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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Superficies adicionales

lunes 2 de noviembre de 2015
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

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Superficies adicionales, por Wilfredo Carrizales

Se perciben las líneas que son ajenas. Acaso pertenezcan al propietario de la visión. Además se representan otras coordenadas, otras curvas que reciben un tratamiento para una extensión que patrocina una correspondencia en ulterior magnitud.

Hay un límite que se distingue por el alejamiento de lo algebraico. Siempre depende de una sinonimia que se anula tras la generatriz.

Desde un plano se conviene en las confusiones y en las longitudes. Vale decir: las marcas que afrentan con escalas en el desarrollo de lo superfluo. ¿Se podría percibir una elegancia en el vuelo de una mirada acostumbrada a los vectores en equilibrio?

Si la temperatura es excesiva habrá una inducción hacia la firmeza de un espacio que se satisface con un fraude. También se reglamenta el nivel antes de la apariencia de la sumisión a las variables. ¿Cuáles puntos podrían engendrar fuerzas que oscilaran, presiones que entraran en vaivén?

Algunos círculos devendrían en rectas, gracias a la función de las propiedades de la resistencia. Entre meridianos se describirían coloraturas o texturas que dominarían el sufrimiento de las medidas sin fundamento. Una constante atisbaría a ser llamada “nula con recurso plano”. ¿Y la solidez de los argumentos nos conduciría a la coincidencia de la frivolidad para que actúe sobre los vértices que engañan?

 

2

Superficies adicionales, por Wilfredo Carrizales

El aspecto se allana, se alisa e, incluso, llega a pulirse. Se reconoce a un guardián de lo invisible, pero que se aflige en la posición de las corrientes trazadas. Poco a poco, se recela de lo que tiende a hundirse sin mayor convicción o demanda.

Puede emerger, en cualquier momento, un emplasto en los alrededores de la agitación tranquila. Debajo, una pared sería capaz de generar una errancia hacia hitos no anillados.

Temprano se escuchan los levantamientos de las sospechas. En medio de pérdidas y aguantes se deslindan de los reconocimientos ópticos. Una zozobra renunciaría a sus motivos de fondo y de fiebre. ¿Confirmaría esto una áspera derrota?

El asedio acude con su valor de rescate. El revestimiento de las ondas se sustentaría encima de la medición de los arcos. ¿Lo abarcable del contorno aflojaría los tornillos de lo mudable?

Un lampo de alcohol viene a gratificar la cima que remata en punta. Luego sigue un curso que no termina en espiral, ni en vórtice. A ratos, un rocío se siente deslizar como salivazo sobre intención de pátina. Dan vueltas los ruidos chorreantes y una música esplénica se lanza de lleno dentro de un vaso.

Torna la debilidad de la brizna y, resplandeciente, una diminuta sombra se aviva. Lo pulsátil se hace pugnaz. Los pliegues se recogen en el interior de sus puntos invertidos. Prosigue una persecución que recala en un soplido. Un acertijo se humilla.

Ojalá que se regulen los espectros y no decaigan en el estercolero de los días partidos por la mitad.

 

3

Superficies adicionales, por Wilfredo Carrizales

Variedad de rastros de hormigas y vestigios de plumas que simplifican las superficies. Un periodo se encapricha y le brota una giba y una toma de agua borbota con afán detrás de las texturas híbridas. La fase más difícil se desholleja con el fragor de los dedos copulando.

Telillas o nubarrones hurtados arrastrándose en el leve ámbito de la pereza. Estratagema de lo insubstancial; lengüeta de un reloj requerido en su sutileza. Lo conclusivo se orilla e instrumenta un destello.

Aquellos detalles se extinguieron allende las escaleras. Fue un hecho de estación y apagada chispa. Varios trucos se tañeron para limitar los hartazgos. Una secuencia de manchas se estiró al máximo durante el tiempo de los fallos purificados.

Hubo atavíos que se pudieron multar. Hubo requerimientos de suciedades en las uñas. Hubo lo que no hubo en anteriores inflamaciones. Alguien elucubró un último movimiento y sólo demostró la irrevocabilidad de las cuerdas fragmentadas.

Así se satisfizo el apetito. Engordaron las planchas con sus concluyentes renuncias. Las cifras se ocuparon de las otras opacidades, de los marginales aleteos, de los pálpitos filtrados en andanadas.

Agujas percutidas al fuego: legitimidad a todo trance. El descenso cuelga de los adornos de un espurio otoño. Con falsedad se acometen los pasos de las moscas. (Mi sombrero y su umbra se inclinan hacia el fracaso). Se captura una máscara insinuada desde longeva época. Las categorías de lo callado encuentran los pretextos para degradarse. Las destilaciones resuenan y una brisa se apura según las reglas de la perspectiva.

 

4

Superficies adicionales, por Wilfredo Carrizales

Arruinadas arrugas sobre la herencia de lo desbrozado. Hábilmente se descarrila el diámetro y se separan las circunstancias de la dextrina. ¿A quién afecta la osadía de la desolación? ¿Qué diantres? ¿Algo excepcional? ¿Lombriz de iniquidad?

Un peine vuela sobre las rayas del murciélago en las horas previas al agobio. Lo remoto tremola con la diablura de los desmenuzados signos.

A la escritura la traspasa el más intenso reclamo. La añagaza se posterga, a la defensiva. En honduras, algunas flechas se consagran al deleite. ¿Cómo se deshoja el indefenso cuando siente el rango del carbón que lo reduce? ¿A tientas? ¿Usurpado?

Un fogonazo se solapa y es puro instinto su estilo. Junto a él, la prueba de una metralla. El toque de inflamación se allega a propósito. En los flancos perdura un atisbo dulce. Más allá se cierran unos puños.

De buen grado, el mosquito se amordaza y desliza un nudo para formar un segundo piso. Ningún éxito aconteció con la maniobra del domingo; ningún auxilio se postuló para los viáticos del ordinario.

Un pie se arrebata e incursiona debajo de la anticipación de los ojales. Los intermediarios se aproximan a las arcadas de los reflejos y juran por los terrores anteriores, aquellos consagrados por el extranjero del presagio.

Puesto que la prudencia se hizo extraña, las tenazas se obligaron a adelantarse en el proscenio. Allí, los ominosos antepasados del pillaje se dieron cita y cenaron mariposas nocturnas en escorzo continuado.

De una vez por todas, las huellas fueron mencionadas en el informe del caminante de páginas. La relación arraigó por sus fundamentos. Se destacó, sobre todo, la anticipación de lo inevitable.

 

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Superficies adicionales, por Wilfredo Carrizales

Gas y cháchara. Brazos en genuflexión. Mugre entre la mínima geografía y el espíritu ostentoso. Alguien soltó la risa y se entregó a artilugios. La hediondez se abrió paso por entre gladiolos fracasados.

Se atacó al luto, a su aprobación con ceño. Ardió un gusano en su propia luz de cólera. Se mordisquearon ciertas notas de una melodía con protuberancias.

Uno tiñó su epidermis con riñón de un cuadrúpedo. Otro alzó su grupa y apresuró un afeite. Un cualquiera perturbó los cacharros y precipitó sus óxidos y también sus aceites. ¿Odio represado entre los enredos?

Se vio la casualidad cerca de las moteaduras del suelo. Las heces rezumaban confiadas. Las pistolas sufragaban indulgencias de pólvora. De sotavento, azotaban las hojas con vocales no aspiradas.

Agobian los giros y sus ejercicios de esbozos y tañidos. Sobre un tronco, las angustias de los anagramas. Las piedras barajan sus claves, lenta, prolongadamente. Una espora sucia, de color olivo, explota en su celdilla y anuncia el cerrojo expansivo.

En todo el entero día, la hogaza detecta las mordeduras del calígrafo. Es de temer que haya otro huésped alojado. Mientras tanto, el imán se confiere la capacidad de descifrar la dialéctica de las pieles.

Recuerdos del menstruo en los engranajes de la armonía. Del medio al retículo, hipnotismo con pinceles y mercurio en su regocijo. Lo incipiente de la gelatina blanca se asimila a las cosas muertas.

Sin itinerario fijo (una línea irrecuperable) marcha hacia la omisión. No obstante, una vena agiliza sus señales al ritmo de embriagadas superficies y deja, a perpetuidad, el encubrimiento de los escudos.

Wilfredo Carrizales
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