
La primera impresión nos encuentra con la inmensa presencia de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Calabozo. Bajo un árbol de la plaza, quien imagina la historia de ese monumento la puede organizar para llegar a la conclusión, luego de hurgar entre papeles atrapados por el tiempo en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Caracas, de que era preciso encontrar los datos de una lejana época, 1802, donde aparece el relato de la construcción del espacio sagrado y las peripecias de quienes vivieron esa experiencia, para poder escribir este libro a manos del calaboceño Ubaldo Ruiz.
Ese trabajo, entonces, lo elaboró el profesor Ruiz, quien minuciosamente entró en ese lejano mundo del cual extrajo parte de los misterios que la historia nos reserva siempre.
Nace así el libro Un templo y tres familias, donde la Villa de Todos los Santos de Calabozo protagonizó un período de enfrentamientos provocados por tantos acontecimientos políticos, sociales y económicos que siempre han sido parte de nuestra herencia.

El libro está dividido en cuatro capítulos que recogen el acontecer de la construcción de este templo que aún permanece como testigo de todo lo que ocurre en esta ciudad llanera del estado Guárico. Así, “La familia Montiel y los orígenes del Templo de Nuestra Señora del Carmen”, “El templo de los Armada y la Guerra de Independencia”, “Se concluye el Templo de Don José Ramón García” y “El Nazareno de Calabozo”.
En medio de pleitos, confrontaciones y diversos hechos que Ubaldo Ruiz encontró en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Caracas, se construye este libro que tiene un valor relevante tanto para los calaboceños como para los interesados en la historia de estas edificaciones que forman parte del patrimonio histórico y arquitectónico nacional.
Un templo y tres familias es un recorrido por un momento de la ciudad. Un viaje por aquellos días cuando aún el aire despedía el humo de la conflagración independentista. Un viaje que nos muestra una ciudad en pleno apogeo social, revestido de las costumbres que la convirtieron en centro religioso y cultural del país, y que hoy sigue siendo una referencia destinada a ser estudiada con más ahínco por los investigadores de nuestro pasado remoto y reciente.
Este trabajo de Ubaldo Ruiz podría servir de acicate para continuar los estudios relacionados con la ciudad como símbolo de preservación de nuestros valores. Es decir, conservar lo que con orgullo se ha calificado como la ciudad cuyo casco histórico representa el más extenso del país, pero además lo que contiene históricamente ese espacio arquitectónico donde está ubicada la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, e igualmente otros templos que han convertido a Calabozo en uno de los referentes católicos más importantes del país.
Esta investigación, tan reveladora, se sostiene gracias a la calidad escritural de su autor, pero sobre todo por la aguda insistencia indagadora, por el ojo curioso de quien anda en busca de los secretos que la historia, tanto la menuda como la general, nos tiene reservados.
Bien vale la lectura de este precioso material de Ubaldo Ruiz que lo enaltece y que, una vez más, destaca que Calabozo continúa descubriendo valores intelectuales que fortalecen lo que sus anteriores habitantes habían hecho, elaborado, tanto con su pensamiento como con su manera de ser como llaneros dedicados tanto a los asuntos de la realidad cotidiana como a los del espíritu.
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