
Qué voz, qué vaso húmedo / contendría el sonido de su entraña.
Eunice Odio
La biografía de una voz desde otra voz, la que ya no está, la que sigue estando, la que no desaparece porque su eco se revela en las palabras de quien reencarna en la imagen y esencia de ese cuerpo y ese espíritu que por años estuvieron cerca, al lado preciso en el instante preciso. Y quien escribe la primera parte de esta memoria la denomina “Autoficción con Alicia Perdomo H.” para destacar que Alicia está allí en su voz, protagonista de una ausencia que abreva en el duelo, en el dolor, pero también en la creación de un espacio para que esa voz siga siendo la de las dos: la de Dinapiera Di Donato, quien se ficciona, y la de la presencia invisible de quien continúa siendo imaginada, viva, en la crónica del presente, de todos los tiempos presentes.
(Quien lee con la atención del duende podrá darse cuenta de que está frente a una novela, una extrañeza que fabula sobre sí misma, tanto que para sostener esta tesis el lector se vale de esta expresión de Alicia Perdomo Hernández, tomada de La ritualidad del poder femenino: “De eso se trata la metanovela, del resultado [o la síntesis] de la novela misma”.
Esta sucesión de parodias, de encajes, del tejido que nuestra autora nos ha aportado en estos días, define igualmente un sistema literario del cual se desprende la presencia/ausencia de una mujer, heredera de una memoria: Alicia Perdomo queda plasmada en la textura de Dinapiera Di Donato).
Y luego, un largo rato después, los versos: la vida en su sintaxis, dilatada por cada oración donde se vertebra la memoria: el cauce de una vida, las tantas aventuras, el rigor de un personaje que ambula por las páginas y respira, habla desde el ánimo de quien la invoca.

La poesía sin ambages. Alicia presta a emerger de las páginas y encararnos.
A partir de 2020, personajes en que la voz dice crear “este recurso nemotécnico / con el que hago planas inútilmente”.
Y las planas, los versos, la salud, la vida, los paisajes, la gran ciudad, el pasado, los recuerdos, el río que quedó atrás, y así: “No retengo no proceso no termino lo que empiezo”, como si haber hecho todo lo que plasmó en estas páginas no representara nada.
La pérdida, las pérdidas:
Esto se ha ido
Ellos se han ido.
Abreviar el destino, la realidad. Por eso:
Poesía // quédate un poco más // voy a estar despierta...
Este cuaderno de versos, este compendio de saudades, de revelaciones, de encuentros con ella misma, con el ella que está en la otra, se resume, se extiende, relata el día a día, hasta la ausencia, tan sentida como la misma presencia de quien ha logrado reencarnar en estas páginas.
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La ausencia es una presencia que se activa con la memoria, que se reafirma como memoria. Somos ausencia en la medida en que nos desprendemos del recuerdo.
La muerte, en consecuencia, nos remite a la presencia activa de la ausencia, ese personaje que nos habita.
Dinapiera Di Donato crea un espacio para relatarse desde Alicia, con Alicia y para Alicia: allí radica la creación de su personaje, de su yo narrativo, viajero, a través de la ausente.
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La muerte, la pena que ocasiona la ausencia, construye el discurso. Ese que Dinapiera nos entrega en este duelo, en este libro que congrega toda la fuerza de los afectos.
El libro, biografía, narración, novela, crónica, invención, autoficción o poemario, es un mosaico de voces. La de Alicia concentrada en la tesitura y tonos de Dinapiera, las de Miguel Gomes, quien ahonda en el espíritu gramatical del duelo, en el prólogo; Alejandro Varderi, quien en el epílogo refleja a Alicia Perdomo en un espejo, y José Pulido, quien en la contraportada hace poesía con la fuerza de su vocación como indagador de sueños.
En prosa y versos, entre el cielo y la tierra: una traducción reveladora de una mujer que pasó por el mundo y dejó su sabiduría en medio de un silencio escandaloso, en un país donde es más pertinente un grito que una caricia.
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Dinapiera se reinventa con Alicia. Es ella, Alicia, mediante el artefacto de la literatura, pero sobre todo a través de un inventario de sus dones, de su humanidad. Es ella en una primera persona que podría ser una segunda o una tercera mientras llueve en Nueva York. O en Upata.
Quien entre en este libro sabrá que una escritora se desdobla en ella misma desde la creación de la otra que la aviva.
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La estructura de la obra sugiere un viaje, una metáfora en la que lo sugerente y lo sugerido se acoplan como un eco, desde la imaginación, desde lo que se concibe como ensueño, desde lo que no se puede prescindir.
Bien lo deja dicho Miguel Gomes: “Todo esto tiene relevancia para dialogar con El libro de Alicia, porque creo que en su lenguaje se reproducen discrepancias, enfrentamientos, en medio de los cuales un sujeto anímicamente herido intenta recuperarse a sí mismo asimilando en su expresión la causa de su padecer, que es una privación o una ausencia”.
Por su parte, José Pulido se pregunta: “¿Cómo se puede vivir sin recordar lo amado?”. Y afirma: “Lo que se convirtió en cotidianidad amada, aire de respirar amado, toques amados en la puerta, salidas y llegadas, ascensores de amar, escaleras de amar, bulevares prolongándose en el corazón: es inocultable como una montaña”.
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He aquí toda una vida. “El sonido de su entraña”. Toda la vida. O parte de una vida compleja y a la vez cotidiana. Desde el acento de Dinapiera nos llega el de Alicia Perdomo H., quien fuera una de las voces críticas más hondas de nuestra literatura. Una de las más audaces. Aquí está, viva, en boca de Dinapiera Di Donato.
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