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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Legajos para las parejas desnudas

lunes 14 de septiembre de 2015
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Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

1

Legajos para las parejas desnudas
Wilfredo Carrizales
Tema del testimonio y se declara el comienzo en medio de un ruido de interpretación fiel. En el umbral sin otoño. Sin mácula y con el ojo velando, injerto. Elementos raspados hasta que desaparecen. Amparo que fue de época. Introduzco el desecho de la pelvis. El torbellino excitado en su morbo. Comprensión de orugas y diseño de novedades que resisten el calambur.

Notas sobre la caída y lances en las tarifas. Chispas convertidas en durezas por los viejos uncidos a los monumentos. Se adunan los tiempos que recorren las plegarias en el ajedrez. Se oye a la piel que no se posee. Allende el ulular de los corredores: palomas e imágenes de pirámides. Acaecerán las bataholas y por la voluntad se juzgará.

Suelen ser aguijones de la descendencia. Caedizos. Cuatro tiros y sapiencia de la noche urbana. Así el vino se proyecta en los costados y gira.


Se esparce la abulia de modo esponjoso y acá las circunstancias y sus doblones. En altanerías, el hombre invocado en sus sueños. Asaz cantó la ascensión de los astros ascógenos. Los marranos asegurados en sus desprecios en días de antojos y lontananzas. Un río apostilló su oeste detrás de los muslos del orate. Aspaviento en la ruta del mar trágico. ¿Surgió un atajador de los grises en la jornada del asueto?

Bramador en la realidad última bajo el pellejo del lebrel. Aún el aura resplandecida en huesos; aún todavía en el remedio que se cancela. Se supo del oro que corría tras su fiebre, aunque otras manías aguardaban con cautela. El que se malogró tragó rosas, aunque las despidió más tarde.

Elucubramos sobre la invisible manteca de las terrazas y acerca del azúcar en las piedras donde se levantan los batracios. Jamás aparecieron las plumas de los frailes. ¿Eran los períodos de rastrojos y estigmas que molestaban? ¿Qué habrá sido del lagarto condenado a la conspiración de los nudos?

Contra todo pronóstico resurgieron monedas y amarras en los solares. Un insomnio que no cicatrizaba me detuvo las bacterias en la levedad. Baldo, decidí balancear mi cuaderno, mientras se superaban las estancias de las granadas. También en el homónimo del bahareque tuvo su asiento un fenómeno: asomó su cabeza un bagre con defectos ajenos. De los naturales de la honda y el martillo sólo quedó el esplendor de la búsqueda.

Después a los tatuados les ofrecieron mucílagos y sobre las vergas de lo absoluto se equilibró la urna de los elogios. Se disputaron la verdad el cascarrabias y el halcón.

 

2

Legajos para las parejas desnudas
Wilfredo Carrizales
Avanzan unas figuras con el pan de arriendo, mientras un piano resuena en un terreno barroso. La escena en la entrada de lo vernal. Hay extravagancias en los portales no rotundos; hay barriletes y alicates, criados en abundancia. Según la basca, el vómito providencial. Paños mordientes y recipientes deseados.

Bautizo para un cuarteto con aluminio. ¿Abrumará el cometa que muere de hastío? Las paredes atraen a las testas del extrañamiento. ¿Y a la mujer traspasada de alcohol? Se extienden las avenas hacia las alfombras vivaces. Lo tuyo todo esto colmó.

La licencia y lo grotesco. Carne orquestada al pie del murallón. ¿Alguien del corro ingresó en la cámara de los bramidos que agonizan? Afuera, un paisaje sin sol, a modo de fantasía para ilusos. Diez segundos más tarde: la sangre del literato. Observan: la rana y la libélula entre facundia y tozudez.

Bien accedería a tu música, pero se me escapa. Bien se desfallece con el tronco encima. ¿Y las nebulosas llamadas labios? ¿Y los ensayos de las corolas en el istmo? La tarde carece de piedad y la lejía se presenta como ontogenia virtual. ¿Por qué se alebresta el espejo de los látigos si el álgebra es fortuita? Bombilla en picada.

Ningún aplazo: la luna ha muerto y las horas trasudan con elocuencia. Encontramos fechas en los ladrillos borrosos y una algazara se despierta. Ahí se dio a conocer el biznieto de la tuna con el molino en brazos, en su acceso.

Ahora el destierro se blanquea con el limo sónico en la cavidad que blasfema. En torno tremolaba la desconocida flor que odiaba la cruz.

