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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Acto único en tres movimientos

lunes 19 de octubre de 2015
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

I

Acto único en tres movimientos, por Wilfredo Carrizales

Las ruedas giran por breves instantes y luego se detienen y no chirrían más. Una figura femenina, cuya cabeza ha escapado, se engancha al circuito que envicia. Su mano izquierda se ha hecho invisible por razón de lo horrendo. (El ambiente no puede prescindir de ciertas sombras y algunos destellos). A pesar de todo, podemos equivocarnos en la apreciación del improvisado drama. En cuanto al viejo enano hierático que pugna por no pasar desapercibido, se establece que forma parte de otra historia, pero que se le ha permitido ingresar en escena porque se hizo el tonto y a los tontos mejor es no contradecirlos.

Marginalmente se notan unos guilindajos, especie de dobles consonantes y unos artefactos que no convienen para la geomancia y que, sin embargo, están arrinconados y nunca dispuestos para la mansedumbre. (Existe la posibilidad de que haya un ser minúsculo que trague barro y aplique reglas geométricas u otros subterfugios alejados del decoro). Más vestidos no serían prendas y difícilmente relucirían en un entramado que no se caracteriza precisamente por la velocidad y sí por el funcionamiento de engranajes que se adaptan sin mayores problemas a los calibres de la visión.

 

II

Acto único en tres movimientos, por Wilfredo Carrizales

Ya están ahí los tres personajes dispuestos a aplazar sus muertes. (Cosa fácil, éxito seguro, si nos atenemos a las pautas del buen observador). ¿Ellos habrán acontecido de alguna peregrinación que se fue a pique o de un despropósito ad hoc? Se hace necesario horadar ese espejo para llegar a la verdad y aún así no se tendrá certeza de nada. La angustia flameará; la exactitud no romperá su cascarón; la timidez prevalecerá por encima de cualquier arresto de audacia.

Los cuerpos quieren elevarse hacia la fama, mas se interponen las raterías y los despojos. Hay que considerar al trío de figuras como piezas de un ajedrez atroz y que se mueven sobre un tablero inmundo. A destajo reciben sus pobres emolumentos y dentro de tal mezquindad comparten sus desdichas y sus remiendos.

Las acotaciones que señala un busto son para renovar la fachada. No obstante, ya es demasiado tarde para ponerle remedio a tanta desidia. Habrá que someter a exámenes a la escenografía en retirada para evitar la propagación a todo el ámbito nacional. La regularidad de la decadencia reaparecerá una y otra vez. Las excusas que se habían rechazado volverán con los árbitros de la justicia, refrigerados y malolientes.

 

III

Acto único en tres movimientos, por Wilfredo Carrizales

El prócer y la dama y, de refilón, el oidor ubicuo. Pronto surgirá la discusión o riña para decidir quién es patrón o dueño o imperioso mendaz. Masoquismo con mampostería en declive. Trazar un mapa sicológico es absurda tarea. Más provechoso sería potenciar el juego de las especulaciones y luego montar la olla de los embustes hasta que hierva y se desparrame a placer.

Las mofas incursionan a plenitud, con el libre albedrío que les otorga el jefe de la parranda. Así se desbocan las castas guerreras y las estirpes de las damas que rabian en el interior de sus vestigios. El fraude no tortura a nadie y los restos de la tragicomedia ya no fastidian al público.

En garantía del encierro en proceso debe certificarse la proclama y hacer neutral al testamento que incurra en fruslerías. Se resquebrajan las estructuras y el tinglado está pronto a caer. Sin embargo, una niebla puede allegarse imprevistamente, impulsada por rasguños de las fieras que halagan. ¿Será de buen augurio lanzar las bolas contra los rostros de los pájaros raros que desde sus nidos aplauden a la obra que nunca termina y ya apesta?

Wilfredo Carrizales
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