Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales
1
Lento y doloroso mi transitar por la noche que se cerró de pronto. Lento y triste mi discurrir por pasajes de la memoria que tienden a desmoronarse. Lento y grave el silencio dentro de una penumbra adherida al tiempo inmóvil.
Horas seculares e instantáneas depositadas sobre la mesa en orden. Obstáculos venenosos emergiendo de ojos diminutos e invisibles, ocultos en los rincones o tras los libros. (El crepúsculo matinal tardará en su medio, obstaculizado por perturbaciones graníticas).
(Temo que unos recuerdos, acaso delicados, apenas preciosos, se vayan en pos de una figura femenina y fementida. Su talle: idilio enclaustrado y debutante. Su binóculo: alborada de duelo que se apaula. Sus piernas: columnas para la meditación, al lado abierto de un rosal).
2
Antes de los pensamientos, los hechos pasados. Despacio, con asombro. Con pausas. (Cuatro manos imaginarias me ofrecen trozos de pera. A mi manera, comienzo a devorarlas y prolongo su estadía y su sabor. Me alargo a mí mismo, poco a poco: vapor para ser elevado, brutal, o más, repetido).
Trazo un croquis de los arrumacos de un hombre que ya no engorda, bueno hasta en sus maderas. Se tira en la cama turca y danza flaco al modo de sus señoras. Añora las espadañas, su terciopelo y el sonido de sus campanas de tallos huecos.
(Tres nocturnos, sin duda y en calma, revolotean por el ámbito: hojas en balanceo, un tanto ingrávidas y la simpleza se amolda a sus cadencias). Un ruido excéntrico resbala por los bordes de la turbiedad: oscila, se agita y pierde fuerza después de un centelleo momentáneo y frugal.
3
La fantasía tiende a enseriarse. Un gran ritornelo marcha, en franco ascenso, hacia un atisbo lunar en lontananza. (Mis canas se permiten un disimulo para no sucumbir). Lo mundano se aleja sobre un barco de estrellas a cubierto y sin eco audible. Con una linterna casco las sombras que se aglomeran y recibo una severa reprimenda.
Señero en el estudio, no abro juego. Según un oro de coraza y luminaria, debo atenerme al periodo que cimbra mis sueños. Una letanía se fuga y en otro pentagrama se aplica a un coro de diminutas máscaras. Una caja de música se revela mareada y, de súbito, descubre la razón: un durazno se pinta encima de una postal.
Unas monedas trajinan un fuego de artificio y no logran ningún valor. Las enfermedades del aire pretenden regresar y un grito se lo impide. Todos los sentidos se tornan en uno y sólo intuyen una voz interior que se desplaza desde su alfa hasta su omega y no deja rastros.
4
Un preludio deviene lacio y termina por plegarse al sino de los memoriales. Nada pasará como póstumo ni como pecado pendular. (Voy amando al chocolate en su amargor de eternidad y plenitud). ¿Lo sabrá la araña que nunca reposa en su atalaya de hilos y letras?
La jornada futura se retrasa en sus escalones de tinta y erratas. Me arrullo entre ilusiones. Unas siluetas espían por las ranuras de la ventana. Azuzo a mis perros de trapo y las expulsan con sus hocicos llenos de tiza. Los aros se aferran a mis pies y prometen un masaje a destiempo.
Llega una invitación de no sé dónde. Tal vez del horizonte que apenas leo. Con modestia, rechazo convertirme en huésped de entes anónimos. (Sin el rigor de la tristeza, hurto el cuerpo a los embistes del azar). Una pujanza de frío penetra a la biblioteca y tiemblo mientras miro el reloj que se deslastra de sus granos de arena.
5
Reviso los documentos de la vida y de la muerte. El Gran Maestro aún no ordena nada. El vacío se modera en su tránsito. El encantamiento inicia su primer acto y la desesperanza se agazapa por tiempo limitado. La poesía ajusta su puerta y prueba a descansar.
La intimidad secreta ejercicios de armonía y ficción. La calma coadyuva a remitir las faltas. En alguna invocación saltará la liebre mística que no roe los apuros. Se engendran mosaicos de tenues brillos y doy por descontado que un nuevo arcano se allegó a mi viejo baúl.
Al fin, la estética de la sonoridad me palpa cabal. Recibo la fe del clima que me desencarna y que me promete un periplo a través de la mesura blanca. Gano la inspiración de un piano que se va perdiendo entre la emoción de su propio sustento nocturnal.
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