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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Del diario de la señora Mao

• Lunes 28 de mayo de 2018

“Del diario de la señora Mao”, de María Teresa Ogliastri1

La imagen de la señora Mao, cuyo nombre era Jiang Qing, y su pandilla ante un jurado, y la de un joven chino en medio de la plaza de Tiananmen para evitar el paso de un tanque de guerra, quedaron grabadas en el inconsciente colectivo global. De esos eventos emerge un largo poema convertido en libro por María Teresa Ogliastri.

Del diario de la señora Mao (bid & co. editor; Caracas, 2012) es una “biografía” en la que la autora detalla algunos eventos acerca de la personalidad de este personaje, también conocida como Madame Mao, quien, luego de la muerte de Mao Zedong, conformó la famosa Banda de los Cuatro en 1976. Un mes después del fallecimiento del líder chino fue detenida y condenada a muerte, pero se le cambió la pena por cadena perpetua. Murió en 1991 de cáncer de tráquea.

Lee en Letralia extractos de Del diario de la señora Mao, de María Teresa Ogliastri.

En 1989 la juventud china se levantó contra el régimen comunista: exigía libertades democráticas, pero las autoridades repelieron las peticiones callejeras y provocaron varios muertos. La imagen del desconocido que se detuvo frente al tanque forma parte de estas páginas, de soslayo, pero toca de alguna manera la fibra política que contiene este libro, más allá de que se trate de un perfil psicosocial de quien en el pasado llegó a ser ministra de Cultura y provocó uno de los más terribles crímenes contra la humanidad en ese inmenso país asiático mediante la persecución, asesinatos y encarcelamiento de quienes tuvieran algún contacto con la cultura occidental.

 

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¿Qué hace la poesía en estos asuntos? ¿De qué manera entra en este personaje y que interés podría tener para el lector? La lectura del poemario nos entrega a una mujer cuya perversión, fanatismo y control sobre la población son una muestra de que la poesía puede desnudar no sólo ese rostro sino lo que el mismo rostro oculta más allá de su impiedad.

Madame Mao fue parte del terror de aquella nación que aún permanece presa del atavismo de un hombre que transformó a China de una nación desconocida y lejana en una potencia cercana que desafía los destinos de la humanidad a través de sus políticas.

Pero la pregunta aún necesita una respuesta: ¿qué hace la poesía en el espíritu de este personaje? La poesía no tiene la respuesta y tampoco quien elaboró las imágenes para hacer de este largo poema un testimonio íntimo, personal, del cual saldrá conmovido el lector.

Cada texto es un relato de quien alcanzó el poder, y quien desde su juventud buscó tenerlo luego de cuatro matrimonios. Con Mao Zedong logra llegar a la cumbre, de la cual cae estrepitosamente gracias a los que fueron sus amigos y funcionarios del régimen que operaba en Beijing bajo la mirada oblicua de uno de los líderes más terribles paridos por la historia contemporánea.

 

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¿Qué podría significar salir conmovido de este libro? Cada gesto de Madame Mao significaba la muerte. Su paso por el poder durante la Revolución Cultural representa una extensa cicatriz en la historia del pueblo chino. El lector podrá sentir el odio, pero también lástima por un personaje que recorrió todos los sentimientos. Que se valió del poder para evacuar el disimulo o la maldad frontal, para develar su biografía a través de su niñez en la que no faltaron acciones que la marcaron para siempre:

Sentí el piquetazo // el dedo entre medusas / inerme // petrificado / el cangrejo graba los ojos // mi abuelo lo ensartó en un palo / para que perdiera el miedo // le dije mátalo / la ira es un placer // bajo las vendas el odio nace con el sol // mi abuelo liberó al cangrejo que volvió a la arena / como si supiera que con mi dedo / taparía los orificios de las cuevas // desde entonces no conozco la piedad.

La metáfora de su dedo trazó con uña de hierro la piel de quienes no se ajustaron a sus mandatos. Mató, enjuició y humilló, y así quedó registrado en los libros de historia de la época. Su juicio fue todo un evento noticioso, como fue la imagen del desconocido frente al tanque en la ancha avenida de Tiananmen.

 

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Ogliastri toma para ella el personaje y se mimetiza: lo hace parte de su existencia. Reconstruye en primera persona a quien habrá de ser también un espíritu inquieto e incómodo en el fondo de cada lector. Nadie escapa de ser la señora Mao. Su ambición, aquella que la hizo decir “ni sierva ni manceba / seré emperatriz de China / con súbditos y vasallos a mis pies / cien mil cabezas caerán a mi izquierda / y diez mil a mi derecha / y si mi mano temblara / la cortaré”.

El poema, impecable en su transparencia, nos entrega a una mujer sin ningún vestigio de piedad. Desde su niñez, desde su adolescencia, la amargura trazó el texto de su vagar por el mundo en busca de ese poder, y todo porque sólo una vez vio sonreír a su madre: “ese es el recuerdo más antiguo que tengo del amor”.

Despojada de alguna mampostería verbal, Ogliastri se pasea por un ser humano que soñaba, que aspiraba a llegar muy alto, quien tenía en la fantasía la presencia de animales fabulosos en contraste con “un árbol sembrado en el agua es un Buda / sonrisa iluminada / lleva allí cientos de años / y cada primavera florece para purificar / su ira en el espejo”. Su ira, no la de Buda.

