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Aunque acaso vaya, quizá me quede

miércoles 25 de mayo de 2016

Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1

Fotografía: Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Tanto más cuanto que la inmersión me lleva a la cabeza sumamente ligera. Dos más cinco y aún temprano en el tiempo de las vocaciones. Aparte, nada se ha comprendido y no basta de aumento o argumentación. Varios pequeños, respectivamente, y los signos no dicen más. Veo en la pluralidad y de sobra se acompaña el trabajo que no se realiza.

Ya continúa la escasez. Escribo sin tratar de lograr efectos. Un saco de plomo nace en el ayer y viene la quietud si trae sumo culmen. Envidio a quien levanta la mano y su obligación se construye en otra parte. Arribo, felizmente, a la matrícula del aspecto. (Una puerta se reserva y se abre para tocar el amuleto que pone régimen). Cargo con la tinta y demás provisiones del olvido que se deteriora. La cizaña me adelanta y se sacrifica cuando poso el codo encima de la precariedad.

Todavía se ignora si martes o mayo. El espectáculo en la taquilla para la paternidad con la subida del calor. Se arrumban los desperdicios y el desaire se archiva a contrapelo. (Vuelvo a escupir; reúno datos; recurro a la confirmación de la cabuya).

Con recelo, me desrengo. La naturaleza me declara incorregible. Hacia la salida abordo a la cámara fotográfica y me enfermo con la mirada cual un festín.

 

2

 

Fotografía: Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Sin titubear principio en el celo. El defecto se me pega al borde del reproche. Veces de expansión y el cargo de la repugnancia. Telefoneo de nuevo; me atraso múltiples minutos. Recupero la pendiente del traje negro y enciendo la cama que huele a esencias inglesas. (Un billete de ida y vuelta se aprueba para ser castigado más tarde).

Se riza una cortina. Mi boca se arruga y creo entrever la comilona que se manifiesta sin riesgo. A toca teja, me lanzo a la lucha contra el folletín gobiernero. (Las papas se han afiebrado; se desplazan los turnos en las últimas; un camino se ensambla aproximado a un enjambre de despegues). Hasta los tontos se sabotean en las calles. La correspondencia vale tanto como una fanega de pan.

Escrúpulos cuando los crepúsculos asestan latigazos o dificultades o reproches o sarcasmos. Sin cesar, la sanguina se hiela y limita lo satisfactorio. Se encordelan las aperturas, escandalosamente, y en carretilla pasan del salvajismo a la promiscuidad.

Se violan los sellos y sucumben los crímenes sin argumentos. Lo alevoso no se improvisa, sino que se incorpora a su natural beneplácito. Se abunda en los sentidos opuestos y tras las semanas se amarran olores de difuntos y permisos que se abaten.

La patria muere en un acto de servicio. La enfermedad de los cócteles aumenta los colores militares. Así que al son de guitarras con veleidades, se ensimisman los sacristanes en los muelles del yugo.

 

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Fotografía: Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Subvenir al auxiliar en lo sucesivo. Me sustancio, actualmente, a mis largas, con lo especular en su apartamento. El estiramiento justifica el estilismo. ¿Sucede el zumo a la conmutación de la pena?

Al destinatario con las señas, conforme al propósito de dejadez. En seguida, los acompañantes con pezuñas y diligencias. De cualquier manera. Perdurabilidad del alzamiento sin seguridad. (Me desplomo en el vuelo; me amuro; me sobrehilo).

Me reputo de uno: aquél que viaja en salazón. La temporada de la lechuga logra la calma. ¿Cuáles seres carcomen la madera que retumba sin freno? Dan vueltas las arandelas y en ninguna parte se escuchan rosas sin espinas, lechos cual sendas o cantidades que desembocan en las cubas.

Retrocedo después de un instante sin identidad. El retiro me autoriza a retractarme, a ampararme en la jubilación. Si se entusiasma un asalto, ¿habrá rechazo por la canción del reproche?

Las llamadas, en declive, ¿por qué motivo? A más no poder y las excusas lanzadas dentro de un bacín. El espectro de un rábano se deshace en la burla que se descarta. ¿Alguien se lo creerá? ¿Será el colmo? ¿El infinito ensalme?

