Textos y collages: Wilfredo Carrizales
1
Tiempo de la iguana
La iguana se apacigua. Se pone alerta. Su tiempo es de liturgia y ella se abonanza. Recuerda su primer día móvil y a los ojos que la miraron fijamente sin escrúpulos en la estación que era una eternidad.
La iguana se aferra en cada época al tronco de su permanente primavera. Su moranza está exenta de segundos saurios y ella en amores ilícitos es la primera. A lo largo del dorso de su nombre se instala espinas con el objeto de que cuando esté dormida sus parientes pobres le dejen mensajes encajados.
El tiempo de la iguana a veces anda hacia atrás y ella muestra los dientes para roer a los recién descubiertos fósiles de su especie.
2
Tiempo del tránsito del gato
Escapa de una trampa el tiempo del gato y lo impulsa a transitar sin rumbo y a cruzar calles y avenidas. Una mirada infantil lo sigue a todas partes.
El gato salta por encima de los automóviles y aterra sin más a los conductores. Entonces su tiempo es uno despejado que se revuelve en horas que pueden equivaler a semanas.
Atraviesa el gato las vías, temerariamente, y no mira hacia los lados. En ocasiones se confirma así un tiempo que mata sin cortesía.
Se crece el gato en días sidéreos y se aproxima al engranaje que lo embruja y si sale maltratado, se encierra por meses y ronronea para que todo vuelva pronto a la normalidad.
3
Tiempo del corredor
El tiempo del corredor es ambiguo porque la ambigüedad marca su accionar. Con frecuencia trota en rojo y entonces un semáforo en forma de ojos amenazantes lo detiene. A menudo trota en amarillo y causa desconcierto, sorpresa o turbación.
Si el tiempo no se le aclara en la carrera y marcha aceleradamente en sentido inverso, a la sazón logra el corredor que los transeúntes se lleven las manos a los rostros y oculten sus miradas.
Llegará un tiempo que sea exclusivo del corredor y él no se atosigará y madurarán las uvas que nunca ha macerado con sus pies.
4
Tiempo de los disparos
Es apasionado el tiempo de los disparos con armas de fuego cortas y también unitario para la reflexión y apto para hacer desempeñar sonrisas y ocultamientos.
Es aquel tiempo que persiste en las noches, aunque últimamente se hace patente en todo momento y obliga a la cuarentena y a cronometrar las salidas.
De los disparos deviene un tiempo que ciega con escozor de plomo y pólvora y se convierte en crónica que enciende las alarmas de modo efímero y que confirma la eternidad de su mandato de relámpago o de centella que atraviesa una sola vez tus sienes.
5
Tiempo del pingüino tropical
El pingüino tropical se refresca y nos refresca y rememora constantemente su tiempo antártico. Lleva por doquier, a cuestas, su aparato de aire acondicionado, no porque sienta calor, sino debido a una atávica costumbre.
Como el pingüino es inútil para el vuelo, se hace el pájaro bobo y así obtiene pingües beneficios. A su paso los niños le dicen algo y él dice “dijes” y entonces acaece con el tiempo que cuelga sin digresión.
Con tiempo de nubes, el pingüino escenifica un círculo y palpa el vuelo que le es negado. Por ello se piensa, a ratos, perdido y se le alarga la figura en medio de una quietud azul.
6
Tiempo del lápiz que dibuja solo
Perdura el tiempo del lápiz que dibuja solo y él lo aprovecha al máximo para trazar unas precisas líneas y aparece el rostro de la muchacha que toma dictados en dos tonos y que es inflexible consigo misma.
Luego el lápiz agrega la pared de un risco y en el fondo aguas agitadas y sin abusar del prodigio aprehende otro tiempo que es usable para estarcir y así aflora una mano que aplaude y sobre la mano una caricatura que emite veredictos sin intervalos.
Al final, el tiempo del lápiz se nota demorado y él se extiende horizontalmente e imagina una nueva coloratura para la carne.
7
Tiempo de las insólitas mutaciones
Avanza el eterno tiempo de las insólitas mutaciones y un hombre pierde un brazo y en su lugar le nacen alas que bate de inmediato para tratar de volar y no lo logra y sólo obtiene la desaparición de su cabeza y las piernas se le transforman en verdes vegetales y los pies en camarones sonámbulos en busca de corrientes.
Y el tiempo mismo muta en amarilla estrella que riega su única planta seca de jardín y la oscuridad se va apoderando de todo el ámbito y se le pone precio para tratar de amedrentarla y solamente se consigue que se desprendan plumas y hojas encima del billete que se usaría para la transacción.
8
Tiempo de la receta cerúlea
El tiempo de la receta cerúlea constituye un tiempo controversial, complejo y confuso. Viene cargado de detalles y mujeres en estado de gravidez en procura de calcetines bicolores y de lana de alpaca y corazones blancos que lanzan al espacio brazos musculosos para hacer ejercicio adicional y ladrones de neumáticos de automóviles en marcha y perros entrenados que descienden desde el firmamento para ahuyentar a los cacos y damiselas que posan permanentemente de perfil para fotógrafos que nunca aparecen, pero que sin embargo les han comprado zapatos último modelo y un telón azul, infinitamente de añil, acijado, con polvo puro de zafiros para mejor azuzar a la meteorología.
9
Tiempo de la domadora de gatos
El tiempo de la domadora de gatos resulta un periodo que se gasta en amansar a los felinos domésticos que se niegan a danzar en parejas porque odian la música y sólo desean estar echados sobre un muelle cojín soñando con filetes de ratones gordos y la domadora debe sacar paciencia de sus gastados riñones y con brutal decisión imponerse a los nombrados mamíferos con la amenaza de una espada y de esta manera el decurso de su faena se vea coronado con el éxito y los maullidos de asentimiento de sus díscolos gatos.
10
Tiempo de la santa que reparte flores
El tiempo de la santa que reparte flores apremia y se adelanta no vaya a ser que los colores de los ramos consecutivamente se trastornen, con el consiguiente escándalo por parte de los santos peregrinos que verían humilladas sus luengas barbas y al punto la santa se entristecería y tendría que cubrirse toda la cabeza con un vendaje muy a propósito para pasar de incógnito entre las beatas y los creyentes congregados permanentemente al pie de la pila de libros sagrados escritos en sus ratos libres por la santa, quien en el ínterin aprovecharía para cortar furtivamente unas flores con mayor fortaleza y lozanía del arriate del obispo y a renglón seguido ella comenzaría a entrar en el ciclo de la perpetuación de su imagen, libre de avispas, moscas, abejorros y demás insectos fastidiosos y zumbones.
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