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Tramas cruzadas, destinos comunes, y Destinos portátiles, de Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández

lunes 9 de marzo de 2026
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Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández
Sebastiani Verlezza (izquierda) y Salas Hernández hicieron una instantánea de la poesía venezolana en estas dos muestras que representan un viaje por los tantísimos versos que han paseado por la imaginación y la han transformado en más imaginación.
“A la hora de preguntarnos cuáles presupuestos sostienen la actividad compilatoria de esta antología, nos percatamos de que, en primer lugar, se imponía decidir que no consiste...”.
Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández: “Apuntes sobre el método”.
“Si hubiera que hacer una lista de libros de poesía o de los poetas que han motivado mi ejercicio poético, ésta tendría que ser interminable (...). Existen poemas que, por su naturaleza misma, piden a gritos ser leídos como una poética”.
Alberto Blanco (poeta mexicano)

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Dos maneras de pasearse por la poesía venezolana, la de los contemporáneos, los que nacieron entre 1949 y 1977 y la de los que ya forman parte de las más cercanas voces, la de la década de los años 80. Tejido de voces recogidas por Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández, quienes comparten prólogos y epílogos que nos muestran la calidad de su escritura y el esfuerzo en haber seleccionado tantas voces dispares, tantas maneras de decir de ambos tiempos, de ambos paisajes cronológicos. Es también una forma de sentir el cómo de una tierra que se sostiene sobre una poética igual dispar, entrañable en tanto en cuanto juego de tonos, colores y sonidos que se diversifican en la medida en que se siente o deja de sentir la realidad, esa inepcia que a pesar de todo nos nutre, nos muestra o nos oculta.

Estos dos libros, estas dos muestras, estas dos edades, representan un viaje por los tantísimos versos que han paseado por la imaginación y la han transformado en más imaginación. Por supuesto, toda muestra no representa la totalidad de lo que se escribe en el país. En este trabajo se confirma una vez más que el país es un hervidero de ecos que se miran desde la perspectiva, calificación o presencia de los autores.

El país que nos habla desde la poesía se podría definir como una poética interminable: el silencio que atañe a los ángeles. La poesía es un precipicio, un abismo que nos lleva de la mano a asomarnos a él, al modo de Ezra Pound, al modo del sonido que causa el silencio en medio de una algarabía, de una tramada algarabía.

Estas muestras son una marca indeleble de lo que dibuja como autores a quienes han sido seleccionados: una escogencia que habla bien de quienes se alistaron en esta aventura de leer a los contemporáneos y a los más recientes, poetas también que no han dejado de producir sus obras en medio de la ausencia, este exilio y este insilio convertidos en tramas cruzadas y en destinos portátiles.

 

“Poetas venezolanos contemporáneos: tramas cruzadas, destinos comunes”, selección de Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández
Poetas venezolanos contemporáneos: tramas cruzadas, destinos comunes, selección de Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández (Común Presencia, 2014).

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Salas Hernández precisa en el prólogo del primer libro que se trata de voces de toda especie, índole y confesión, es decir, una suerte de coral, de polifonía en un clima portátil, en una estación en la que se avista “una zona para que ocurra lo imprevisible. Es, paradójicamente, un misterio calculado”.

Cruce de caminos, verbos imbricados, tramas y trazas en enjambre: “un encuentro, una colección de asombros de voces consagradas junto a menos conocidas: todas forman un tejido, un mismo destino”.

Por su parte, Alejandro Sebastiani Verlezza, en el epílogo de esta primera selección, habla de vidas cruzadas, de muchos destinos que “entran en las más insólitas fugas. Una constelación. Ellos son los que le ponen música a la tribu y saben inquietar orígenes diferentes”. Apunta Sebastiani Verlezza que son poetas de las migraciones, de la prosa, la meditación, la angustia.

De manera que tanto Salas Hernández como Sebastiani Verlezza emprendieron esta tarea de recopilar la poesía de sus contemporáneos para verse en ellos, para sentirse en ellos, en una suerte de viaje verbal en el que la escritura se añade a la persistencia en medio de un país dislocado.

