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Epifanías circulares, de Enrique Jaramillo Levi

lunes 21 de octubre de 2024
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Enrique Jaramillo Levi
En los relatos breves de Epifanías circulares, del panameño Enrique Jaramillo Levi, caben todas las ficciones, todos los temas.

Girar alrededor de una anécdota, de una historia que se abrevia gracias al tiempo que se presume violento y veloz en estos días de agobios. Trazar un círculo y encerrar una ofrenda, un canto, una historia, relajado el momento y presto a continuar en otro espacio el relato que habrá de crear otro, y así otro, otro, otro cada vez más corto, más breve, más mínimo, más hondo, urticante o amoroso, intrigante o en silencio, porque toda minificción encarna el silencio que en la poesía es también una extensión apocada, pero llena de significados, contradicciones, ironías o borraduras.

Si le damos la vuelta a este título, Epifanías circulares, caemos en la cuenta de que se trata, precisamente, de un estado de creación donde el ritual de la escritura contiene una forma de cántico, de elevación desde lo humano hasta lo fantástico.

Que quepan las dudas, porque toda ficción breve o no es una contradicción en sí misma, como afirma la también cuentista e investigadora del género breve Violeta Rojo.

“Epifanías circulares”, de Enrique Jaramillo Levi
Epifanías circulares, de Enrique Jaramillo Levi (El Taller Blanco, 2022).

En este caso, en el del panameño Enrique Jaramillo Levi, quien ha sido publicado por El Taller Blanco Ediciones en la colección “Comarca mínima” (Bogotá, Colombia, 2022), el relato no se comprime, se expande desde su cortedad: son historias de media página, de una página, en las que caben todas las ficciones, todos los temas, porque una de las características de la ficción breve es andarse por todos los asuntos, irremediable en su porfía por meterse en la vida de los otros sin dejar rastro en el sentido de no abarcar tanto territorio, pero sí ahondar en la existencia, tanto en la ajena como en la propia del autor, cuando éste se concede esa licencia.

Entrometida, entonces, la brevedad es un bebedizo que se consume con calma, aunque a veces la velocidad del texto augura propósitos más inmediatos: correr, circular con las palabras, cantar o bailar con cada sujeto que sale de la historia y le hace la vida imposible al lector, como debe ser.

Así estos textos de Jaramillo Levi, densos, ejercitados desde la observación donde la ficción y la literatura van más allá: se revelan y se rebelan: son historias que han sido y se han convertido en materia de indagación cotidiana, diaria, en costumbre, en posible realidad que se traduce en la ficción que son o llegan a expresarse como tales.

Una cincuentena de historias ocupan la geometría (medida terrígena para desmontar la innecesaria dimensión de algunas novelas) de este volumen que hoy nos entrega este autor al que ahora disfrutamos desde la notoriedad de sus secretos, porque cada cuento, cada relato, cada instante es un secreto que se hace visible, pero, sí, pero, sigue siendo secreto porque pasa a ser parte secreta del lector, quien se complace en guardarlo para no perder la emoción de seguir leyendo y circulando con la brevedad de la misma vida, aunque a veces ésta se relanza y se convierte en otro cuento que habrá de renacernos.

Alberto Hernández
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