La figura del padre también jugó un papel importante en la moldura de su conducta. La voz de la poeta encarna en la de Jiang Qing y queda como una mueca de dolor en cada verso que pronuncia:

Mi padre era un carpintero / que deseaba un hijo varón / decía / la mujer el pasto / ha nacido para pisotearla (…) te he comprado un esposo.

Superado el feudalismo de su crianza, sobrepasada la historia de su primera enfermedad familiar, no deja de contar sus amoríos con los tres primeros hombres con quienes se desposó.

En China, como en Japón, los pies femeninos formaban parte de una especie de mitología. Para Occidente, se trata de fetichismo. Para ellos, de una conducta social que hacía de las mujeres objetos como fórmula de dominio: debían fajárselos para que no les crecieran. Se deformaban y provocaban una manera muy particular de caminar. Los pies representan una poética en este libro de Ogliastri porque el sujeto de su creación así lo exigió: “Cuando el cliente entra a la casa / pide los pies de la doncella dormida”. Y aunque ella se negó, “un pequeño entrenamiento de maldad / (que) purificó mi corazón”.

 

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Sueños, visitas del pasado de algún dios o princesa, el exilio en la Ciudad Prohibida: detalles, trazos de su existencia hasta convertirse en lo que llegó a convertirse.

Como si se tratara de un relato por vivir, aparece en el libro la imagen ya anunciada antes:

El día de limpieza de las tumbas / dejaban poemas en las gradas / de Tiananmen Square // aún se atrevían / a escribir contra mí…

La rebelión civil, juvenil, universitaria, abogaba por democracia: el nombre de Jiang Qing sonaba en las calles como una de las responsables de tantos crímenes cometidos. Desde la prisión, su queja:

mi mano suspendida en el aire / no logró frenar este amasijo de patas / ni impidió que los colores de la violencia / cubrieran de sangre Tiananmen Square.

Sus culpas, sus delitos, su permanente eco, en este texto:

Me he quedado
a merced de la turba

dónde está mi guardia
esos hermosos jóvenes
con ojos de pez

comían mendrugos de mi mano
ahora me desconocen

detrás del filo cortante
que acaricia mi garganta

el zumbido del enjambre.

Los “cuervos hambrientos”, como calificaba a sus detractores, eran los mismos que dejaban de ser plural para en masa denunciar a sus padres. El comunismo como estandarte de delación.

La tildada “la viuda, la tarántula”, no dejó de vociferar estas verdades, aunque haya sido responsable de la costra que aún sigue siendo una carga para quienes continúan sufriendo los rigores del comunismo.

 

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Al final, como en toda historia, la rendición de cuentas. Madame Mao pierde al marido y también su poder. Se lamenta desde los versos de Ogliastri.

hoy cumplo 77 años
debo hablar ante el jurado
es difícil explicar por qué arrastro mi fama
en este carro de estiércol
(…)
dicen que cavé tantas tumbas
que no hay cuerpos suficientes para llenarlas.

La nacida en Zhucheng en 1914 terminaba sus días en casa, liberada porque el cáncer mordía con saña su garganta, como aquel cangrejo que pinchó el abuelo.

 

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La autora del libro, María Teresa Ogliastri, al final de los poemas, en una declaración acerca de la criatura que poetizó, afirma:

Ella es una parte mía y una parte de todos nosotros. La parte que se siente tentada por el abismo. Creo que hacer esto es una forma de política superior. Es lo que Sócrates buscaba al iluminar a los ciudadanos de la polis. La poesía debe ser verdadera y conmover…

Y, en efecto, nuestra poeta lo logra.

Alberto Hernández

Alberto Hernández

Poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). Reside en Maracay, Aragua. Tiene un posgrado en literatura latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar (USB) y fue fundador de la revista Umbra. Ha publicado, entre otros títulos, los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Nortes (1991), Intentos y el exilio (1996), Bestias de superficie (1998), Poética del desatino (2001), En boca ajena: antología poética 1980-2001 (2001), Tierra de la que soy (2002), El poema de la ciudad (2003), El cielo cotidiano: poesía en tránsito (2008), Puertas de Galina (2010), Los ejercicios de la ofensa (2010), Stravaganza (2012), 70 poemas burgueses (2014), Ropaje (2012). Además ha publicado los libros de ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981) y Notas a la liebre (1999); los libros de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994), Cortoletraje (1999), Virginidades y otros desafíos (2000) y Relatos fascistas (2012), la novela La única hora (2016) y los libros de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999) y Cambio de sombras (2001). Dirigió el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (Maracay), donde también ejerció como director, secretario de redacción y redactor de la fuente política. Publica regularmente en Crear en Salamanca (España), en Cervantes@MileHighCity (Denver, Estados Unidos) y en diferentes blogs de Venezuela y otros países. Sus ensayos y escritos literarios han sido publicados en los diarios El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Carabobeño, entre otros. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al portugués y al árabe. Con la novela El nervio poético ganó el XVII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2018).

Sus textos publicados antes de 2015
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