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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Fugacidad y cuentas nuevas

lunes 21 de marzo de 2016
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Textos y fotodibujos del autor

1

“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

A oscuras, el hombre gordo solía meter sus manos dentro de un recipiente de agua helada en busca de alivio para su dolor. Le concedía a ese método una eficacia casi mágica. No se arriesgaba a acudir al galeno por un acendrado escepticismo hacia la ciencia médica. El gordo era aparatoso y se ufanaba constantemente de su desprecio por la muerte. Se aventuraba a provocarla hasta que una noche en que apareció la luna, después de un repentino chubasco, unas alas emanaron con extravagancia y cubrieron al gordo que, alelado, contemplaba la esfera brillante a través de un recodo de la ventana.

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“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

Llegó cuando la orgía recién había empezado. De inmediato, se desvistió y lanzó su ropa sobe un sofá vacío. El ambiente estaba cargado de humo de diversos aromas y de jadeos, risas y palabras procaces. Diferentes y disímiles parejas fornicaban en una variedad de posiciones al ritmo de una cadenciosa música que él desconocía. Vio a un amigo suyo que trataba de penetrar de pie a una obesa mujer que no paraba de resollar y se acercó a la pareja para ayudarla en el acoplamiento. La mujer lo haló por el cabello y lo obligó a besarle las nalgas exageradamente sudadas. Esto exasperó al hombre, quien mordió con ímpetu la carne excesiva y envilecido, se apartó, escupió y abandonó la sala con su vestimenta en los brazos.

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“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

Era adepto a la prontitud y con un vigor exacerbado se ponía a ejecutar lo que tenía en mente. En el calendario, marcaba los días que le parecían de mayor aceleramiento. Los buenos augurios los percibía como bocanadas de aire fresco, incontaminado, contingente.

Con una presteza y un temple inusitados pensó en la vacante que suponía dejar sus antiguas aficiones: nadar en la piscina, trotar a campo traviesa, cabalgar sobre una briosa yegua… A la fuerza, proveyó su mente de corazonadas que le servían para pronosticar señales de un fasto floreciente. Cuando la instantaneidad le otorgó su porcentaje, abrió la boca y a través de ella penetró una ráfaga de sospechas con cadencias airadas.

4

“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

En su discurso, no todo le concierne. Hay cosas que son argumentos de la intuición; otras son cosas de la sugestión. En todo caso, de sus trastornos pretendía extraer la asiduidad para abrumar.

Para salir sin dubitación ante las preguntas se quebranta en su puesto y se abruma con la desgracia que lo toma como adversario.

Hasta el final se concede un indeleble argumento y persuadido de su inmutabilidad, levanta un bullicio para ocultar sus afanes tolerablemente autorizados.

Una inquietud con ascendiente en el escándalo lo torna perpetuo y la hostilidad se le adhiere cual cadillo insalubre.

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“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

En veinticuatro horas habló bajo una pacífica placidez. Volvió a pasar por su mismo estado ancestral y miró hacia atrás para indemnizarse.

De una injusticia prontamente recordada, dedujo la sedición que había provocado sin querer. Con el compañero de su afecto reincidió en el simbolismo para lograr las trabas.

Estuvo a merced del pupilaje de los imbéciles y se zafó de ellos gracias a un procedimiento cuya fórmula se guardó para sí.

Con su suegra abortó un plan que pretendía convertir a los ciudadanos en ruines para beneficio del alcalde. Malicioso, continuó con su estilo sencillo y aturdió a los tontos con su grandilocuencia.

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“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

Extravagante, se hartaba de la clemencia. Dentro de sus bolsillos se permeaban pedazos de torta que habían logrado un desprecio gratuito.

Hacía sus balances con insignias y enseñas, pero bailoteaba anodino para cerrarse en su banda.

Al compás de su insustancialidad fallaba en el vilipendio y se rebajaba hasta la cortedad del silabeo.

Del artículo del hombre, prefería el aspecto engendrador y gustaba de conservar la anonimia para no desmoronarse con el triunfo.

Para su sustento forcejeaba con agujas y con planchas, aunque en el muro que lo atajaba al atardecer bufaba hasta encontrarse con el tiempo de los godos.

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“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

Con alguna ramera se sentía deseable. Explicaba su retrato a grandes rasgos. Algo de la factura de su espíritu se trasegaba hacia la noche fortuita.

Un enojo lo arrastraba contra las colgaduras del olvido. Se enjoyaba para lucir sus recónditos fastidios, sus embravecidos esmaltes.

Se templaba en la ingratitud y le causaba enojo a los castizos que tenía por vecinos. Se serenaba en el peligro y omitía lo ambiguo de su engañifa.

Vestido de ceremonia, amenazaba a la vida con un compendio de veleidades. La furia le deshelaba la pasión y luego se aclimataba bajo el arco que le brindaba liberalidad.

En sus dimensiones, la turgencia le imponía unos brazos que atizaban la preeminencia.

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“Fugacidad y cuentas nuevas”, textos y fotodibujos de Wilfredo Carrizales
Wilfredo Carrizales

Cae de pie y pone un negocio. Se amolda al resfriado de calle. En sus actos se vuelve de una sola pieza. En la conversación, le sobreviene el peso de la falencia.

Entre algunos prejuiciados reposa. Lo censuran y se deshace. Con halagos se cubre, pero no gana aplomo. En apariencia, se despeja y luego se relega hacia un estoicismo sin provecho.

En señal de ceñirse a lo urbano, se declara en grita de reserva. Se asombra de sus sospechas en tal y cual parte. Se amansa, tardíamente, con la maña en el retraso sin banquetas. Concelebra su zoofilia con la persistencia como agrado.

Wilfredo Carrizales
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