“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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El hueso del amor, de Piedad Bonnett

lunes 6 de junio de 2022
“El hueso del amor”, de Piedad Bonnett
El hueso del amor, de Piedad Bonnett (Seshat, 2022). Disponible para su descarga gratuita en la web de la editorial

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La primera mirada pertenece al asombro. El primer bocado del poema se instala y avisa la emoción provocada por sus imágenes insurgentes. La primera línea, las primeras líneas del poema ya son el poema completo. Son la integridad de una creación que se enriquece con el silencio que sigue en el texto. Un silencio que, como afirma Zeuxis Vargas, es poesía “confidencial”, pero no porque hable en susurros sino porque permite que la confesión o testimonio que lleva el poema piense y elabore una reflexión que hace del lector un perturbado, un sujeto atento a los signos que se conjugan para dar pie a un universo más amplio: el texto como completud.

Las primeras palabras son siempre fundacionales, hacen el poema. Piedad Bonnett, en esta antología (El hueso del amor), se recorre íntegra por la densidad y contundencia de sus imágenes, de sus temas, por la capacidad para darle vida al lector que se entrega al poema, en el poema.

La editorial Seshat, en su colección Obra Abierta, libro Nº 20, publicado en Bogotá, Colombia, en 2022, acierta con este volumen que contiene, no el aval cronológico de Bonnett, como afirma Vargas, sino la totalidad de su espíritu poético. La “verdad” de su aventura existencial.

Aquí encontramos poemas de sus libros Las herencias (2008), Nadie en casa (1994), Los habitados (2017), Ese animal triste (1996), Tretas del débil (2004), Explicaciones no pedidas (2011), De círculo y ceniza (1989), Todas las amantes son guerreras (1998), El hilo de los días (1995) y Lección de anatomía (2006).

 

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Esta lectura, la que hago desde el hedonismo, me permite asilarme en los primeros versos de los poemas que de alguna manera tocan la herida de quien se sumerge en este “hueso de amor”, en este “incrédulo milagro” que, desde la mirada inicial, irrumpe como el reflejo de una pasión perturbadora, pensante, reflexiva, hecha para no dejarla ir tan fácilmente de la memoria.

El lector se reconoce en estos versos. El lector alivia su curiosidad desde el dolor que contienen y desde el silencio que podrían testimoniar:

Pinté un perro para que vigilara mi puerta.

 


 

Mi noche es como un valle reluciente de huesos.

 


 

Con el estiércol que arrojan a mi patio / abono yo mis rosas.

 


 

Cambia la realidad / —que fue plena y vibrante— / y seguimos sirviendo a la fábula.

 


 

Una vez fuiste un ángel, / mi más bello demonio.

 


 

No hay cicatriz, por brutal que parezca, / que no encierre belleza.

 


 

Nunca fue tan hermosa la mentira.

 


 

Oye cómo se aman los tigres.

 


 

La primavera es la estación que acoge los suicidas.

 


 

Tengo en el alma un hermano / que a veces viaja en mi sueño.

 


 

Cuando el dolor ha triturado el último hueso de mi noche.

Leerlos de corrido sostiene al lector dentro de un poderoso poema.

Alberto Hernández
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