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Ojo de pez, de Antonieta Madrid

lunes 1 de julio de 2024
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Antonieta Madrid
Dieciocho fotografías sirven de motivos o anclajes para construir la novela “Ojo de pez”, con la que Antonieta Madrid fue finalista del premio Rómulo Gallegos.
“Creo en la novela intelectual, tanto en su intención como en su factura”.
Antonieta Madrid en entrevista con Alicia Perdomo
“...la estructura de la narración es bastante complicada (...).
La estructura de los relatos está basada en un juego de piezas”.
Alicia Perdomo

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Desde un álbum de fotografías, desde las capas tectónicas de las imágenes fijadas en el papel, Antonieta Madrid (1939-2024) escribe los relatos de la familia Luder Esparza, centrados en las acciones que afectan y rodean a la hija de la pareja, Susana, quien cuenta los eventos que arman esta novela a través del método en el que las diversas intenciones creativas derivan en una escritura que, como destaca la narradora: “Toda técnica alguna vez fue experimental”, para afirmar que Ojo de pez (Editorial Planeta, colección Narrativa; Caracas, 1990; reeditada en 2007 por la Editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar), con la que obtuvo el Premio Único de la Bienal José Rafael Pocaterra en 1984, es —en efecto— una novela experimental que ha gozado de un estudio realizado por la profesora Alicia Perdomo con el título La ritualidad del poder femenino (Fundarte, colección Cuadernos de Difusión Nº 167; Alcaldía de Caracas, 1991).

 

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Dos veces he leído esta novela. Una de las piezas literarias más refrescantes e inteligentes que ha pasado por mis ojos. Se trata de un trabajo cuya elaboración cuenta con una trama en la que los personajes se imbrican con la técnica. Son sujetos de estudio en medio de una investigación donde la fotografía y su lenguaje, sus códigos, nos relatan una historia rodeada de subtemas, ramas adventicias. Es decir, el núcleo se nutre de sus agregados.

Es una novela/tesis porque también se alimenta con sus propias teorías.

Una novela en la que no cabe la pereza: es, como afirma su autora, una novela intelectual.

“Ojo de pez”, de Antonieta Madrid
“Ojo de pez”, de Antonieta Madrid (Equinoccio, 2007).

Y así lo confirma la lectura, las lecturas, puesto que desde un evento trágico, la muerte de un joven a tiros en la biblioteca de la casa de familia, considerado “el lugar más seguro del mundo”, a manos del padre de Susana, el centro narrativo converge con todas las ramas traducidas en fotografías que forman parte de los recuerdos de Susana y su familia.

La oración “el lugar más seguro del mundo” se mueve morfológicamente para dar a entender que se trata de un juego, de un entramado, para que el evento que suscita la curiosidad del lector no se empañe con el resto de las historias o capas anecdóticas por las que Antonieta Madrid nos conduce.

Novela/damero/crucigrama. Novela de laboratorio que no sólo es lenguaje sino nervio y tensión en muchos de sus pasajes. Podría pensarse que es una novela ampolleta, de esas que sólo inyectan lenguaje. Pues no, es eso y más: esta novela es un relato político que configura un estamento social, histórico, desde el encaje nacional de las anécdotas. Hay un país en esta novela. Hay una sociedad. Y un espacio que roza la corrupción desde lo forense/policial.

Es una novela en la que el lector puede escoger el lado de su lectura.

Y es una obra literaria —“mutante”— que se planifica desde ella misma a través de las “diversas opciones para escribir una novela”, desde las cuales la “narradora”, el “personaje” o la misma “autora” nos “ayudan” a leer cuatro opciones, puntos de vista o perspectivas de viaje a través de ellas.

Cada opción es una teoría, un método, una novela, una lectura, una aventura. Una manera de entrar en una historia. Pero si escogemos las cuatro opciones tendremos la totalidad, como una fotografía en familia.

Un poco de Cortázar en cuanto a la mencionada guía, con la diferencia de que Antonieta Madrid no busca un comienzo a ser escogido por el lector. Aquí el lector escoge la novela y la convierte explícitamente en cuatro, que a la larga es una sola, porque los ambientes y los sujetos actantes logran ser convertidos en una técnica, una “humanidad” recreada desde un método, una manera de inventarlos. Los personajes —de manera intencional— construyen los argumentos, con la anuencia explícita de la narradora. Novela convergente. Novela divergente.

Cortázar: cómo leerla para construirla.

Madrid: cómo construirla para leerla.

Novela ojo de pez, como la fotografía que capta todo un paisaje, el carácter del tiempo. Una totalidad curvada. Novela que mira en redondo. Novela elíptica.

 


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Dieciocho fotografías sirven de motivos o anclajes para construir la novela, la novedad de unas historias que se concatenan: “Escritura: descomposición y reconstrucción de una realidad. Simulacro de un ordenamiento natural...” (p. 21).

En la medida en que transcurre el tiempo narrativo, la novela, como un animal mutante, se va transformando en una lectura, en la posibilidad de una escritura.

El fondo, una familia disociada. Una familia pudiente de Caracas que se deshace a través de unas fotografías. O que se relata a través de unas imágenes donde confluyen la abuela, la madre, el padre y la hija, Susana, quien lleva el timón del cuento. Y un aborto, la infidelidad de la madre, las detenciones del padre por conspirador político, el homicidio en la biblioteca, “el lugar más seguro del mundo”. Y la estructura, el esqueleto que permite armarse desde el más pequeño de los huesos o cartílagos donde hay detalles que se constituyen en ríos por donde pasan segmentos y vertebran un nudo, un final que queda abierto, porque las fotografías son espacios referenciales que no tiene fecha de caducidad.

(Teoría de la mirada que cuenta: El ojo razona. Invade. Cubre los lugares que ha seleccionado para reposar y pensar, imaginar la superficie y el fondo de las fotografías, las acciones, los desplazamientos elípticos o lineales sobre las formas. El ojo y los matices, los blancos y los negros, los cambios cromáticos, se repelen, se juntan, se impresionan, relatan.)

 

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Trucaje, granangular, claroscuro, monocromía, viñeteado, a todo color, daguerrotipo, sobreimpresión, foto fantasma, desencuadre, panorama de una Guernica, contraluz, moiré, luminograma, secuencia, ampliación laser y nudograma: capítulos de una de las novelas. Y así la primera opción. Términos relacionados con el arte fotográfico.

“El lugar más seguro del mundo”, ambiente, espacio, paisaje que se metamorfosea en su alusión para dar a entender que se investiga un crimen que queda como un asalto, cuando se trató de una venganza o de un cobro por honor. La hija preñada, el aborto, el disparo. La segunda opción. La segunda novela a desarrollar, porque es una opción.

Sumadas las dos anteriores se arriba a las “cámaras”: donde el lector encontrará los diálogos, monólogos, descripciones, etc. Otra fórmula u opción para emplazar una novela.

Las “residua” suman todas las anteriores a través de “poemas” cortos. Sobras que nutren las “novedades” predichas.

Concluye así la voz que arma estas opciones: “Las posibilidades combinatorias resultan innumerables. Se trata de una novela de arquitectura modular y permutativa, cuya verdadera forma, escritura o armazón, emerge y se va construyendo en el proceso mismo de la escritura”.

Y el “Resultado: Metanovela: Novela sobre la novela: novela que se escribe a sí misma” (p. 9).

Es una novela que imita a ciertas especies animales que se autoalimentan, mutan, cambian de colores, como el camaleón. Novela mímesis. Novela máscaras.

El lector estará en capacidad de leer “su” novela, la que él quiera construir desde las diferentes lecturas que ofrece la obra.

(Julio Cortázar, en la entrada de 62/Modelo para armar, escribe: “No serán pocos los lectores que advertirán aquí diversas transgresiones a la convención literaria (...). A los posibles sorprendidos les señalo que, desde el terreno en que se cumple este relato, la transgresión cesa de ser tal; el prefijo se suma a los varios otros que giran en torno a la raíz gressio: agresión, regresión y progresión son también connaturales a las intenciones esbozadas un día en los párrafos finales del capítulo 62 de Rayuela, que explican el título de este libro y quizá se realizan en su curso (...). La opción del lector, su montaje personal de los elementos del relato, serán en cada caso el libro que ha elegido leer”.)

De manera que estas “transgresiones” en Ojo de pez demuestran la progresión, el progreso, el avance de una investigación que se convirtió en “novelas” y que ha creado, inventado a muchos lectores de y con diferentes lecturas, pero que —a la larga— saben que ven una fotografía tomada con la técnica del “ojo de pez”.

 

Coda

Susana Almarza, alter ego de quien podría o pudiera ser Antonieta Madrid, experimenta y nos regala una novela que busca lectores donde estén. Una novela que no evade dificultades. Las provoca. Las crea.

Alberto Hernández
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