 

3

Legajos para las parejas desnudas
Wilfredo Carrizales
Bravatas para gracias de solsticio. Cráneos en sus abreviaturas y con sufrimientos en efecto. Intrépidos cuando vienen a arrebatarlos. (Augusta estaba en la ventana con respiradero, pero las zancudas le desarticulaban los hombros). ¿Cuál de los tres candidatos portará los dados? Discordia en pos del tercero. Al charco sin vuelco.

De boca piden la novia. Con el olfato a la orilla del pozo. Bronce robusto y de color del trueno. (No volverán los chubascos, sólo los letargos). Escribo la crónica de una salud un poco austral. Me dejo conducir por las escamas ciegas sobre las tablas del océano que naufragó. La brújula, algas adentro.

Una fiebre me ondula por término medio. El pájaro ardiente otea al león de agua. Pienso: a la hoguera los siglos de papel. Brazo de animal y ancla sin fecundar. ¿Habré de interpretar a las branquias como xilografías?

Lo intuí: a lo bruto, generando bubas. Perfume rebotando en el cáliz de los cangrejos. Me place la insolación de la acuarela, pero no las burbujas sirviendo al necio fundamental. Muchos ignoran la sacralidad del buzo y no lo apoyan para prolongar el recuerdo de la caracola. ¿Y el deber de cabalizar? ¡Que ninguna campana anuncie el ataque de la epilepsia! Cuánto mejor será la vejez con ciruelas.

Se despojan las frutas de sus betunes. Pervivo en la abarcante buharda y trino con melodías prestadas. (¿Caíste y te cortaste de verde y espanto?) Irrumpen los parientes que son sobrinos con secuelas y brea y asentimientos.

El hermafrodita, al fin, encontró su promontorio al margen del viento fracasado del porvenir. A lo lejos, las chimeneas bebían cerveza negra con el arrullo del astrónomo. (¿Se le matará mañana, bien con revólver, bien con cuchillo?)

 

4

Legajos para las parejas desnudas

Suelen ser aguijones de la descendencia. Caedizos. Cuatro tiros y sapiencia de la noche urbana. Así el vino se proyecta en los costados y gira. Caléndula en la probidad del año y cordelería para otros disgustos.

Camisas que desaparecen al momento de fallar los frenos. Badajos que van cobrando las alternancias del aire. (¿Humanamente acontezco al cabo de la era?) Relación: dominio de las palmeras a la manera escenográfica. Mitos de la rueda durante la siesta en boga.

El que desemboca, tuerce la cecina. El penúltimo canario con flauta pereció de preñez. Me dicen que la costura se arrastra mancillada y que el niño no nace más. De regalo, recibo candados con jergas de sombras y un par de alegorías. Bien por mí, el barbihecho.

A considerar: la enfermedad del clérigo y el candelabro en procura de un álamo poco enhiesto. En seguida, la curva del mambo y ají a bajo precio. Es notable el talento y el ingenio de la cantárida en la alabanza profana. Entonces, despeñémonos con insignias y con sombreros elucubrando sus venenos. Otrosí: capricho del medio humo con cierto gracejo y observancia de reglas.

Fue notorio el derrumbe del piso y la nomenclatura del arrecife. ¿Habría que culpar al solitario bajo el árbol tumefacto? Por ahí se adviene la caquexia con presencia de algún fugado y de fondo unos hocicos como bellotas.

Siendo molusco se planta musculoso y se dota de cargo y realidad interior. ¡Caramba! y lo oliváceo en un diagnóstico pobremente aclarado. (Entre la grava y la comicidad, el prurito de una perra parida). Esas cosas dieron lugar a la vulgaridad en la tez y a un compás que se atrasa. (Corolario: más yesquero que un ciudadano de altura).

Caras negras por la caridad. ¿Aumentarían los espejismos de los vegetales detrás de las cortinas omnívoras? Cabrios para los discípulos de la cabra. Habas y avarientos. (Aquende se ven unas cuerdas sufriendo martirios y sendas simas a la espera). También hay que mencionar a la diablesa en bicicleta que no compite.

De aventuras, los pescantes en los lagos desecados; de los idiomas, la caza, los anteojos; de las cartas, lo que se hace y deshace. Gocemos, pues, de los alfileres y de las piñatas ceñidas al espacio. ¿Y no hablaremos del arte de la catatonía y del catarro en la catedral? Creo que nos veríamos rudamente perseguidos y sin provecho de presas.

Wilfredo Carrizales
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