Entre las piernas, el rabo atornillado. Los frutos para el final del susto. ¿Se marcharon aquéllos? ¿Permanecerán los otros? ¿Morirán los de cuota y frases?

¿En qué estaría pensando yo cuando trastornó la fiebre? Dígase y el escribir fluye. Cuyo objeto hubiérase ido. Me quité el abrigo y lo prendí de la visita del calendario. La advertencia fue doble o nada.

 

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Fotografía: Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

Tomé la medicina para el riesgo. Uno tras otro me consiguieron al margen del rabillo del ojo. No di en la velocidad por condensar el hábito. De multa y de presa me cedí. Capturé los venenos y fui posición.

El premio resultó mi asidero, la lana que aferró su gravamen. Como una hogaza sin día triste profundicé en el prisma para retomar rehenes.

Híceme rogar por los dispuestos a las sobras. El principio sirvió para vivir los ruegos. ¿Afectísimo anduve en el saludo atento, en el convite sin grima ni previsión? ¡Pronto, el prestidigitador traerá represalias!

No marco los adornos; no señalo las mejillas del común; no amontono los hitos de ninguna revolución. Las mandíbulas se me echan para atrás. Durante el proceso de la tramoya las máquinas se tragan las perras del concurso. (Un trasero antojadizo se distrae en su luminancia).

Margen o ley. Pretexto para todo tipo de lumbagos. Desde entonces se codicia. Puesto que no se exagera, se aprieta el bulto y el ocio se integra.

Anchamente se hace algo. Entonces da para cielo, nunca para evangelio ni ignorancia del diablo. La gramática se imagina sin techo y en el mismo caso una galería se asimila a la ronda de los togados.

Insecable y se sitúa la virtud. Por el momento, las angustias no se divorcian. A espaldas de las medidas, los señores matriculan sus incomodidades. Un tema en infusión, medrable, fumado, en pos de un esfuerzo que representa estragos.

¿Picos en las caras para ser llamativas? ¿Cascajos entre comillas? ¿Narices declarándose vocingleras? ¿Guerra de consejos? ¿Estaremos definitivamente cansados?

 

5

Fotografía: Wilfredo Carrizales
Fotografía: Wilfredo Carrizales

El gato toma agua también, dijo una niña de anónimo semblante. (Su abuelo era negro por efusión y membrecía). Otros animales aportaban unos líquidos de sapiencia con derechos de flaquear.

Me entorpece la preciosidad que se ahuma. No es moco lo que se deteriora con lecturas. El murmullo de las farolas ocasiona un torcimiento en los zócalos. Chupo la vía muerta y me escucho, a cubierto, bajo el vehículo vedado.

Juego entre dos paños. Incendio con la cosecha en pie. Se agitan las manzanas de tierra y el que tiene escalofríos se distiende sobre su almanaque. Un anteojo exageró su inteligencia y devino en portátil bifurcación. (Otro jueves que restalle no tiene importancia).

Fiesta sin sal y sin asesinados. Asignatura de un sable con buen ánimo. Sólo las cadenas son tenaces cuando mutan en homicidas.

Un cortejo se obliga. Un holgazán se emparenta con la quiebra. Lo que amaina no pronuncia su motor. Si se evidencia un contagio, un cigarrillo llega con prontitud a la boca del médico. ¿Estamos? ¿Somos? ¿Aullamos?

Allí, a las nueve, bizcocho con minuendo. ¡Tan lejos la cuenta por accidente! A pique, los bolsillos; los necios, con sus demasiadas piedras. Meterse con el uno. Entre los mejores, el paseo a la medida. Es cierta la feminidad del estreno. ¿A quién le toca? El llanto ya se carga, ya se trepana. ¿No hubiera sido?

Mente que se hace polvo y da medio giro y se sofoca. El recuerdo de la esquirla se aprisiona por definición. Se espía el ánimo: travesura y ensayo. Rota por el pie, una estatua se trastoca. Un aire se prodiga en un hoyo e inventa palabras en vacaciones.

Wilfredo Carrizales
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