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Al tanto de sí mismo: conversaciones con Alfredo Chacón, de Carmen Verde Arocha y Alejandro Sebastiani Verlezza

lunes 4 de noviembre de 2024
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Alfredo Chacón
Alfredo Chacón responde sin ambages a las preguntas de Carmen Verde Arocha y Alejandro Sebastiani Verlezza en los quince capítulos de Al tanto de sí mismo, publicado por Eclepsidra. 📷 Guillermo Ramos Flamerich

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Desde la portada del libro, la mirada pacífica de Alfredo Chacón. Un rectángulo nos ofrece la calma de su rostro, la barba entrecana y parte de la cara cubierta por una luz que refresca el cutis moreno del hombre que habla en un libro con los poetas Carmen Verde Arocha y Alejandro Sebastiani Verlezza, a través de una conversación en la que los tres se entrelazan, se entrecruzan para saberle la vida entera a un hombre que ha recorrido el camino de la poesía por más de seis décadas. Un escritor venezolano que hoy es un libro donde desnuda su alma y dice de su condición de escritor, de amoroso esposo, padre y abuelo, pero también de muy afectuoso amigo de todos los que lo saludan y abrazan.

Es Alfredo Chacón, quien vio luz en el estado Apure. Vivió sus primeros años en Puerto Páez y luego recorrió varios puntos de su país y de otros territorios fuera de la frontera nacional, donde se fue formando hasta llegar a ser lo que es hoy: un respetado y muy querido representante de la poesía venezolana. Pero no sólo es poeta, ha sido profesor de la casa de estudios de la cual egresó: Universidad Central de Venezuela.

Se trata de una entrevista donde se unen la informalidad y la formalidad. Donde descuellan la cercanía de los entrevistadores con el entrevistado. Donde se observa el conocimiento que los primeros tienen de la obra del segundo. Se siente que los tres personajes en acción verbal tienen como destino recalar en el muelle de un libro que lleva hoy por título Al tanto de sí mismo, publicado en el año 2022 por la Editorial Eclepsidra en la colección Catedral Solar.

El volumen, bellamente diseñado, consta de quince capítulos en los que el poeta Alfredo Chacón responde sin ambages a las preguntas de Verde y Sebastiani. Se siente en el ambiente intelectual que hay lecturas hondas de la poesía de quien es objeto de indagación. Y Chacón, en un lenguaje que lo define como integrante de una generación que ha acumulado mucha experiencia y conocimientos, se explaya desde su yo personal y el colectivo basado en los tantos amigos y colegas que lo han acompañado en su vida creativa, familiar y afectiva.

 

“Al tanto de sí mismo: conversaciones con Alfredo Chacón”, de Carmen Verde Arocha y Alejandro Sebastiani Verlezza
Al tanto de sí mismo: conversaciones con Alfredo Chacón, de Carmen Verde Arocha y Alejandro Sebastiani Verlezza (Eclepsidra, 2022). Disponible en Amazon

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En la entrevista viajan de un tiempo a otro. Alfredo rememora, recuerda su primera niñez a las orillas del Meta, ese río donde seguramente aparecieron las primeras imágenes, los verbos en movimiento, las reflexiones silenciosas. Seguramente, pudo intuir que Heráclito, años después, estuvo a su lado. De su llano apureño, de Puerto Páez y San Fernando, se va a Los Teques; luego hace la primaria en Maracay, estudia parte del bachillerato en Valencia, pasa a Caracas donde lo recibe la UCV; allí estudia Sociología y Antropología. Y no deja de hablar acerca de sus estudios en París, de su paso por Italia. Es decir, en estas conversaciones está la biografía de uno de los venezolanos que conservan el aliento vital de una historia que poca gente recuerda: los locos años sesenta, pero también los cincuenta cuando el autor comenzó a deletrear el mundo de su imaginación. Nos habla Chacón desde las preguntas de Carmen Verde y Alejandro Sebastiani con la entereza de su labor como creador, docente, investigador y amante de la humanidad. Su expresión reflexiva, lo que hace que su poesía haya sido calificada varias veces de hermética, lo traduce en un autor que se diferencia de muchos de los poetas venezolanos, como en una ocasión se lo hizo saber el poeta Fernand Verhesen.

