correcciondetextos.org: el mejor servicio de correccin de textos y correccin de estilo al mejor precio

Saltar al contenido

Tanteos y desplazamientos a su hora

miércoles 18 de mayo de 2016

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Tanteos y desplazamientos a su hora

En cinco noches escuché el sonido de gotas de agua. Las banderolas flamearon con los días movidos por peces, antepasados de serpientes. Al alba, las fragancias llenaron las mangas de mi camisa. Deseé conocer las palmas del mundo para entretejer su belleza.

Nueve cargas trajo el color de la primavera. El viento reunió a las golondrinas en lo alto y un poema se formó en un trozo de jade que se allegó a un estanque. Un fénix pasó volando por encima y sus plumas caídas establecieron una justicia.

 

2

En el agua, los corpúsculos llaman a las flechas de la corriente. Del verano nace el cinabrio que le da cuerpo a los melocotones. La luz flota en el aire cercano, donde las nubes se cierran al resplandor de las yerbas que amarillean. La bruma se tiñe para competir con la lluvia y el rocío. El pensamiento trae aparejado a un pájaro que profundiza en el aspecto doble del vaho.

 

3

En el horizonte, la nieve no llega a endurecerse sobre las ramas. Entre la noche diurna, el canto de ciertas aves hace pensar en el lugar natal. Las flores se derrumban y en la montaña de las dos lunas no se ven a los pétalos cuando se enfrían. Los retoños de bambú se enferman y el año que comienza se prohíbe ser silvestre. Las fragancias le faltan al anochecer y para compensar la carencia optan por un lejano estremecimiento.

 

4

En el recuerdo, el día en el que en cada ribera se discutió sobre las coloraturas que no retornaban. Los sueños produjeron formas vegetales límpidas que añoraban los licores y la rima de los filamentos encapsulados. Fue rota la nostalgia por el té que comenzó a hervir. Las castañas se ampararon en su soledad y conocieron el vacío de los meses. Los años engendraron sus propias florescencias y a mil millas de distancia no se distinguía la cabeza de una simple pulga.

 

5

Tanteos y desplazamientos a su hora

Arriba se inician las negaciones. En los bosques se insinúan las cimas que no estorban a la oscuridad. El puro resplandor del cielo permanece con la clausura de las cuadradas puertas. Al mismo tiempo, los alacranes alebrestan a los corazones y entre la gente un alimento se ama con naturalidad.

 

6

El fuego sobre la flor de plata. Bosques y bosques eclosionan con los aromas de las ruedas de los carruajes que se extravían. Se sigue al peso de lo negro en el ocaso que coacciona la emulación del yo.

 

7

Lo insólito colma a la luna del alero. Dos nubes ahítas para un par de murciélagos. Bajo una mesa, el licor se sirve a discreción. En los alrededores se levantan edificios de jade y abanicos. El otoño imaginado quiere amoldarse al lago de sus angustias, pero no lo logra, infelizmente. Un río de soledad retorna al volumen de donde emergió.

 

8

La mujer lava sus perlas, mientras se escucha el sonido de una flauta que busca su redención. Se sabe que algo es atraído por las notas y por el destello del verdor. Mas, ¿quién es capaz de describir la escena sin temor a equivocarse?

 

9

El cuerpo se aligera con la calma de las madrugadas. Brillan las manchas del alcohol. Regresa la salud adherida a los tendones y músculos. Hay sombras rojas en el espacio que media entre las ramas. Los ojos miran cuatro tiempos de una puesta de sol y los nudos no se tuercen más por falta de un paradigma en el frente.

 

10

Tanteos y desplazamientos a su hora

En el estanque se habla del viento, de las brisas y del humo. El agua ha iniciado su avance hacia alguna montaña. Un pez se dibuja en su deseo y un hombre que pasa con un pensamiento aligerado le gana la simpleza.

 

11

En el falso invierno, la comida no es asunto asentado en libros. Las portezuelas caen con las patadas de lejanos parientes. La claridad amarillea al valle y risas de desconocidos sujetos se elevan con los truenos de los insectos que chirrían. En un puente, una viuda pregunta por quien estabiliza sus pies dentro de la lluvia eficaz. Los yerbajos de las colinas mueren bajo la carga de una mala historia.

 

12

En la cabeza del sur, numerosas tumbas entre los campos labrantíos. Las cenizas de papel vuelan en busca de las mariposas que transparentan. El sol se precipita solo encima de un montículo que se embriaga. La sangre del cielo tiñe a un cuchillo en su pregón de intimidad.

 

13

La fuente se torna fragante con el itinerario de los minutos. Los sauces se envuelven en un verde que abjura de lo remoto, mientras los musgos fluyen sobre sus pedazos de piedras que no olvidan tan fácilmente la humedad.

 

14

El libro encaja con todos sus textos dentro del vestido derrumbado sobre una hojarasca infinita. Unos pistilos se ocupan de rellenar las figuras que permanecen en equilibrio. Se parten las ventanas sin ningún notable fragor. La duda se encaminó hacia lo anterior que se desvió o fue definitivamente colgada.

