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Fluyendo entre abstracciones

miércoles 6 de julio de 2016

Textos y collages: Wilfredo Carrizales

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Fluyendo entre abstracciones, por Wilfredo Carrizales
Collages: Wilfredo Carrizales

Propendo a aislarme entre la realidad de las abstracciones donde fluyo. No me abstengo y soporto. Me introduzco en la corriente que viola los prejuicios. Me camuflo sin debilitarme en la afectividad. El acto se cumple sin perturbaciones. Conozco los objetos y los excluyo, temporalmente, dentro de los intersticios de las sanciones.

Avanzo sin abusar de las firmas y me compongo, a voluntad, con respecto a lo invencible o a lo invisible. Me demuestro no desembarazado de mis contradicciones. Me encorvo; me afilo; me trepo; me absorbo. Gracias le doy a esa virtud y a su tenor.

Excedo las censuras mientras gozo del favor de la abundancia de regiones minúsculas e ignotas. Me compongo en la asociación de la indulgencia y llego al margen, traducido, pero no desenmascarado.

Aparezco en la absolución de las centurias contra el arrojo de los principios amargos de las coloraturas. Me creo fundador de ramajes, heridas de brea e infusiones que pasan ofendidas. Mis piezas se tornan solubles en las fachadas del origen. Exclusivamente me contamino en la oscuridad aromática y predico, fibroso, la etiología que no existe. (Un pasmo me aúlla, diurético).

Los enfados no me aburren. Maniobro con velas que acercan alturas no finas. Colgante, me encarno en la instancia que se inflama. Si alcanzo a extirparme me diseminaré en ángulos para ornamentos de cajón.

Puede decirse que todo evoca un templo amorfo y entonces así me domino en lo culminante de una lesión que se vuelve corteza, divertimento de opacidades, serosidad sin resguardo y, a la sazón, trashumo hacia los agentes que me librarán de la evolución que me abate.

 

2

Fluyendo entre abstracciones, por Wilfredo Carrizales
Collages: Wilfredo Carrizales

Afloro, abstraído, y localizo, de inmediato, a mis injertos de retazos poco festivos. Empalidezco para abrocharme. Ya no intento diluir los capullos. (De pronto, escucho a alguien que se azota con sombras de disciplina). Debo aplicarme a la desigualdad de los hilos, a las vanas especulaciones del candil. Antes de que arriben las estrías, me acanalaré a través de las intermitencias.

Algunos suplicios antiguos varían ante mis ojos. Me constituyo en cuadrúpedo sin ladridos, con láminas en el abdomen: allí resuenan ecos tórpidos. Ahora no tengo pies o los llevo ocultos donde todos los vean. Ahora me rebaño en mi recinto que se endurece y propala vísceras.

Fuera de los adentros hincan unos dientes como barajas de a mil. Me discrimino con mis tejidos regidos por un plebiscito de lo más circunstancial. ¿Tengo que reunir mis referencias siempre mutables, mezcladas a sus prefijos de ornato y bisuterías?

He dado el habla a lo pospuesto. He adelgazado a pesar del edicto. He tartamudeado en medio de sabores que propugnaron ruidos falaces. En beneficio exclusivo de mi sustentación adopto un modo que me homologa a las orillas elusivas.

Los restos de mis intemperancias yacen esparcidos encima del aforo de la reclusión. También muero bajo las patas de mi ave guardiana. ¿A qué calibrar próximos encuentros con la nada? A tiro de sangre se sacude un “paraíso” sobre el suelo. En el ínterin, un alevoso clima funde la regularidad de las aleaciones.

¿Adónde terminaremos de progresar con mansedumbre si ya los pliegos dejaron de apuntalarse? El ataque se acerca y de los rincones emergen escándalos, migajas de ratones, cosas desmenuzadas, golpes de utensilios para las riñas…

Resultaría mejor salir al patio a amasar los metales y a darles formas de hombres acostados y averiados, a la espera de un disparate que sea una inútil canción de abstinencia.

Wilfredo Carrizales
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