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Juan Sánchez Peláez ante la crítica

martes 21 de mayo de 2019
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Juan Sánchez Peláez ante la crítica

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Ahora que Visor y la Fundación para Cultura Urbana festejan la poesía de Juan Sánchez Peláez al editar sus obras completas, es propicia la ocasión para regresar a los nombres que recogieron su espíritu en un tomo que la otrora maravilla llamada Monte Ávila Editores Latinoamericana entregó a los lectores desde Caracas en 1994.

Juan Sánchez Peláez nació en Altagracia de Orituco (estado Guárico) en 1922. Su nombre frecuenta bocas y oídos tanto en Venezuela como en otras regiones donde se lee en español. Su obra está compuesta por los títulos Elena y los elementos (1951), Animal de costumbre (1959), Filiación oscura (1966), Un día sea (1969), Lo huidizo y permanente (1969), Rasgos comunes (1975), Por cuál causa o nostalgia (1981), Poesía 1951-1981 (1984) y Aire sobre aire (1989).

Las correrías vitales de Sánchez Peláez lo establecían entre la escritura y la bohemia desde la cual construía su universo. Pero la bohemia en el sentido amistoso del término. La bohemia para construir, para crear, para fundar lo que hoy vemos como obra, una extraordinaria pasión convertida en palabras, en poesía.

Desde la Caracas donde materializó su vocación y oficio, Sánchez Peláez supo de los surrealistas y de allí su viaje a Chile para formar parte del grupo La Mandrágora. Pero nuestro autor se recreó en esa corriente al comienzo de su carrera verbal, luego inventó su propia manera de encontrarse con el mundo, con un decir muy particular. No estuvo atado a esa mordaza surrealista, amplió sus posibilidades expresivas y se acogió a la libertad de sus imágenes.

 

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El volumen que publicó Monte Ávila Latinoamericana invitó a muchos escritores que por esta vía celebraron la poesía de Sánchez Peláez. Disímiles opiniones, críticas y razonamientos que hicieron de nuestro autor un poeta mucho más cercano a las generaciones emergentes.

Vicente Gerbasi, Juan Liscano, Pedro Ugalde, Oswaldo Barreto, Elio Mujica, Guillermo Sucre, Adriano González León, Ramón Palomares, César Dávila Andrade, Hanni Ossott, Jesús Sanoja Hernández, Antonio Urrello, Raúl Gustavo Aguirre, Baica Dávalos, Eugenio Montejo, Argenis Pérez Huggins, Ludovico Silva, Luis Alberto Crespo, Fernando Paz Castillo, Humberto Díaz- Casanueva, Octavio Armand, Juan Gustavo Cobo Borda, Antonio López Ortega, Víctor Bravo, Leonardo Padrón, Ennio Jiménez Emán, Julio Ortega, Gabriel Jiménez Emán, Pedro Cuartín, Luis Pérez Oramas, Carlos Rocha y Miyó Vestrini le dieron cuerpo a este homenaje que nuestro país, a través de su emblemática editorial, le brindó a este hombre dedicado a tiempo completo a la poesía.

Todos sus libros, hasta la fecha publicados, fueron revisados en este grueso tomo. Cada autor escogió uno. Voces que se cruzan, voces que cabalgan los títulos de Sánchez Peláez, quienes producen diferentes perspectivas, ángulos de lectura, ensueños, realidades, ritmos, silencios, ausencias y presencias. Una bien tejida trama de estos autores que celebran la calidad poética de Juan Sánchez Peláez, quien sigue siendo reconocido en estos tiempos de convulsiones y cierres de editoriales, librerías y bibliotecas.

 

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Fragmentos tomados al azar de algunos de los críticos para provocar al lector y llevarlo hasta el libro:

Vicente Gerbasi: “En su poesía todo parece ser invención del lenguaje, pero la verdad es que éste está ceñido a una profunda realidad de los sentidos, a una grave resonancia del alma, a una hechizada visión del mundo”.

Guillermo Sucre: “El reencuentro de un poeta con su fuerza expresiva y con los problemas dominantes de su existencia, es siempre indicio de un verdadero ejercicio creador. Reconocemos en Animal de costumbre la veracidad con que Juan Sánchez Peláez ha emprendido ese reencuentro”.

Adriano González León: “Ahora deambula por Sabana Grande. Nuestros agentes practicaron una requisa y encontraron que portaba realmente, como él mismo lo había dicho una vez, ‘el puñal amargo de los taciturnos’. Dolencia del espíritu que no fue curada en los centros formadores de cuadros de París, a la que visitó al fin. Tampoco resolvió nada en Nueva York. Su desacuerdo interior fue esmerilado un poco a través de una ‘Filiación oscura’, donde un purismo idiomático estuvo a punto de desorientar su empresa de fulgor…”.

César Dávila Andrade: “Pareciera que Juan Sánchez Peláez, para escribir ese nuevo poemario (se refiere este autor a Filiación oscura) se hubiese inclinado hacia el abismo más hondo de su genio, descubriendo en su fondo un rostro que sólo él podía resistir e interpretar. Porque la obra que encierra estas páginas nos hace sospechar que en esas simas de silencio de su visión se revelaron ante sus ojos los hilos más tenebrosos y esplendentes de su filiación con aquello que sólo los verdaderos poetas pueden mirar sin enloquecer”.

Hanni Ossott: “El desdoblamiento que ya estaba anunciado en varios poemas de Elena y los elementos logra alcanzar su plenitud en el poemario Animal de costumbre (1959); la subjetividad del mismo, expresada en los primeros poemas, se trastoca por una afirmación directa, podríamos compararla con la de Hesse en El lobo estepario…”.

Jesús Sanoja Hernández: “Sánchez Peláez, que tan pronto aparece por Sabana Grande como desaparece en una calle de Nueva York, ha buscado dejarnos testimonio del tiempo, y para ello ha escogido un título sobreentendido: Un día sea, a sabiendas de que la poesía siempre es”.

Raúl Gustavo Aguirre: “Poema de la poesía en el que podemos detenernos largamente, tanta es su densidad y su riqueza de sentidos”.

Eugenio Montejo: “Una poética se manifiesta siempre en una pluralidad de tonos con los cuales, a la vez que se libra de la monotonía, se verifica a sí misma a través de las gamas de su variación. Su sello vendrá dado, sin embargo, por el matiz prevalente, aquel que aparece más repetidamente o con el cual tiende a comunicarnos un mayor estado de revelación. Tal vez este tono central de la poesía reunida en Un día sea radique en un estado de balbuceo, de decir quebrado, que nos entrega la inmediatez de su palabra poética: ‘Mientras todos cavilan, me arrulla, me arrulla / mi melodía pueril’”.

Nota a los lectores: rastreen, buceen, busquen con mapas, brújulas, binoculares o GPS este libro.

Alberto Hernández
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