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El mundo según Cabrujas; investigación y compilación de Yoyiana Ahumada

lunes 1 de septiembre de 2025
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José Ignacio Cabrujas
Para José Ignacio Cabrujas Venezuela fue un gran campamento que sirvió de escenario para poner ante los ojos de los espectadores el fracaso, la tragedia, la desmemoria. 📷 Vasco Szinetar
“El tema que me importa es el fracaso”.
José Ignacio Cabrujas

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El país, el que aún tiene memoria, oye la voz ronca y profunda de José Ignacio Cabrujas. Una voz que provenía de un lugar donde el conocimiento y la pasión por el teatro, pero también por las palabras llevadas a las páginas de un libro, a la escena lectora, no dejaba de decir el país donde vivía, el país que le quitaba el sueño.

El libro que hoy leemos es una investigación y compilación realizadas por una mujer de las tablas, Yoyiana Ahumada, quien recogió con afán parte de esta escritura cabrujiana para hacerla sentir de nuevo en los venezolanos. Un libro que selecciona el pensamiento de aquel hombre que por años provocó una revolución cultural en el teatro nacional. Su dramaturgia siempre fue el país. De allí su escritura, basada en el mismo país de su teatro. El país de su pasión.

Para José Ignacio Cabrujas Venezuela fue un gran campamento que sirvió de escenario para poner ante los ojos de los espectadores el fracaso, la tragedia, la desmemoria, el relato donde el humor sazonaba parte de su espiritualidad. Y de las tablas a la escritura que dejó para la posteridad estos textos que siguen siendo vigencia, tiempo presente donde el pasado tiene futuro aun en los yerros de quienes han sido responsables por los hechos acaecidos en este país.

“El mundo según Cabrujas”; investigación y compilación de Yoyiana Ahumada
El mundo según Cabrujas; investigación y compilación de Yoyiana Ahumada (Alfa, 2009).

Dos ediciones publicó Monte Ávila Editores Latinoamericana. Una en 1992 y la otra en 1997. De ellas recoge Yoyiana Ahumada esos materiales que seguramente aún tienen muchos lectores porque todavía Cabrujas sigue siendo una referencia para quienes tanto en el teatro como en la reflexión verbal tienen puerto para tratar de explicar nuestras ambiciones, tentaciones, absurdos y hasta humoradas convertidas en tragedias.

Largo sería el camino que recorrer para hablar de Cabrujas. En el prólogo para la edición de 1997, Diego Bautista Urbaneja escribió:

Tengo muy clara en la memoria la conversación en la cual le ofrecí a José Ignacio Cabrujas que escribiera una página o dos todos los domingos en El Diario de Caracas. La página de Cabrujas, el hoy celebrado “País según Cabrujas”, abrió el camino para mi idea de ofrecer a los lectores de EDC una diaria y suculenta pieza de opinión y reflexión, firmada por varias de las mejores inteligencias de este país. Luis Castro Leiva, Joaquín Marta Sosa, Rafael Arráiz Lucca, Ibsen Martínez, Mercedes Pulido y Luis Ugalde, completaban con Cabrujas la serie de páginas que llenarían la semana.

Cabrujas aceptó y comenzó la aventura, esta pasión de José Ignacio escrita, subrayada, amasada con la inteligencia de quien supo que tenía en sus manos mucho material para escribir. Entonces, “El país según Cabrujas” se transformó en una necesidad.

 

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La edición de El mundo según Cabrujas que tenemos a mano, esta compilación comentada por Ahumada, da cuenta también de la presencia de Ibsen Martínez, quien fuera muy cercano a Cabrujas en el mundo dramático. Estos textos de ambos se pasean por la vida y obra de quien nos dejara piezas teatrales tan importantes que siguen siendo montadas por diversas agrupaciones del país y fuera de él.

