Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo
Saltar al contenido

Libretas virales (2020)

sábado 12 de diciembre de 2020
¡Compártelo en tus redes!
Libretas virales (2020), por Rolando Gabrielli
Ha dejado el cuerpo de Kafka, / impecablemente vestido, / erguido sobre las viejas piedras / de la Plaza de Praga.
El virus
es un pequeño dios
del mal,
es invisible
y pareciera estar
en todas partes.
(RG)

Se va el año y el virus se queda. Difícil de clasificar y calificar el 2020. Así como los ganaderos marcan sus reses en el campo, el virus ha dejado una huella indeleble en el carácter y memoria de la humanidad. Todos ahora somos la generación Covid-19, para efectos propios de la historia y crónicas de una época.

Estas Libretas virales (2020) recogen algunos textos e imágenes en estos meses de confinamiento, en una segunda entrega,1 son atmósferas, observaciones, una mirada al silencio, a la soledad, al amor, a la poesía, a esta ficción que se transformó en realidad y, de alguna manera, en nueva normalidad. Un encuentro con la página en blanco en la más absoluta soledad, donde un espejo interior nos refleja los sueños, los deseos, el silencio, en una mirada muy íntima que también se abre hasta donde nuestro lente puede observar su entorno. Poesía de este tiempo, un tiempo para descifrar.

 

Kafka nos reescribe el futuro

Un dibujo que representa a Kafka, un escritor determinante en la literatura mundial a partir del siglo XX hasta nuestros días, surge en estas páginas prácticamente anónimas, solitarias, de noches y días muertos. Kafka tuvo un comienzo pero no un fin, es infinito, un maestro de lo inacabado. Se sigue diciendo esto es kafkiano. El dibujo es un homenaje al mundo kafkiano, son unas rayas que representan al autor de El proceso, buscando una salida donde no la hay. Pareciera que una palma tropical, que dibujó inconsciente mi mano, le hubiese protegido, pero él insiste en avanzar a un destino donde se presentan obstáculos y ningún destino. Se fuga de sí mismo, como hacemos cada día. Un Kafka sin retorno que pareciera cruzar sus propios trazos. Su insomnio nos mantiene en vilo hasta hoy. Esa fue su vida, literatura, con cada uno de sus actos en su joven y fructífera existencia. Ninguno de sus libros ni palabras merecía convertirse en cenizas, como él mismo le solicitó a su amigo Max Brod. Kafka se vivió a sí mismo y reescribió hasta nuestros días.

Las cinco libretas y el ordenador recogen también memoria, la nueva rutina de estos días, las largas noches virales, todo lo que perciben los cinco sentidos, la belleza, la musa, homenaje a poetas indispensables, Chile, Santiago, la ciudad de nuestra juventud, algunos eventos del 2020, la poesía, y la sola palabra confinamiento, que convoca todas las soledades.

Nací el año en que Albert Camus publicó su novela La peste y comienzo a redactar estos apuntes hoy 5 de diciembre del 2020, confinado en mi casa, ubicada en el corazón de las Américas, día en que mi médico personal me avisa que su secretaria dio positivo Covid-19 y yo estuve ese día en su consultorio haciéndome un chequeo rutinario. Durante horas de suspenso, me dice que se hizo el hisopado y resultó negativo. Volví a respirar, porque todos sabemos que el virus es mortal, en no pocos casos y sobre todo los que nacimos en el año de La peste del escritor argelino-francés, pareciéramos marcados por ese destino.

 

El año de la peste

Después de todo este es el año de la peste, nuestra peste, de las fake news, del olvido de las responsabilidades internacionales de algunas grandes potencias, de la fragilidad humana en todos sus aspectos, de inconsciencia colectiva ambiental, del crimen del Amazonas, y de una necesaria reflexión sobre una especie que pareciera no poner los pies en la tierra. Son tiempos de confinamiento, distanciamiento, silencio, suicidios, hambre, intemperie en su máxima y caótica expresión, también de una urgente solidaridad y trabajo por el bien común. Asimismo, días para apreciar más la naturaleza, el sol, los espacios, la solidaridad, la sostenibilidad, la creatividad, y recuperar aquellas cosas perdidas, como el diálogo interpersonal, con la familia, los libros, la importancia de la casa común, la amistad, aquellas cosas simples como atender un jardín. De esas cosas y más se ocupa la poesía, con su propio abecedario, lenguaje, palabras. Qué tiempos, tierra fértil de científicos, filósofos, artistas y hombres de buena voluntad, viviendo y enfrentando una época distópica, líquida, desconcertante. Los terrícolas parecieran estar ocupados y preocupados por la Tierra.

