XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

El cubo azul

jueves 21 de abril de 2016
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Los amores de ancianos y rapazas, un tema popular para una farsa de gran influencia en el teatro gallego.

Ginés lleva toda la vida trabajando en la empresa. Es una persona a la que le falta apenas un lustro para jubilarse. Es soltero. Tras un desengaño amoroso jamás quiso mantener una relación, pese a haber tenido más de una pretendiente. Después de su trabajo, para llenar ese hueco vacío, dedica el tiempo a escribir. Se licenció en su juventud en Periodismo. Trabajó de corresponsal de guerra para un periódico de tirada nacional. Hasta que un desafortunado accidente, en el que una bomba destrozó delante suyo a dos compañeros, le alejó de las guerras y prefirió quedarse en la redacción, en la sección de sucesos. Suele llegar al periódico después de la cena. Y allí permanece hasta que se cierra la edición. Algunos de los despachos en los que se preparan las distintas secciones durante la jornada se cierran a la llegada de quienes ultiman el cierre del periódico. A los diez, quince minutos, llega una señora alta, rubia, de piel blanca: es la señora de la limpieza. Mientras pasa el polvo, barre, limpia los cristales o coloca las estanterías, deja el cubo de la fregona delante de la puerta. Es un cubo de plástico de color azul. Ginés sabe que mientras está allí el cubo, la señora está limpiando dentro de cada despacho. De vez en cuando mira entre las cortinas y comprueba que sigue allí. Alguna que otra vez se ha cruzado con ella, o la ha saludado porque ha tenido que entrar en busca de algún dato que se ha olvidado dejar en la mesa de la redacción, o ha habido algún error, o se ha traspapelado. Han conversado puntualmente. Se ha fijado en ella porque es una persona de aspecto agradable y trato amable. Es una mujer de mediana edad, atractiva, dulce y de ojos grandes y expresivos. A veces hace por verla y entra en el despacho con el pretexto de buscar este o aquel documento. Conversan y vuelve al trabajo. Algunas noches, que urge el cierre y queda pendiente la entrega de alguna sección, no puede interrumpir el trabajo, pero mira por la persiana y comprueba que está allí el cubo azul. Sabe más o menos a qué hora suele acabar y se acerca a la máquina del café para despedirse de ella y darle las buenas noches. Desde que limpia las oficinas, Ginés acude cada noche a la redacción con otro talante. Se le ve alegre, jovial. Incluso se arregla de otra manera. Como si hubiera recobrado las ganas de vivir. A veces canturrea o silba mientras observa por las cortinas si está el cubo. Ha vuelto a fumar, e incluso se tiñe las canas de negro. La noche siguiente acudió con la misma alegría a la redacción. No la vio llegar. Miraba una y otra vez por la persiana y no veía el cubo azul. Algo más tarde comprobó que estaba la luz encendida de un despacho, pero el cubo era de color rojo. Dejó todo y se acercó con el pretexto de siempre. Se encontró limpiando a otra señora. Contrariado, le preguntó por la compañera: “No está. Creo que la ha trasladado la empresa a unas oficinas cerca de su casa”. Se volvió a su despacho pensativo, taciturno, cabizbajo. Un compañero del cierre de cada noche, le comentó:

—Ginés, le he dejado ahí la nota. ¿Sabe que se reestrena la obra teatral de su paisano Castelao?

—Pues no, no tenía noticia.

—La conocerá usted: Os vellos no deben namorarse, traducida al castellano: Los viejos no deben enamorarse.

—Claro que sí: los amores de ancianos y rapazas, un tema popular para una farsa de gran influencia en el teatro gallego. Y piedra angular de la literatura dramática gallega, que muestra la capacidad teatral de Castelao.

Tras el cierre de la edición, Ginés se volvió a casa dando un largo paseo. Comenzaba a amanecer. Ya estaban regando las calles. Era viernes y algunos jóvenes volvían de pasar la noche de fiesta. El lucero del alba se apreciaba en la cúpula celestial. Mientras caminaba se le vino a las mientes el poema de Antonio Machado, “A un olmo seco”, del que recitaba un verso, musitando: “Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”. Llegó al portal cuando ya la luz del día había desdibujado las penumbras de la noche.

José Ruiz Guirado
Últimas entradas de José Ruiz Guirado (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio