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La intención esquirlada, de María Antonieta Flores

lunes 28 de octubre de 2024
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María Antonieta Flores
María Antonieta Flores escribe poesía para rehacer el diccionario personal que luego se hará público. 📷 Dcir Ediciones

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Todos los tiempos están, viven, en la poesía, porque ésta, aunque para el ojo opaco sea sólo un fragmento de existencia, no deja de ser en quien se rebela contra la memoria. El tiempo en el poema es un pasadizo que termina en el último verso, que podría ser la última respiración, pero la poesía no finiquita su trajín: sigue inmutable, asombrosa, dable en el punto, en la diana de su poder, en la nomenclatura de su presencia. Toda poesía es instante y eternidad. Es una lectura que sobrepasa el tiempo calculado: la poesía subraya cada tono, cada silencio. Es, sobre todo, ausencia, y cuando afirmo ausencia destaco su presencia frágil y a la vez indestructible. A pesar de lo dicho, ningún poema muere. Su marca fantasmal reina en las bibliotecas. De allí que todo poema tenga conciencia de la muerte, de la eternidad, también de lo finito. Todos los poemas nos superan, pero habría que decir, como afirma Octavio Paz, que poema y poesía son dos presencias distintas. En el primero abreva el continente y en la segunda habita el contenido. Esa expresión podría parecer elemental, ingenua. No obstante, se crea una teoría de la ambigüedad cuando decimos poema y poesía y celebramos.

Y en medio de todo, la poesía es contradicción, tanto así que nadie se atreve a definirla, aunque algunos han elevado preces por calificativos que bien merecen tomarlos en cuenta a la hora de disuadirlos. La poesía es un engranaje de significados. He allí una manera de verla o no verla.

Estas primeras palabras, este largo paréntesis, para precisar que estamos ante un libro de poesía que usa el poema como instrumento. Es claro, siempre ocurre así, pero en este caso, la herramienta, el poema, concita una poética en la que la voz de la autora genera una multiplicidad de símbolos, de decires, de temas, de asuntos que nos conciernen, porque se trata de una suerte de biografía propia pero también ajena. Todo registro oral, o escrito, verbal, pues, es biográfico. De modo que en La intención esquirlada están María Antonieta Flores y sus lectores, pero también un alguien anónimo que tendrá la ocasión de acercarse hasta alguno de los textos y convertirse en sus ademanes, en su tono para poder decir que ha respirado.

¿Poemario, libro de poemas, extensión de su universo personal? Eso no importa. Precisa la voz saber que estamos frente a un propósito: decir para sentir, para asombrar desde el nervio poético del texto, un acto personal, un registro íntimo que congrega el tono de los lectores, porque cada testigo —o protagonista, por qué no— le dará su carácter, el suyo, cuando aborde estas páginas.

Es decir, es nuestra biografía. Podríamos ser la voz que ella usa o el anónimo que se aproxima hasta las lindes de esa consagración a la estación más reveladora del texto: la gracia de sus significados.

 

“La intención esquirlada”, de María Antonieta Flores
La intención esquirlada, de María Antonieta Flores (Dcir, 2024).

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Esquirlas, astillas de voces, trozos de sonidos, de conjugaciones. La intención o las intenciones fue congregar esas esquirlas y darles cuerpo como territorio, como paisaje donde el verbo suscite un acercamiento, la conjunción de los tantos asuntos que convergen en pensamientos: la poesía es, sí, es un pensamiento, es un arraigo reflexivo, el hueso gregario, el músculo que sostiene la brevedad de la existencia: María Antonieta Flores escribe poesía para rehacer el diccionario personal que luego se hará público. He allí, en consecuencia, que el título, La intención esquirlada, juega a esa intención, reunir las esquirlas y promover una lectura donde varias voces se hacen una.

A mi parecer, en este libro hay varios libros, cuestión de celebrar porque un libro no necesariamente tiene que ser orgánicamente un tema, un solo sendero. Se trata de un volumen donde viven, respiran, varios personajes que nuestra autora ha transformado en ella. Son ella desde la mímesis de su escritura polifónica.

¿Cuántas voces hay en estas páginas? Las que quiera el lector recrear.

 

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El libro se lee en cuatro intenciones o estancias: “La rosa de los vientos”, “El amor como presunción”, “La insignificancia” y “La intención esquirlada”, y en cada una está la poética que María Antonieta Flores siempre ha mostrado en su trabajo creador:

Con una mano extendida
milagrosa
única y santa

Suerte de oración sagrada en la que la poeta despliega su afán por decir, entregar, darse completa con sus palabras, con sus adentros verbales, con su más recóndito saber que es enhebrar versos y convertirlos en mensajes milagrosos, asombrosos, humanos y divinos, toda vez que se alzan como testimonio de que cada palabra es única.

Encontramos en estas páginas a quien no ha dejado de mostrarse durante toda una vida dedicada a la poesía, a cantar desde la belleza de sus palabras, de sus silencios, de sus interrogaciones, de sus afirmaciones o negaciones.

se enlazaba la muerte a mi cintura
mi cuello podía ser roto en un instante

donde yo antes había amado el azul
me odiaban

en el desperdicio
nace la isla

emerge la flor

Cada poema es una isla, cada poema se nutre de su independencia, pese a que haya algún resquicio secreto que lo una o los une: la fuerza con que ellos se buscan, la energía que los señala como intenciones, es decir, como textos que jamás, como muchos poemas, han terminado su jornada, que son capaces de seguir construyéndose, porque son retazos de existencia, esquirlas del alma, trozos de tentaciones.

 

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Desde Ciudad de México, Mariana Bernárdez dice en el prólogo:

Lenguaje de lo verdadero, de la voz que se ramifica en verso, alta búsqueda de la impronta que resignifica la experiencia extrema de tocar la herida fundacional, escritura que diluye el asidero de los pronombres, para mentar con la limpidez de lo cristalino el suceso.

Un texto que avala, desde su tono poético reflexivo, lo que contiene todo el libro de María Antonieta. Todo lo que palpita se mueve en estos textos que viajan de imagen a imagen como si se tratara de iluminaciones.

Toda poesía es una intención revestida de magia. Desde el mismo poema como cuerpo, la poesía se hace alma multiplicada.

Que llegue a los lectores esta obra como este texto que a continuación brota desde la fertilidad de la poesía de María Antonieta Flores:

recordar es morir un poco

pasará por allí
lacerado y hambriento
Isaías 8:21

su cuerpo muere un poco más que su mirada

en las horas de la tarde
llueve sin salpicaduras y enrojece el cielo

enterada de su desconcierto busca
y ha encontrado el cuerpo reposado
en ese arte de extrañar

arreboles en la memoria lacerada
la belleza regresa oscura

el andante ahora es otro nombre

(Texto leído en la presentación del poemario La intención esquirlada, de María Antonieta Flores, en la 21ª edición de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo, Filuc, el 24 de octubre de 2024).

Alberto Hernández
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