 

Antiguas como el hombre y su historia

Las pandemias no son nuevas en el mundo, la lista es larga y su antigüedad es milenaria. Antes de Cristo para ser precisos. Murieron millones desde hace más de dos mil años y las pandemias transformaron ciudades, costumbres, modos de vida. La peste negra casi borró del mapa humano el continente europeo. La viruela hace quinientos años acabó con la vida de quinientos millones de personas.

Las pestes duraron decenas de años, una, más de medio siglo, y nunca se intimidaron ante los imperios que devastaron, el romano, el turco y en nuestra época el Covid-19 golpea duro a Norteamérica.

La caída del imperio azteca se debe en parte al azote de la viruela importada desde España, y se dice que afectó mortalmente al noventa por ciento de la población nativa americana.

En la antigüedad las pestes se atribuían a la voluntad divina; Aristóteles, en cambio las identificaba con los cuerpos celestes, mientras que Hipócrates, padre de la medicina, sostenía que el cambio de estaciones y el aire provocaban las pestes en las regiones cálidas y húmedas. Un ejemplo moderno, a nuestro alcance, con las características descritas por Hipócrates, ocurrió en la llamada Zona del Canal de Panamá, con el famoso mosquito conocido como Aedes aegypti, transmisor de la fiebre amarilla, el dengue y la malaria. Fue una verdadera pesadilla para los constructores franceses del canal en una primera etapa.

Ahora, nunca habíamos sabido de la existencia de un virus fantasma, invisible, tan oportunista, transformista, camaleónico, como el Covid-19, y que aún no conocemos su origen, porque las afirmaciones e interpretaciones son tan extensas como la Muralla China.

 

Un tiempo para recobrar

El Covid-19 nos ha hecho sentir el verdadero tiempo, ese que no se pierde, según Albert Camus, y se asume de manera lenta, calculada y morosamente, se pesa como una esencia, que nos deja su fragancia y bienestar. Se detuvo, quizás, un poco en este tiempo, la marcha del tren de levitación magnética, la nave de los locos, ese digitalismo mental que se ha instalado en millones de usuarios que viajan a la velocidad de su propio sonido aunque su objetivo está a unos metros de distancia. Es un mundo de redes sociales —la Babel perfecta—, de predicadores con la única palabra verdadera, gurúes multimillonarios vaticinando, acomodando el futuro, tiempo de hipnosis digital, de políticos trabajando día y noche con Alí Babá y sus cuarenta cómplices asociados en sociedad. El Ego deambula en su propia galaxia, es nuestro propio virus que se apodera del inconsciente colectivo.

Coincido con algunos autores en que las pandemias ponen más al descubierto el alma humana que el cuerpo. Ahí se reflejan todas las pestes, el mejor espejo para entender un poco más la realidad de la especie que habita, ocupa, invade, desordena, destruye el planeta como si no viviera en él.

 

Babel sin anestesia

Qué época, el cuarto poder, los medios de comunicación, que hoy comparten el primer poder, atraviesan la incertidumbre del mundo digital en Internet —las redes principalmente—, el radical cambio de hábito en la lectura de la nueva generación y de una enorme desconfianza en sus mensajes y también por la crisis económica empujada aún más por la pandemia. No es un tema menor, la prensa busca lectores y al mismo tiempo impone condiciones en Internet para acceder a sus artículos. Esta peste contra los lectores de bajos recursos, aún más feroz en estos tiempos feroces de desempleo, endeudamiento, lanzamiento de las viviendas, hambre, incertidumbre, los medios desarrollan día a día su agenda, registran el mundo que creen ver y se aseguran de que puedan leer libremente los que compran el producto, pagan una suma, adquieren un bien y un derecho. La gratuidad de Internet va siendo un espejismo en la Babel global.