 

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(Me hago de un espacio para hablar de mi relación con Alfredo. Sabía de él desde mis años de liceísta. Pero lo conocí personalmente en el Celarg. Subíamos dos personas en un ascensor. Una era Alfredo Chacón y la otra mi persona. Entonces, le dije: “Paisano Alfredo Chacón”. Él me sonrió y me le presenté, creo que de manera muy tímida. Íbamos al mismo lugar: a la sede de la presidencia del Celarg encabezada por mi amigo Eduardo Casanova. Ese día conocí a don Isaac J. Pardo. Me sentía que estaba en el Olimpo. Años antes, en la antigua sede del Celarg, conocí y entablé amistad con José Vicente Abreu, Carmen Mannarino y Manuel Bermúdez. Es decir, entre llaneros de Guárico, Barinas y Apure. Desde ese día del ascensor me considero amigo de Alfredo Chacón, a quien tanto quiero).

 

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Este era un libro necesario, porque si sabíamos de las publicaciones de Alfredo Chacón, ahora nos enteramos de las aventuras viajeras de un hombre que logró casarse cinco veces y terminar sus relaciones en paz, con las ex esposas como amigas. Se entera el lector de las amistades iniciales de Alfredo, de aquellos jóvenes Oswaldo Trejo, Alfredo Silva Estrada, Roberto Guevara, Ida Gramcko, Elizabeth Schön, Sonia Sanoja, entre otros tantos que aparecen en esta jornada verbal convertida en entrevista, en una biografía en la que Alfredo no dejó nada oculto.

La historia, el relato de Alfredo, comienza con la familia, con el padre, con la madre, con los vecinos de Puerto Páez. Pero luego con los tíos y los primos en otras entidades. Es decir, nuestro personaje estuvo rodeado de todo el afecto que él siempre les ha demostrado a quienes lo rodean.

Este es un inventario en el que no sólo Alfredo habla de su Curiepe, su libro prueba, su libro universitario, su libro genésico, sino que los entrevistadores se muestran ávidos de saber todo lo que Alfredo podría “esconder”, cuestión que no ocurre, toda vez que Alfredo se desnuda totalmente y muestra su existencia plena.

 

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Luego del viaje con los tres en una nave donde el tiempo es un soplo, como afirma Roupnel, citado por Bachelard: “El tiempo sólo tiene una realidad, la del instante”, aparecen, al final del camino, un corto ensayo del Chacón juvenil sobre el pintor Feliciano Carvallo, publicado en el diario El Carabobeño el 31 de agosto de 1953, a propósito de los veinte años del periódico valenciano. También un trabajo crítico de Rafael Castillo Zapata donde afirma que Alfredo Chacón trabaja una “poesía pensante, una poesía hermenéutica..., una poesía reflexiva, fenomenológica en el más amplio sentido de la palabra, puesto que sigue el mandato del maestro cuando le pedía a la filosofía ir a por las cosas...”.

Por su parte, Fernand Verhesen habla de “La muy grande discreción de su lenguaje”, al referirse a los versos del poema “Saloma”. Daniel Bourdon califica la poesía de Chacón de “pacientemente inmediata”.

Su hija Claudia Chacón Tofano lo ve “diáfano, en correspondencia clara y directa con su idea de que somos poema o, más exactamente, que podríamos llegar a serlo si nos atrevemos”.

OneChot, su hijo, dice de él: “Es un ser de levedad absoluta y de profundidad incalculable...”, cuestión que demuestra tanto en la vida cotidiana como en la vida poética.

Carla (Chacón) Tofano afirma: “De mi padre me quedo para siempre con las posibilidades infinitas, las palabras por ser dichas, los abrazos por ser apretados...”.

Y así, quienes lo conocen o conocemos sabemos que todo lo que está en estas páginas le rinde honores: Alfredo Chacón es un señor poeta y un caballero de la amistad.

Alberto Hernández
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