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La vuelta de Humberto Febres Rodríguez

lunes 10 de julio de 2017
Hace veinte años que se marchó Humberto Febres de estos paisajes que amó con la pasión del que sabe de dónde viene y dónde vive. Había nacido en Caracas en el año 1929 y lo despedimos el 19 de febrero de 1997 del siglo XX, en Barinas. Siempre habitó en el misterio de la poesía y la de Alberto Arvelo Torrealba era un asunto de eternos descubrimientos, para goce de su espíritu y los de su cercanía. Tuvo que ver con la fundación y redacción de tres importantes publicaciones: Rocinante, Raíces y Otomaquia, que en su momento, podemos decir, marcaron época en la cultura venezolana; fue profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (Unellez), ingeniero y matemático, pero era la poesía su camino, del que nunca se desvió y supo compartir hasta su último aliento, como un todo, de la cultura llanera que le ocupó su vida entera. Aquí les dejo una breve muestra de su poesía.

Alberto José Pérez
Responsable de la selección

Del libro Poesía
(Fondo Editorial Municipal de la Alcaldía de Barinas, 1997)

Hoy
En este instante
4 y tantos minutos de una tarde de mayo
Sé que estoy vivo
Diáfanamente
Irrenunciablemente
Vivo

Afuera llueve
Los vehículos ruedan
La gente se apresura
Yo los contemplo desde mi balcón de 5º piso
Sonrío viéndolos huir de la lluvia
Enciendo un cigarrillo
Me regocijo ante los apuros de una joven de falda
Estrecha
Mil detalles pequeños
Sonrío porque soy uno de ellos
Y queda rota
Mi infinita soledad
En esta habitación de 5º piso
Ridícula soledad intelectual.

Caracas, 1961

 


 

Pero he aquí que hoy me encuentro alegre
Absoluta
Definitivamente alegre
Y sin que pueda precisar la causa
Todos parecen amables
Y se diría que acaban de pintar todas las fachadas
Y yo ando como volcado hacia afuera
e imagino que mi propia fachada también luce risueña

pero podría perder mi alacridad si persistiera en describirla
y aunque no soy amigo de tristezas
tengo derecho a disfrutar mi pequeño e inexplicable júbilo
sólo he querido dejar constancia.

 


 

Algo hubo de romperse
O vibrar
Ácidos y membranas hicieron su escogencia
Y luego
Como cirios
Como lirios
Como vidrios
Como las nubes altas al garete

Ya el sol salía entonces
Y quizás tú recuerdes
El azul o el color de aquellos días
Quizás en algún pliegue
En algunas de tus vísceras
Permanezca alguna flor de entonces

Lo cierto es que alguna vez naciste
Y estás vivo
Y que eres dueño de todo
Lo que te pertenezca…
¡La propiedad privada se respeta!
Lo cierto es que naciste
Sin remedio
Y estás vivo.

 

La caridad cristiana

Para preparar huevos fritos es necesario,
indispensable, tener huevos; en primer lugar eso,
los huevos. Luego, se les fríe.

Para practicar la caridad cristiana y ganar el reino
de los cielos es preciso tener pobres, seres miserables,
andrajosos, famélicos, hambrientos. Esto es esencial, tienes
que conseguirlos, fabricarlos, importarlos o inventarlos;
es la primera tarea que tendrás que realizar, si tu naturaleza piadosa
te señala el cielo como aspiración máxima, luego… se les fríe.

Caracas, octubre de 1962

Alberto José Pérez
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