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Expiatorio, de Geraudí González Olivares

lunes 23 de septiembre de 2024
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Geraudí González Olivares
Geraudí González Olivares traduce en Expiatorio todos los temas, desde los más intocados hasta los que suelen ser avizores del tiempo, del destino y de lo inacabado.

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Todo es posible sobre una línea: un tren, una mirada atenta, la mano que persigna el viento, un árbol silencioso, unas palabras breves que describen y descubren el mundo. Todo es posible desde un punto invisible. Desde el instante en que ese silencio lineal acude en nuestra ayuda cuando otro punto aparece y la línea se corre para hacerse palabras y así poder expiar las culpas, los pecados propios y también los ajenos.

Toda expiación, de alguna manera, lleva, en el intento de mostrarse, un secreto, una llave maestra que se traduce —nuevamente— en palabras, en pocas palabras, porque para expiar, para dejar atrás el peso de una culpa, es necesario recorrer todos los senderos que nos llevan al silencio.

Esta podría ser la entrada para leer un libro de brevedades, un libro donde caben todas las ficciones como todas las realidades.

“Expiatorio”, de Geraudí González Olivares
Expiatorio, de Geraudí González Olivares (Pulpo, 2024). Disponible en la web de la editorial

Geraudí González Olivares escribe Expiatorio, un sorpresivo y revelador secreto: traduce todos los temas, desde los más intocados hasta los que suelen ser avizores del tiempo, del destino y de lo inacabado, porque nada de lo que se hace nunca se termina, como un relato, como un instante cuando se descubre lo que pudo haber sido imposible.

Es decir, nuestra autora nos llega, orgánicamente, por vez primera con un libro, su libro, donde registra el universo de su sentir en pocas palabras, en breves respiraciones donde nada escapa de sus intenciones, toda vez que ella ha sido y seguirá siendo protagonista de este género donde una línea comienza a dibujar lo mínimo en el que cabe todo lo imposible. Hasta las culpas que no han sido.

 

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La pupila mínima, la que indaga y encuentra en la brevedad todos los signos y símbolos del tiempo. Aquí están el viaje hacia tierras extrañas, ajenas, la intimidad casera, la épica de los relatos infantiles, el detalle que punza la reflexión, la que bucea en el otro que lee. Está la muerte inducida, la propia por mano extraña. Proteica es esta germinación verbal, la que emerge de cada texto, de cada vocación por la búsqueda.

Son cuarenta mundos pequeños, planetarios: unos más cortos, otros más extensos que concitan tentaciones donde la autora pregona sus imágenes, las habla en recuerdos, fantasmas, amores, la lucha de la mujer contra el machismo, ensayos cortos, hondos, estudios para ampliar el pensamiento de quien se aproxima a estas ideas y las consume como fruta fresca.

 

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Personajes que nos atienden desde su lejanía, ahora próximos, cercanos: las mujeres en el Quijote, las de la mitología, esa que teje y teje mientras espera; las que soportan el giro de los días en una ventana familiar: la medre, el padre, esas voces que han dejado huellas en las mismas palabras como tierra sagrada.

La geografía trazada por esta escritura aparece en el itinerario de la autora, desde la ciudad carabobeña de Valencia, en Venezuela, hasta Bogotá y luego Cali, el Valle del Cauca, en Colombia.

Y luego, sigue el luego, la mirada abierta, casi sonámbula, insomne, durante el temor, el miedo a la enfermedad mundial: la pandemia, la tan citada visita de esa muerte corrediza: el encierro, la puerta cerrada, el rostro cubierto por una máscara que seguramente en algún recodo es parte de la expiación de todos.

Interior y exterior. Intra y extra: intertextualidad, casi obligada tendencia a usarla para desde lo más profundo, lo mínimo, decir el universo, el personal y el colectivo, único y multiplicado. El Otro siempre desde el yo que narra, el que se desplaza sobre esa línea de signos invisibles, palabras. La alteridad, la otredad, entonces, convocada por el silencio que invoca el punto final, el que señala, indica, que de nuevo es necesario volver al comienzo para que la lectura nos siga alimentando.

Expiar, espiar, estar, ser, abrevar en lo breve.

Y como afirma el poeta Roberto Juarroz:

“Y lo imposible no necesita lugar”.

Alberto Hernández
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