 

El mundo sigue, Diego, Bob, John, Clarice

El mundo sigue, Bob Dylan vende sus seiscientas canciones por unos trescientos millones de dólares, todo pareciera llevárselo el viento, pero siempre quedarán las palabras y la música en el espíritu humano.

Diego Armando Maradona, un genio del fútbol y del espectáculo, un artista en su máxima expresión, un mito planetario, colosal, se fue, en medio de una despedida infinita, y ha quedado el mito y la leyenda, su insuperable presencia, única, irrepetible. Una de las Libretas da cuenta del Diego de Fiorito, el astro que brilla y es polvo de estrella. El mundo ha seguido rodando como una pelota de fútbol, en la magia del botín izquierdo del 10.

Ex militares españoles vuelan como cuervos sobre las esferas del poder, envían cartas a su Majestad, se escucha un silencio real, los viejos soldados han hecho sonar sus clarines del malestar y dirigido encendidas proclamas a la opinión pública y dicen que “no queda más remedio que matar a 26 millones de hijos de puta”. ¿Son tantos?, me pregunto; la población es de 47 millones. ¿Más del 40 por ciento lo son? Se calcula que en la guerra civil española murieron más de quinientas mil personas.

Este diciembre es el año del 40º aniversario del asesinato en Manhattan de John Lennon, fundador de Los Beatles, incansable luchador por la paz del mundo, un artista que puso a soñar a toda una generación y luchó por un planeta mejor. Hoy es una leyenda.

También se conmemora por estos días el centenario de la mítica escritora brasileña de culto Clarice Lispector, quien no sólo dejó una obra importante para la posteridad, sino que acuñó una frase magistral: “Soy tan misteriosa que ni yo misma me entiendo”. Bella, de origen judío ruso, su traductor inglés, Gregory Rabassa, la retrató para la historia: “Si Kafka viviera, fuera mujer y brasileña, si Marlene Dietrich escribiera…”. Un cumplido que cubre todos los espacios y tiempos. No por nada, su perro se llamaba Ulysses.

 

Estas pequeñas pinturas trágicas

Y en este tiempo de huracanes, la estoica Centroamérica sufrió las consecuencias de la naturaleza y han quedado cuatro millones de damnificados. Ya comenzaron a salir las columnas de inmigrantes devastados por la pobreza y la vida, a oscuras por las carreteras, en búsqueda del sueño americano.

El planeta se ve hermoso desde el espacio, hay descripciones que superan a la poesía, pero al bajar de la nave el mundo se identifica con el espanto. ¿Será este contraste que lleva al hombre a buscar otros mundos para habitar y emponzoñar su entorno?

Son pequeñas pinturas del 2020 que retratan el paisaje de estos tiempos distópicos, y si atendiéramos todo lo que ha sucedido, no habría páginas para llenar tanto silencio, dolor, impotencia, tristeza y coraje. Pienso en Chile, / la rebelión de un pueblo digno, / en medio de dos eclipses, / norte y sur, /de su geografía / en un breve tiempo humano, / sea la luz en la oscuridad, / digo, / que radiante / se aproxime.

Que los grandes medios hagan sus propios balances, enumeren en un gran listado los hechos más relevantes, privilegien a su manera los acontecimientos, les den prominencia, relevancia, ignoren, muchas veces los más trascendentes, para eso son dueños de sus páginas, aunque no de la historia. El mundo se ha hecho más pobre económicamente, pero que no sea de espíritu.

 

Consigna 2020

Salvar el pellejo,
indispensable,
en estos tiempos.
Distanciamiento,
físico y verbal.
Salvar el cuerpo
y la belleza,
en medio
de la tempestad.
Sobrevivir, sobrevivir,
el verbo y la palabra,
una y otra vez.
Vivir la burbuja
y la soledad,
el espacio,
la atmósfera única,
el aire que respira
el aire, tu aire,
un homenaje a la vida.