 

15

Tanteos y desplazamientos a su hora

La corriente anuncia meandros del silencio y se nutre de arcanos. Una abeja en calma deja volar su ansia de transida primavera. Las pupilas se humedecen con mínimas querencias. Los nidos se reinventan sobre horquetas que azulean. En el interior de los troncos, unas medicinas se puntean de alegría. El nombre de algo que flota se parte por la mitad y un estruendo es escupido desde la boca de la desgracia.

 

16

Saltos de las ranas tras las piedras que se mueven sin vocablos. En el fondo del légamo, un perfume desplaza a la incógnita del saber. Durante un mañana se aligerarán los zigzags de las fábulas que aún no se han divulgado. Un reposo se arrastra, apegado a los ciclos de burbujas, y alcanza el hito de épocas que se alternaron para su propio caudal.

 

17

La vestimenta se inutilizó dentro de la niebla. Un grillo fue visto en el interior de un flujo de chispazos y se movía con exhaustivo conocimiento de causa. Se doblaron las cantidades y el resultado se inclinó hasta el nivel de la esperanza furtiva.

 

18

No hubo sentimientos en el meollo de los sueños del escorpión que se decoloró temprano. Desde el este enviaron comienzos de murallas y paisajes que se unificaron tras las nostalgias. Las palabras alcanzaron la territorialidad plena sin perder su prístina majestad.

 

19

En un pasado lustro, las semillas se despidieron de su señor y el camino se preguntó por las noticias que no acababan de ocurrir. Los espíritus se rodearon en los cuadrantes y desde el oeste observaron la edad de un edificio en ruinas premonitorias.

 

20

Tanteos y desplazamientos a su hora

Corre la turbulencia, líquida y fresca, y corre con las libélulas que la acompañan. En un sombrío salón se miran mutuamente quienes se intercambian alhajas y tambores. Un microscópico objeto se nota, con deferencia, y su importancia se expande con garantía.

 

21

El estío se alarga a través de sus escrituras que resuenan. El sol se elonga con el viento que gotea. La vestimenta de la araña se colmó de polvo y las sombras no matizaron el desconcierto. Un meteoro, presionado, descendió por las paredes y tardíamente rechinaron unos dientes escondidos. La espiga imaginaria del banano se plegó hacia un rincón sin sonido sensual. Un espinazo de pescado se atravesó en medio de la nada.

 

22

Las llamas saltan por encima del vacío y revientan en quietud pasmosa. Una estera se abre y muestra la raíz del pino de donde procede. Un remolino tremola como asunto de leyenda y las ondas dudan en asimilarse a periodos antiguos.

 

23

Se quiebra el poema con la fragilidad incierta del bambú. Primero fue el reflejo de los sustantivos nunca agotados. Después la sugerencia se apartó de la llegada y el movimiento no encontró emoción.

 

24

Lo triste unido a la flor que no se abre. La fragancia que abultó el ámbito con tejas que gravitaban. La continuidad de las páginas en la cercanía porfiada. La profundidad tenue del atardecer en agraz y el inicio del libar de las nubes más elocuentes. No se puede oír el vaivén de las arrugas del tiempo.

 

25

Tanteos y desplazamientos a su hora

Entre el cielo y la tierra se manifiestan sombras que subyacen en un afuera sin cortes. Lo precioso de la alegría se desborda por las sendas. Encima de una techumbre, un trueno se repite con insistencia y un caminante palpa su barbilla y piensa en la muñeca que fabrica.

 

26

Piel de estro que va y viene, incesante, tajantemente. Las cosas persiguen a su anhelado otoño con energía de proclama. Las siluetas de unos pies se ajustan a los extremos de su escenario. En el norte se hizo trizas una vasija que no entonaba con la sed del común. Debajo de un cúmulo de boscajes, una torrentera descubrió su calma y se quedó dormida para la eternidad.

 

27

La ardilla más que lista gira en torno a las almas sin pena. En esas condiciones, carece de fronteras. Los minerales grandiosos quedan ocultos en el cieno de los evocados ríos y luego hombres desesperados principian su inútil búsqueda.

 

28

Flamas desde los cirros de las cumbres. La nostalgia se cuela por los resquicios de los hongos que se atavían de festividad. Una garza pregunta por la morada que se disipa erecta y nadie le responde con certeza.

 

29

El cuervo usó su corbatín oscuro y no osó mirarse en el espejo de agua trémula. El huésped se encerró en su cuarto y lo ganó una rosada claridad de apariencias. En los arriates brotaron múltiples frutos al bies. Las hormigas superaron a los peticionarios y los hicieron retroceder.

 

30

Tanteos y desplazamientos a su hora

Los ancianos se marchan con la fortaleza del otoño. La vergüenza no cubre sus cortos rostros. Sus ahoras se apartan a un lado con sentimientos encajados. La risa no sucumbe y es de oro su soberanía. El invierno empieza a acuñar su mandato en las faldas de las colinas enunciadas. El serrín de las maderas escogidas señala la proximidad de los ataúdes.

Wilfredo Carrizales
Últimas entradas de Wilfredo Carrizales (ver todo)