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La poeta lo aclara en una breve entrevista: es un libro de amor, pero no tiene nada que ver con lo oscuro o el color negro que representa lo gótico, sino con el misterio, porque el amor es misterioso. Y, en efecto, desde los más lejanos tiempos de este sentimiento, esa sensación, ese rasguño, ha estado rodeado de sombras, donde “el ámbito de la luz” juega papel relevante, no desde la perspectiva arquitectónica sino desde la pintura que, en poesía, se manifiesta en ese juego de espacios: el interior donde reposa el ánima amorosa, y el exterior en el que la naturaleza se ofrece con todo su cromatismo.
En Canción gótica, de Carmen Verde Arocha, el tema, el amor, es parte de ese espacio donde los frutos de la naturaleza brindan todo su poder. Es decir, se trata de una poética en la que quien hace poesía desde el misterio va un poco más allá y deja al descubierto su origen, el lugar de donde proviene su sangre: hay una biografía y una geografía en la expresión poemática de esta escritura de Verde Arocha, suerte de continuación de su libro anterior, En el jardín de Kori, donde se puede respirar el aire de una región del país: el río es esa corriente en la que viaja el misterio: “El cielo vive dentro de las aguas...”, expresa en ese primer poema del mencionado poemario desde el cual es posible atisbar la presencia de un sujeto que habla en el pasado, desde el correr de un tiempo ido. Con el pasar de los poemas y los días empalma y dice: “El cielo justo a mi lado (...) Lo inacabado del cielo / el deseo de amarte”: la altura donde “Nadie impedirá que tus muertos y los míos / caminen al borde del cielo”.
Desde este instante, el misterio, el registro de una existencia para reconocerse en “el pedazo de cielo que falta”.

2
El amor va acompañado de diferentes imágenes que avivan la deriva hacia el misterio de las cosas y de la misma naturaleza. El cielo, el mar, el amarillo, y así llega el amor con una a referencia a Mary W. Shelley y su Frankenstein, y “Así nace el amor” y este libro. Variopinta la visión desde el trópico desde la sombra/luz reflejo de algún árbol vecino de la vega de un río donde los elementos fraguan la gala de los ancestros:
Joven raptor que en el cielo se vuelve oro
Qué bien luce su vestido de algas:Río agua
Río fuego
Río tierra
Río aire
Río éter
Río con incrustaciones de huesos
Y pestañas de cayenasMi humilde respeto.
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Y luego, invertido el reflejo, el orden, el poema versionado convertido en rebelde solicitud:
Amor
La agonía del sol ya comienza
Amor agua
Amor sol
Amor tierra
Amor bejucos florecientes
Amor hielo
Amor subterráneo
Amor mínimo
Amor desmesuradoEl estremecimiento se hace animoso con la tarde
Te invocamos para destruirte.
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A un bestiario también recurre. La naturaleza salvaje, el amor como imagen sagrada, vertida en una bestia del agua entre flores y una lluvia. El símbolo radica en el misterio mismo. Pasa con un leopardo, lujurioso, aliado al negro: “Aun así el amor / nos manda a lamer su piel / hasta dejarlo blanco de nuevo // hasta que aparezca el Océano”.
Una mirada hacia otro punto cardinal donde una urbe también recuerda los restos del pasado, desolada:
Tú estás del lado norte del río / En esta ciudad que nombran / desde hace años Caracas / un lugar que ha perdido hasta los huesos.
¿Qué lobos son esos que aúllan en una canción gótica? Un caballero de levita, una zapatilla: un cuento de hadas en medio de un poema. Una mirada, un guiño, y el último verso destaca unos puntos suspensivos. Se abre la posibilidad de una nueva experiencia, de una versión donde la naturaleza activa su presencia: árbol, pétalos caídos y “Los lobos siempre regresan”. Es decir, en medio de la feraz campiña, el misterio. Nuevamente la canción insiste en su trovar, pero esta vez una referencia de la calle violenta, los lobos que se disfrazan de ovejas lanzan su fuerza contra la rebeldía: “La gente lastimada llora / El gas entorpece el sueño”, por eso “Siempre perdemos algo”, pero “Me abrazas”.
El caballero, ese personaje innominado, es referencia en varios textos. Aparece y desaparece, pero siempre está como escondido en la flora del paisaje, en el metal de su armadura.
Hay un caballero que saluda con gesto de alacrán.
5
Este libro se abre como un homenaje a la mujer. Es la mujer la que protagoniza la voz de esta aventura. Desde cada verso se sienten la presencia, el tono y la fuerza femenina de “Mujeres guerreras disfrazadas de hombres (que) escapan de los barcos / Las embarazadas / creen que van a parir hijos de reyes”. Mujeres maltratadas, rechazadas, abusadas: “En el Castillo con los brazos abiertos / ¿quiénes esperan a las mujeres? / Van de primero / la noche los reyes el viento / hasta el hierro hace su esfuerzo y entra / Una vez que llega la novia / las puertas se cierran”.
Que lo diga “La concubina”:
El amor / Siempre lo sueño / con un pájaro en los dientes / y el aire eleva / una a una sus plumas // Eso ocurre en el alma.
Entonces: “¿Dónde queda el amor?”.
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Una señal para abrirle paso a ese sentimiento: “Él conoce el lenguaje de la luz”.
Un sueño, muchos sueños, lugares, vegetación, naturaleza, ríos y mar... y el cielo allí, “porque a esta tierra se viene a amar (...) El amor se baña / en los lagos, arroyuelos y mares”.
Canción gótica es un poemario para quienes aún no saben en qué lugar se ha instalado el amor.
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