 

Vivo en una burbuja

Vivo en una burbuja,
solitario,
con mi dócil sombra.
Soy un astronauta,
orbitando mi propia atmósfera,
bajo un sol calcinante
y una luna distraída
que no se perturba
por nada del mundo.
Afuera, pareciera
que va a llover.

 

El limonero crece

El limonero crece
en el fondo del patio,
como tu sombra en la noche.
Nada es más limpio
que el sueño en la oscuridad,
libre en el horizonte
y al despertar crecerá,
como el limonero
en el fondo del patio,
en silencio y libertad.
Cuando recojas sus frutos,
el aroma te llevará
a mis palabras.

 

La sombra de Kafka

La sombra de Kafka,
en la soleada Plaza de Praga,
se sienta a mi lado.
He viajado mucho, me dice,
agotada, pregúntame.
Iluminada por el resplandor,
ha dejado el cuerpo de Kafka,
impecablemente vestido,
erguido sobre las viejas piedras
de la Plaza de Praga, al joven Franz,
que remaba por las plácidas aguas
del Moldava, ejercía la abogacía
y nos revelaba el futuro
con su palabra fantástica,
inocentemente kafkiana.
Larga vida, le dije a la elegante
sombra kafkiana, que me sonreía.

 

La vieja vasija

A mi madre en su 105º aniversario

La vieja vasija
alguna vez tuvo agua,
ese mediodía sonreíamos
a la vida y al futuro.
Como todas las cosas,
el tiempo pasó por ellas
y nosotros indiscutiblemente.
El barro vuelve al barro,
hijo de una misma costilla,
retorna a su origen,
como todas las cosas
que verdaderamente
nos pertenecen.

 

Somos los espantapájaros del futuro

Somos los espantapájaros
del futuro,
esperando una buena cosecha,
alimentarnos con esperanza
como las aves de Dios,
y emprender el vuelo
sobre los arrozales y el trigo,
creciendo silenciosos
en la pradera de la palabra.
Lo que el viento
trae a la noche
son las alas, digo,
el porvenir.

 

Es un mar

Es un mar, siento un mar
en la ventana que trae la lluvia,
pareciera el resonar de las olas,
una playa de la infancia
No deja de crecer
en el caracol
de la memoria.
El agua no cesa en esta oscura noche,
la casa es mi casa,
la ciudad pierde sus huellas,
hay pasos que no se volverán a escuchar.

 

Hoy es 20

Hoy es veinte, un número inolvidable,
pensemos en la belleza de un poliedro,
sus caras en tres dimensiones,
las pirámides,
geometría del misterio.
Las matemáticas lo definen
como un número semiperfecto.
La perfección es para los dioses,
nosotros hablamos de un número base
de la numeración maya.
El 20 sólo se ve impecable,
comienza a llamar la atención,
si se repite como este año.

 

Santiago, mi vieja parroquia

Santiago, mi vieja parroquia.
Oh, señora, resuenan pasos
De un valle de olvidados
En la memoria de los caídos
Que partiendo no se han ido.
Mi pastora de ovejas descarriadas
Amaos las unas y las otras
Al precipicio van balando.
Somos el despeñadero
De nuestros propios actos
Y de voces que lo van anunciando
En estas horas muertas
Que sus fantasmas liberan.
Lobos, a fin de cuentas,
Que no cambiarán de piel.

 

Oración del hombre

La belleza,
si es intocable,
no es belleza.
La palabra,
si no dice nada,
no es palabra.
El silencio,
si sólo es silencio,
no es silencio.
El amor,
si es amor,
nunca dejará
de ser amor

 

Pájaros, pájaros

Pájaros, pájaros,
a sus sueños vuelan.
Alas, alas,
a nuestra libertad
llegan.

 

Veo a Baudelaire

Veo a Baudelaire
en su foto de taimado,
y me mira,
como si viniera
de su primera comunión,
libre de pecado.
Si escribir poesía,
me digo,
con su prodigiosa voz
de albatros herido,
fuera su pecado y condena,
todos debiéramos acudir
a su tumba de profeta,
con flores del bien y del mal,
en señal de admiración,
por tanta poesía.

