su narración.

Me acerqué para oír qué cantaba. Cantaba esta canción, “Si un cuerpo agarra a otro cuerpo cuando viene entre el centeno…”.

—¿Te acuerdas de esa canción que dice “Si un cuerpo agarra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno…”? Me gustaría…

—Es “Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando viene entre el centeno” —dijo Phoebe—. Es un poema de Robert Burns.

—Ya sé que es un poema de Robert Burns.

 

“El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger
El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger (Alianza Editorial, 2010), fue publicada originalmente en 1951. Disponible en Amazon

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La voz del narrador convertida en “monólogo interior” recuerda a un grupo de niños que juega en un campo de centeno. Es sólo una referencia que tiene que ver con la angustia de haber perdido la infancia, de haberse alejado de la felicidad y haberse convertido en un adolescente extraviado, solo, quien abandonó la escuela y se dio en recorrer las calles hasta llegar a la casa de un mentor que terminó siendo un pedófilo.

La imagen del centeno podría representar la paz, esa paz que no consigue Holden Caulfield. Personaje que no se encuentra él mismo, quien lucha por reconocerse y ser reconocido.

En medio de tanta angustia casi enloquece. Esta es una novela que podría servir de texto para psicólogos o psiquiatras. Su lectura, salteada, permite ver los diferentes yos tanto del personaje como del mismo narrador, de quien podríamos advertir un sesgo personal hasta proponer una autobiografía. El autor, convertido en voz cantante, refleja este carácter: la relación entre padres e hijos, separados por diferencias generacionales, la falta de amor, el amor mismo como apostasía, como un reflejo de lo que no se es en realidad.

¿Quién es el guardián entre esa referencia vegetal?

Holden Caulfield trata de proteger a su hermana, a quien visita una madrugada de manera incógnita. Expulsado de la escuela por sus malas calificaciones, luego de la experiencia con su mentor, pasa por su casa y visita a la hermana. Desaparece de nuevo y recorre varios lugares, hasta que decide retornar al hogar.

 

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Esta novela relata “lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí (…). Son buena gente y todo eso, no digo que no, pero también son muy susceptibles, sobre todo mi padre. Además, no crean que voy a contarles toda mi maldita autobiografía ni nada de eso…”. Pero termina contándola.

Así comienza esta novela, y así termina:

Si quieren saber la verdad, no sé qué pensar. Siento habérselo contado a tanta gente. Lo único que sé es que, en cierto modo, echo de menos a todas las personas de las que les he hablado. Hasta a Stradlater y a Ackley, por ejemplo. Creo que hasta echo de menos a ese maldito Maurice. Tiene gracia. No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo.

Esta vida desordenada, la de Holden, termina en su casa. Y así como es la vida del personaje, así la cuenta Salinger, a través de saltos temporales y espaciales que dan cuenta de una lectura que no será de corrido, porque estos saltos obligan a ir y venir en esta narración tan peculiar y conversada como una confesión.

Alberto Hernández

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