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Vuelve Gabo, con la música de Bach

miércoles 6 de marzo de 2024
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“En agosto nos vemos”, de Gabriel García Márquez
En agosto nos vemos no se parece a ningún otro libro escrito por Gabriel García Márquez —según Rodrigo García—, lo que también les animó a publicarlo.

Es tan fácil triturar un documento y, si no confiamos en una trituradora, existe el fuego desde hace cientos de miles de años. Lo cierto es que Kafka inició este rito de mandar a quemar sus libros, aunque él también pudo hacerlo y no dejarle esa pesada carga de conciencia a su amigo Max Brod. Afortunadamente los hijos de Gabriel García Márquez y Max Brod no cumplieron con el deseo de dos autores magistrales, que probablemente no tuvieron la intención de que alguna de sus obras desaparecieran físicamente. A García Márquez le unía al autor de La metamorfosis precisamente la lectura de ese libro que, según él, le disparó la imaginación en una nueva manera de ver y hacer literatura.

Probablemente el autor de Cien años de soledad había caído en su propio laberinto en sus últimos tiempos como alguno de sus personajes para tomar una decisión final drástica, pero la obra estaba allí y había dicho a uno de sus hijos que la noveleta en curso, de poco más de cien páginas, ya tenía un final, y así lo acredita un manuscrito de puño y letra de su autor. Editar un libro que tenía cinco versiones inconclusas, sin el deseo de su autor, les llevó diez años de reflexión a sus hijos Rodrigo y Gonzalo García Barcha, el tiempo de una novela vivida en tiempo real.

Los hermanos García Barcha presentaron en el Instituto Cervantes de Madrid, personalmente y a través de una videoconferencia, la novela inédita En agosto nos vemos, anunciada hace meses, junto a la directora de la división literaria del grupo editorial Penguin Random House, Pilar Reyes.

“En agosto nos vemos”, de Gabriel García Márquez
En agosto nos vemos, de Gabriel García Márquez (Random House, 2024). Disponible en Amazon

Con esta presentación oficial nació a la vida pública, en el cumpleaños 97 de su autor, la protagonista, Anna Magdalena Bach, nombre de la segunda esposa de Juan Sebastián, una soprano que al parecer fue el gran amor y cómplice musical en la vida del genial compositor alemán. La Anna Magdalena de García Márquez, según los primeros comentarios del libro, que aún no llega a mis manos, usaba el pretexto, en el mes de agosto, de llevar flores a la tumba de su madre a una isla, con la intención de asomarse al deseo de una manera exploratoria.

Un libro con cinco versiones, múltiples correcciones, una carga negativa del propio autor, que en vida lo sentenció a su eliminación, requiere de un grado de audacia, confianza, amor, diría, invencible de parte de sus hijos, al atreverse a editarlo tras prolijas revisiones de académicos y estudiosos. No ha sido un lanzamiento, al parecer, sin paracaídas, y fue el editor de la autobiografía de García Márquez, Cristóbal Pera, quien se transformó en arqueólogo, según Gonzalo García, para llegar al manuscrito original y final. Lo importante, según Rodrigo, es que “no se ha agregado nada que no estuviera en los múltiples originales”. Razón tiene Pilar Reyes, seguramente, en reafirmar que “la novela está completa aunque para su autor no fuera definitiva”. García Márquez era un perfeccionista: iba, volvía, seguía retornando sobre una misma frase, palabra, hasta que fuera la que calzaba en ese lugar con la intención que él le destinaba. Debió ser estremecedor verlo abandonar esa novela y dejar una suerte de puzle para la posteridad, que afortunadamente reencontró el talento de su viejo editor.

El premio a esta aventura editorial, de buzos y arqueólogos, son los 250.000 ejemplares que ha lanzado Random, sólo en idioma español, con ediciones simultáneas en Alemania, Dinamarca, Hungría, Israel, Italia, Rumania, Rusia, Taiwán y Turquía. En días, viene su edición en inglés y francés. La India, República Checa, y posteriormente en Islandia. La editorial Planeta se encargará de México y Centroamérica. Como dato curioso y no de menor importancia, el autor de El coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del cólera leyó de viva voz, hace veinticinco años, en Casa de América, el primer capítulo de En agosto nos vemos. Me divierte cuando la gente suele decir, edita, edita, e interroga de manera dramática: ¿por qué no editas, qué esperas?

A García Márquez le traicionó, en este caso, la memoria, y a Kafka su tuberculosis, como su pasión desbordada por su existencia a la luz de la literatura, esos mundos en que el insomnio pone a viajar los sueños y detiene el viaje en cualquier estación para proseguirlo sin un paradero reconocible.

La vida de ambos autores fue muy distinta, pertenecían a otros mundos, realidades, temperamentos, épocas, pero les unía la genialidad de su literatura y personajes. K no vivió para contarla, no tuvo esa oportunidad, su vida la consumió en su kafkiana existencia. Nos dijo como una sentencia que un libro “debe ser un hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros”.

En agosto nos vemos, según Rodrigo García, no se parece a ningún otro libro escrito por su padre, lo que también les animó a publicarlo. En ese sentido, Pilar Reyes recordó una cita que Gabo les hizo a sus hijos al cumplir setenta años: “La cabeza ya no puede contener la vasta arquitectura y atravesar el terreno traicionero de una novela larga. Es cierto, ya lo siento. Así que, de ahora en adelante, serán textos más cortos”.

Rolando Gabrielli
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