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Descubrimiento tardío de Paul Auster

viernes 10 de mayo de 2024
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Park Slope, Brooklyn (Nueva York)
Fiume se va adentrando en el personaje y se imagina a Auster en el acto de la escritura, pasión de las palabras, en plena vitalidad, disponiendo de verbos y sustantivos, en Brooklyn, allí donde vivía, escribía, soñaba, amaba, en Park Slope. Can Pac Swire

Paul Auster “murió en casa, en una habitación que le encantaba, la biblioteca, con libros en todas las paredes desde el suelo hasta el techo, pero también con altas ventanas que dejaban entrar la luz. Murió con nosotros, su familia, a su alrededor, el 30 de abril de 2024 a las 18:58”. Así reveló Siri Hustvedt los últimos momentos de quien fue su esposo desde 1981.

Fiume tiene sus rutinas como cualquier mortal, hacer sus ejercicios para sobrellevar los dolores del cuerpo, revisar la prensa, poner en alerta sus cinco sentidos para iniciar el día a plena capacidad neuronal. Los acontecimientos locales y mundiales superan la ficción, puede salir el sol a plenitud, brillar con un cielo despejado, pero la humanidad está en un permanente parto de acontecimientos y guerras sin fin.

Hace unos días, que parecieran trasplantados en el de hoy, siempre suceden hechos relevantes que llaman la atención más que otros por su intensidad y carga emotiva. Superando las habituales fake news, Fiume hace un alto, un minuto de silencio por la desaparición física de Paul Auster, un novelista, guionista, ensayista neoyorquino reconocido y querido en todos los continentes.

Antes de estas confesiones, Fiume buscó en su memoria, luego biblioteca, un libro de Paul Auster, y no lo encontró.

Fiume, aislado en el tiempo, sobreviviente de Limbo City, abierto a los caminos de la vida, nunca leyó a Paul Auster y lo lamenta porque los temas de sus novelas son también sus temas. Incomprensible no haberse encontrado en las lecturas de Paul, pero con una vida a la intemperie, sin entorno, a capela, caminando en un desierto verde de la nada, donde la palabra es una mera mercancía, Fiume se cruza de brazos y concluye que se hace lo que se puede, una respuesta y explicación mediocre, tal vez, pero real. Antes de estas confesiones, Fiume buscó en su memoria, luego biblioteca, un libro de Paul Auster, y no lo encontró. Así pasó en estos días, creyéndose justificado, pero el autor se resistió, al parecer, no le dio el gusto de acercarse a su tapa, contratapa, al menos. No es meritorio perder el rumbo de su propia biblioteca y menos un orgullo. Se lo diré tan pronto salga de su conmoción, porque sí es sentimental, lo es.

Fiume es un admirador de una ciudad que desconoce, Nueva York, y digo esto porque yo a él lo conozco bien y sé de su devoción, y cómo vuelve a lecturas vinculadas con la cityA partir de Manhattan, del poeta Lihn, y Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, entre otras pistas que nos llevan a su obsesión por NY.

Nueva York era el personaje principal de una trilogía de Auster, el azar, el amor, la vida a la intemperie, obsesiones también de Fiume, aunque Auster vivía en la city que era su materia prima y lo de Fiume, así lo decía, era una ilusión, un sueño, una metáfora en su vida, la perfecta utopía. Fiume no vive tan lejos de NY, conoce gente que viaja a la ciudad de Whitman, donde estudió Federico García Lorca y donde Woody Allen filmó sus mejores películas. Conoce a un pintor que vive en NY, pero nunca nadie le ha dicho ven a Nueva York, te la voy a mostrar más allá de la postal y nos tomaremos un café en el Central Park, en las proximidades donde un desquiciado mató a John Lennon. Y dejaremos correr las calles, las horas, sus museos, como si Nueva York no existiera por ser tan real.

Paul Auster no requiere una carta de presentación; tal vez Fiume piense que, para él, sí. Fue traducido a cuarenta idiomas y lo más importante, tuvo el aval de sus lectores, la felicidad de vivir el amor y el éxito de su pasión literaria. Una vida íntegra para un escritor buena persona que vivió su tiempo de manera limpia y generosa. Así piensa Fiume después de leer una serie de notas sobre el autor, detenerse en el alma de las palabras, bucear en algunas anécdotas, viajar hacia los días en que comienza y se decide a ser escritor. Fiume se va adentrando en el personaje y se lo imagina en el acto de la escritura, pasión de las palabras, en plena vitalidad, disponiendo de verbos y sustantivos, en Brooklyn, allí donde vivía, escribía, soñaba, amaba, en Park Slope. Woody Allen, piensa Fiume, cree recordar, paseaba con sus personajes por esas calles, y de ahí puede venir más que algún recuerdo, una atmósfera, una rara sensación de un lugar conocido, algo que sólo el cine pareciera poder instalar en la memoria.

Fiume se queda como suspendido en el aire de las imágenes que va soplando el viento como las hojas de un otoño rejuvenecido por el tiempo y los buenos deseos. Nadie lo conocía mejor que su esposa Siri Hustvedt, quien dijo estas palabras que compartimos en silencio: “Como su testigo, amiga, amante, colega escritora y primera lectora (como él lo fue mío), sólo puedo decir que escribía desde las profundidades del sentimiento, desde los espacios de ensueño donde nacen, se desarrollan y terminan los grandes libros. No son los espacios de las convenciones prescritas, de las novelas y memorias que salen de los departamentos de escritura creativa de las universidades de Estados Unidos”.

Gracias, Paul, Fiume.

Rolando Gabrielli
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