Entre los autores que aparecen en este primer trabajo están Julieta León (1949), Santos López (1955), Luis Alejandro Contreras (1955), María Auxiliadora Álvarez (1956), Maritza Jiménez (1956), Verónica Jaffé (1957), Beverly Pérez Rego (1957), Dinapiera di Donato (1957), Nidia Hernández (1957), María Antonieta Flores (1960), Luis Pérez Oramas (1960), Patricia Guzmán (1960), Teresa Casique (1960), Arturo Gutiérrez Plaza (1962), Alfredo Herrera (1962 ), Carmen Leonor Ferro (1962), Miguel Marcotrigiano (1963), Claudia Sierich (1963), Gabriela Kizer (1964), Hernán Zamora (1964), Jacqueline Goldberg (1966), Gina Saraceni (1966), Luis Moreno Villamediana (1966), Alexis Romero (1966), Luis Gerardo Mármol (1966), Carmen Verde Arocha (1967), Eleonora Requena (1968), Ruth Hernández Boscán (1970), Luis Enrique Belmonte (1971), Roberto Martínez Bachrich (1977) y Erika Reginato (1977).

Ese enjambre de nombres y poemas cruza sus destinos en una comunidad de voces que continúan, la mayoría, escribiendo, trazando rutas, cruzando puentes, atravesando nubes, revelando sonidos, arrancándoles silencios a las palabras.

 

“Destinos portátiles: muestra de poesía venezolana reciente”, selección de Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández
Destinos portátiles: muestra de poesía venezolana reciente, selección de Alejandro Sebastiani Verlezza y Adalber Salas Hernández (Vallejo & Co., 2015).

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En el segundo momento poético, un prólogo de Adalber Salas Hernández, bautizado con la fórmula Destino = glocal + portátil, da cuenta de un país que ha sido catalogado de movible, de mudable, de ser una instalación, una tarima. Un destino global y local, portátil. Desde esa perspectiva, desde ese lugar posible, nuestro prologuista se va al pasado remoto y encaja luego en autores como Adriano González León, José Ignacio Cabrujas y Rafael Cadenas, quienes afirmaban que Venezuela es un “país portátil”, “un campamento” y un “fracaso”, alternativamente, para no desviar el curso de esta corriente genética e histórica que nos ha engendrado. Según Salas Hernández somos una mirada doble, un país de dos caras, jánica, bifronte.

Por su parte, Alejandro Sebastiani Verlezza, en epílogo titulado “Voces andantes”, reafirma que estamos ante la voz de una permanencia, “morimos con ella en su interior, sin importar cuántas veces debe transformarse”. Dice que es una voz, si bien plural, diferente, “esencia del otro”.

Son, en consecuencia, “voces andantes”, transmigrantes, locales, nacionales, internacionales, ahora conjuradas por la emigración, “cuya fuerza está, justamente, en que no renuncian a ser también voces por andar”, y como muchos de los contemporáneos, surcan aguas, cruzan fronteras o se alojan en sus pueblos y ciudades en medio de sueños y tormentas.

Si el primer libro habla de “destinos comunes”, éstos, los más recientes, pertenecen a “destinos portátiles” porque siguen siendo movimiento, traslación, lejanías, cercanías vecinales, climas diversos, acentos y sabores que llevan a crear una poesía novísima, activada por el acontecer de un país a la deriva.

Los protagonistas de este segundo viaje son Franklin Hurtado (1985), Jairo Rojas Rojas (1980), Néstor Mendoza (1985), Francisco Catalano (1986), José Delpino (1981), María Ruiz (1984), Lorenzo González-Alcalá (1987), Alejandro Castro (1986), Víctor Manuel Pinto (1982), Raquel Abend van Dalen (1989), Ana Lucía de Bastos H. (1983) y Florencio Quintero (1980).

El destino —sin lugar a dudas— es el mismo: transitan por un país portátil, cruzado por las emociones y los desgarramientos que la poesía puede traer consigo. Destinos comunes, destinos trasladables, desarmables.

 

(***)

 

Recomendable añadir algunas ideas acerca de los apuntes sobre el método para realizar este trabajo compilador. En tal sentido, Sebastiani Verlezza y Salas Hernández destacan:

...la poesía sopla donde quiere y las antologías —es decir, las colecciones— suelen ser circunstanciales, variables, y están influidas por los vaivenes del gusto, siempre difícil de disciplinar, aun en los casos donde se imponen con más vehemencia los dispositivos más ortodoxos del pensar y sus trampas por darle traje “objetivo” a sus caprichos...

Unas líneas más abajo, precisan:

Así pues, la actividad antológica se perfila, para nosotros, como la preparación de una cartografía provisional —“ensayada”— sobre territorios desconocidos (...). Concebimos esta antología como una intervención lúdica en el campo de la poesía venezolana. Nada de pretensiones enormes, monumentales, solemnes, abarcantes...

Alberto Hernández
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