Pero la obra literaria, los ensayos, el país escrito según este hombre, merece ser revisado por quienes no se han acercado aún a su talento para tener una idea de lo que fue el país y de lo que sigue siendo, porque este mapa dislocado continúa detenido en la memoria y en la historia que nos sigue golpeando. Cabrujas fue todo un país. El país que vio, que vivió, sigue latiendo en el que hoy nosotros vemos y vivimos, sobresaltados por los tantos desvaríos que nuestras generaciones sufren. Es el país de un escritor que no nos deja de sorprender por la profunda manera de decirlo, por la belleza inclusive de sus oraciones, ajustadas a una poética del fracaso, como él mismo lo ha señalado.

El libro que hoy nos atrae está dividido en tres estadios: “El país del disimulo”, “La ciudad escondida” y “Textos esquivos”, trabajos que según los comentaristas “carecen de género”, toda vez que el autor se maneja en otros ámbitos.

 

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La voz de otros varios autores se hace presente para hablar de quien ha dejado una marca indeleble en la cultura venezolana. Entre estos ellos están Milagros Socorro y Rafael Arráiz Lucca en un espacio denominado “Cabrujas en la mirada de otros”, además se incorporaron María Cristina Lozada, Ildemaro Torres, Carlos Guillermo Ortega, Simón Alberto Consalvi, Xiomara Moreno, Colette Capriles, Rafael Osío Cabrices y Laureano Márquez, en otro espacio que lleva por título “Cabrujas en otras palabras”.

Si no fuese porque todos los personajes están mencionados con nombres y apellidos reales, podríamos decir que estamos ante una novela. No obstante, podríamos afirmar que se trata de una realidad que conmueve por el carácter ficcional de quien la lee, en caso de que no conozca a los interfectos que aparecen en estas páginas.

La dramaturgia de José Ignacio Cabrujas tiene asiento en el mundo real. Sus actantes, los mismos que aparecen en este libro, podrían aparecer maquillados pero reconocibles o reconocidos por los espectadores. Cabrujas dibujó el país, lo desnudó, lo animó a verse en el espejo de sus acciones desde la política, desde cada tropiezo dado por quienes hacen vida en su libro, en este país, según el autor de El día que me quieras. El fracaso, la soberbia de los fracasados, la inocencia de los que pasan por debajo de la mesa. Todo Cabrujas en un escrito.

El mundo según Cabrujas, la recopilación de Yoyiana Ahumada, es un resumen de todo el universo que se movía en el talento de Cabrujas, en sus preocupaciones, en sus angustias, expresadas con aquella voz honda, cavernaria por lo que tenía de eco, porque su voz, como sus textos, sigue siendo ese eco, el mismo inconfundible de quien en La revolución de Chocrón se dejó deslizar por la sala del Nuevo Grupo para celebrar un aniversario más de esta pieza de Isaac.

 

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(Este inciso es muy personal: Cabrujas estuvo en Maracay, como otros dramaturgos y directores, para inspeccionar las instalaciones del viejo Teatro Ateneo de Maracay. Ese día confraternizó con mucha gente. Ese día fue “un día que me quieras”, un “profundo” que aún es recordado por los que aún respiramos los aires de la existencia).

 

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Dejo frente a los ojos de los lectores las palabras de Ibsen Martínez y Yoyiana Ahumada tomadas de los textos de presentación de este imprescindible trabajo de quien continúa dando de qué hablar.

El autor de El señor Marx no está en casa y Simpatía por King Kong escribe en el mencionado prólogo: “Se trata aquí de prosas que bien merecen ser llamadas ‘apátridas’, según la ya clásica definición que brindara el peruano Julio Ramón Ribeyro: no las prosas de un apátrida, o de alguien que sin serlo se considera como tal, sino textos que, por diversas razones, no han encontrado sitio en otros libros ya publicados”.

Por su parte, Ahumada destaca que “le habría causado escozor un libro con su producción intelectual, pero era una tentación irrefrenable la de hurgar e intentar hallar un hilo conductor en este cuerpo de ideas que Tulio Hernández llamó ‘sociología de los sentidos’”.

Cabrujas —al final del tomo— cuenta su vida, habla de él en una biografía tan personal que nos lo acerca más como sus lectores, como sus admiradores, como sus seguidores durante su vida en el mundo del teatro y en el universo de sus palabras.

Y cierra con esta oración:

“Esto es lo que hago. No sé si lo que soy”.

Alberto Hernández
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