 

Dibujo tu rostro

Dibujo tu rostro,
no dejas de mirarme,
el trazo sigue su curso
y me digo, vas convirtiéndote
en la realidad tangible
de lo que pudimos haber sido.
La línea se detiene finalmente
en tu boca, me deja sin palabras
Un rostro es un rostro —me digo—
puede perderse en una multitud,
en una estación del metro
y ser reencontrado
en la cicatriz de la memoria.

 

Rutina

Amanece,
me lavo las manos,
alguien invisible
acecha mi rutina,
cubro mi boca,
no dejo salir palabras
que puedan incriminarme,
ni ser mal interpretadas.
En silencio,
abandono mi sombra.

 

Fui anónimo

Fui anónimo,
invisible,
jamás ausente,
quizás algo distraído,
un poco trivial,
nunca cómplice,
prisionero sí,
tal vez,
de unas pobres
circunstancias,
poco poéticas,
podría agregar
en mi defensa.

 

Es mejor compartir

Es mejor compartir
con tu sombra
que vigilar
la de mi enemigo.

 

Hilo invisible

Hilo invisible,
luz de lo desconocido,
tejes en la memoria
un sueño,
algo que pudo
haber sido.

 

¿Hijos de la tierra?

¿Hijos de la tierra?,
más bien del sol
y de la luna,
diría,
astros que nos hacen
más humanos.

 

El alma vino al cuerpo

A Paulina, mi hija

El alma vino al cuerpo,
así, dijo, se recupera una vida,
en vilo estaba, sí, suspendida,
como si ya no viviera,
atada, digo, al aire
que la sostiene.
Si has visto un pájaro
en una rama probando el vuelo,
ya sabes de qué hablo,
no se necesitan más palabras.

 

Fiorito infinito

La vida de un astro
brilla cuando
está más alto
y en soledad,
muere,
es polvo de esa estrella
que cae
silenciosamente.

 

Qué prisas llevan

Qué prisas llevan
las palabras, poeta,
sin rimas, sólo tu nombre,
Ricardo Reis, Álvaro de Campos,
Alberto Caeiro,
como quiera que te llames,
Fernando Pessoa.

 

Viajé en la memoria

Viajé en la memoria de tu memoria,
fue quizás mi pasado,
un sueño por construir la quimera
de aquellos días.
Íbamos en una carretera sin fin,
reíamos, sólo interpretábamos
la promesa de un paisaje,
los días que podrían hacer
posible la realidad.

 

Dos papas

El mundo
no termina
de darse cuenta,
convencerse,
de que tiene dos papas.
Uno espiritual
y otro material.
¿Queda algo
de libre albedrío?

 

Utopía

Utopía, utopía,
no repitas
la palabra,
sigue soñándola.

 

En la noche del poema

En la noche
del poema,
una luz oculta
nos deslumbra,
con palabra ciega.
Habla y nombra,
funda y canta,
es voz de su silencio.

 

La poesía

La poesía
siempre debiera
tener palabras nuevas,
al menos no dichas,
a la hora del desayuno.
Cargar su viejo arcabuz
con pólvora y disparar.

Rolando Gabrielli
Últimas entradas de Rolando Gabrielli (ver todo)

Notas

  1. Letralia editó la primera parte de las Libretas Virales el 16 de septiembre de 2020 bajo el título “Sólo poesía”. Esta es la segunda entrega y casi cierra el ciclo de este annus horribilis 2020, con nuevos textos y un vistazo a la época, que no pretende ser exhaustivo ni un oráculo, apenas un esbozo de un cambio civilizatorio en búsqueda de su paradigma. La poesía indaga con la palabra, reflexiona, bucea, se autointrospecciona y en su examen interior, exterior del hombre, de las cosas que le rodean —ningún asunto le es ajeno—, habla y nombra, funda y canta, es voz de su silencio.
¡Compártelo en tus redes!
Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo