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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Hacia allá

viernes 15 de abril de 2016
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Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Hacia allá, textos y fotografías de Wilfredo Carrizales
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Hacia allá se arrastra y luego queda quieto, expuesto a un sol que estalla con leve ruido. En ese rincón aguarda a que lo escupan los gatos, lo orinen los perros, lo caguen los grillos… El hombre se disuelve en sus recuerdos. Ya no sabe quién es, ni de dónde vino. Un relámpago rasga la túnica de los cielos. De pronto, comienza a llover torrencialmente y el hombre se transforma en cieno.

 

2

Simpatizaba con alguien de su entorno, pero nadie lo sabía. Se sinceró consigo mismo y desde un balcón le lanzaron una rosa muerta.

 

3

Con sus ojos, zozobró en la tormenta. Su barco era un escombro en el agua. Ni mil aprietos fueron desgracias en su narración.

 

4

De su sombra reclamó las aristas que ansiaban los envidiosos. Cedió ante su enfermedad, mas la prisión desconocida lo salvó del olvido.

 

5

En su poder estuvieron las réplicas. Con amenazas sufrió tras las cortinas. Después las buenas maneras de la razón vinieron en su auxilio.

 

6

Llama a la puerta. Sus sentimientos son prófugos de su lengua. Frente a su contendiente optó por merecer las apariencias.

 

7

Aborda un caballo y en los estribos encuentra la sequía que lo aniquilará. Se adueña de un poco de agua y adivina con la mirada el futuro que lo agostará.

 

8

Con navaja aclama a su enemigo. Conoce a cabalidad el vicio que lo consume. La sangre gana la profesión de su reclamo.

 

9

En ruedas de este lado del segmento, se achicharra al sol. Pronto se aficiona a su destino. Una bufanda se afianza a su cráneo de farola.

 

10

Hacia allá, textos y fotografías de Wilfredo Carrizales
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Se avecinda a su ciudad que ya le desconoce. Demanda ayuda de algún pariente. La tarde ignora lo pactado y él debe atragantarse con sus incongruencias.

 

11

Confluyen en el punto donde se exasperan las penas. En su suerte hay una vejez que se confabula con las ficciones. Por una ventana, le llega la fe para que se confedere con alguien.

 

12

Deja la boca abierta y sus dientes se vuelven prismas. En una súbita ausencia se descarga. Adquiere la condición de columpiarse sin prosperidad.

 

13

Encuentra a su hermano y le disputa el techo. El ejercicio de la contienda lo secciona. Al final, la casa deviene en una lumbre que se descampa.

 

14

Se disfraza de loro. Repite todo cuanto oye. Al cabo, se distancia de los dogmas aprendidos.

 

15

Gasta su dinero fundado en la razón. Escurre las responsabilidades. Su condición de débil aparece más tarde en una película.

 

16

El trozo de carne se presentó insípido al gusto. El tabaco se impuso con su rebeldía. En el periódico, sus apetitos se igualaron entre rogativas.

 

17

Muere a manos de bienhechores. Su cuerpo es sometido a vigilia. Su alma se mece con la brisa y algún otro difunto se complace en el fenómeno.

 

18

De rojo se pinta y es su necesidad. El ocaso le paga con buenas razones. El fotógrafo se persuade de que una furia deviene en abismo.

 

19

Se quiebra con la enfermedad sobre el suelo. En forma violenta cuenta los obstáculos del subsistir. Entre todos los dolores se reclina y canta sus designios.

 

20

Hacia allá, textos y fotografías de Wilfredo Carrizales
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Resuenan los cánticos y las sombras del crimen se esparcen por un balcón. Simultáneamente se sacude la venganza con un puñal ahíto de elegancia.

 

21

Vacila en la respuesta. Un objeto le coloca apodos en las palabras. Sin sosiego, se tumba sobre el lecho frío.

 

22

Se ve con su amigo a través de una rendija. En tanto que las ramas no crujieron, la pasaron bien. Vencidos por sus mutuas ofensas, sus dignidades se desplomaron en redondo.

 

23

Trabajaban con el sastre que cambiaba la vida. Sus trajes eran adquiridos a crédito. Sus entendimientos fueron postergados una vez tras otra.

 

24

Por tontos cayeron por la escalera. Las ilusiones se perdieron con la bulla. Los enredos malrecibieron a las razones y los futuros sucesos se trabaron.

 

25

Se untan con aceite las líneas de los carros. La responsabilidad es de los hijos sin valentía. En los sótanos, la vergüenza es una asignatura pendiente.

 

26

Salta el juez y más atrás la doncella. El asunto recibe respaldo en la muchedumbre. Los pecadores se sacuden a los inoportunos y se afianzan sobre sus taburetes.

 

27

Un pariente del padre cede y se rebaja. Un vago principia a conocer lo moroso. El más insigne hambriento razona con la sopa a su lado.

 

28

Presume de inventor de los alfileres, pero sus pantalones no le ajustan en la cintura. La verdad es un chanchullo que pringa la lengua.

 

29

Nos procesamos en un juicio. En manos de nadie acaecerá el dictamen del destierro. La esperanza es un temor que aumenta las disputas.

 

30

Hacia allá, textos y fotografías de Wilfredo Carrizales
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Vaga por el mundo más inmediato. Aunque es versado en diplomacia, la tierra le traiciona.

 

31

Contra su padre se rebaja en el desprecio. Se enriquece con las ofrecidas dádivas, mas flanqueado de exhortaciones, desmiente las aseveraciones de sus amigos.

 

32

Ancho de hombros, atraca a un cobrador. A pesar de lo avanzado de su edad, huye perseguido por la amenaza de su agobio.

 

33

Afable y el peligro era su estatuto permanente. Lo acechaban tras los muros. Él abjuraba del abandono y se afianzaba en sus adentros.

 

34

¿Por dónde salieron las tristezas sin durezas? Nadie supo dar una respuesta precisa. Se admitió un trámite de investigación, pero la doctrina no se hizo acreedora de confianza.

 

35

Fiel de espalda a la pared. El desaire se estrenó sobre una pista. En silencio, se escabulló el amigo ajeno que fumaba pipa.

 

36

Se inició en los misterios menos universales. Se hizo a la mar y sus dientes entrechocaban. Hurtó sus ojos y el olor de la tormenta lo ganó sin edad.

 

37

De bruces, el caminante se ahuecó. En mucho tiempo se incorporó. De los suyos, sólo supo cuando sintió sobre su cara el desprecio.

 

38

Al suelo, las banderas antes desplegadas. Alguno profanó su conducta. Con ese proceder, vertió su vergüenza en lo mullido de la apostasía.

 

39

Bajo techado, la inquina lobreguece cualquier reclamo. Los signos de la brevedad no aparecen por ninguna parte. Del aguacero, se captan las laderas hendidas.

 

40

Hacia allá, textos y fotografías de Wilfredo Carrizales
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Un discurso casi lo enaltece. Después el aburrimiento lo consumió. Una materia figurada le caldeó los ánimos mientras malparía una tutela.

 

41

Recogimiento en abstracto. Caudal para propasarse en la bondad. La desazón no se hizo esperar. La pasividad logró su cumplimiento.

 

42

Una cercana esquina en la mente. Solícita, una señora admite un vocablo inadecuado. Con la prueba de su mancha, tomó cuerpo un abultamiento.

 

43

Se avizora sobre las tazas. Una palabra para un combate dentro del hogar. Se adelantan los ademanes y el vértigo resuena afuera.

 

44

Amargor detrás del paladar. Una escena de eventualidad para execrar a los hijos. En un oficio acrecentado, el lance se aviene mal.

 

45

El ladrón añadió más huidas a su prontuario. Su semblante acunó una coyuntura. Cuando quisieron acusarlo, se delató de un modo práctico.

 

46

Por el juego, perdió a sus hermanos. Por la perdida riqueza, afectó su espíritu servicial. Por la noticia que se propagó veloz, cortó su cuello con navaja.

 

47

Los meses se beneficiaron por el calor. La fatiga sacudía a los lisonjeros. Un moribundo sonrió con su congoja y se arracimó con el bullicio de su alma.

 

48

El blasfemo se escudó detrás del triunfo. Como era largo de lengua, la osadía lo alejaba no blandamente. Sus arrestos mutaron en anécdotas que se bifurcaron por los caminos.

 

49

La jarra y el pobre necesitado. La barbaridad en el trato con los insolentes. La afabilidad y la mansedumbre circunvolaron hasta perderse en la infinitud.

 

50

Hacia allá, textos y fotografías de Wilfredo Carrizales
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Cayeron de cabeza los monjes y luego su miedo fue desdicha. Cayó la calavera al pozo y el criterio de rescatarla fue conjurado. Caería en la trampa el soldado con mal de piedra. Hubo caído en sueño, en la flor de su azote, el torpe que computaba las plagas con un aparejo de melancolía.

Wilfredo Carrizales
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