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Esquelas para unas amantes que nunca existieron

lunes 11 de julio de 2016

Textos y dibujos: Wilfredo Carrizales

1

Esquelas para unas amantes que nunca existieron, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Milagrosa Milagros:

te venero simultáneamente en varias localidades. Me correspondo con la maravilla de tu cuerpo: mi advocación permanente. ¿Saldré ileso de esta extraordinaria pasión por ti?

Tu taumaturgo, quien ofrenda innumerables exvotos a tus pies.

 

2

Candidosa Cándida:

me atestiguo como blanco de tus miradas, ya que te sé inmaculada y sincera. Llevo tu sentido simbólico encajado en los ijares. Tu más relevante difusión la constituye mi martirio en tu nombre. Iría hasta Trebisonda si con ello me ganara pronto tus favores más íntimos.

Tu alegoría que añade inconfundibles signos amatorios.

 

3

Asoleada Sol:

aludo constantemente a tu belleza y resplandor y no me abrevio para no encontrarme en soledad. Tu pureza me sustenta y documenta mi llamado a toda hora. Así me hago notar y te obligo a salir de detrás de las nubes.

Tu señor que no se empaña.

 

4

Adolorida Dolores:

soy, irrevocablemente, tu octavo dolor, y quiero que huyas conmigo como tu profecía carnal. Sabes que no desapareceré nunca y descendería siempre hasta tu lecho aunque estuviese pintado en el subsuelo. Tus palabras me elevan y me convierten en tu hijo incestuoso y bígamo.

Tu templo que eyacula y se agita.

 

5

Abierta Abril:

nazco cada vez que floreces y me otorgas tu alegría. Puedo afirmar que eres el renacimiento de mis prácticas vernales. Veraz, penetro en lo verde de tu verdad y me substancio en la savia ardorosa de tu hendidura inmortal.

Tu abrileño que te abrillanta.

 

6

Mercedaria Mercedes:

mereces que sea tu patrono: inocente o salaz; tú decides. En todo caso, estoy dispuesto a convertirme en tu cautivo para redimirme entre tus muslos, sin perdón ni misericordia. Quiero acudir siempre a la segunda mitad de tu ronda: aquella donde sería más popular, merced a tus besos y caricias. Polícromo, me tallo en tu imagen que me erotiza.

Tu alusivo y ordenado expectante.

 

7

Hurtada Urraca:

córvido, vuelo de continuo hasta tu nido nocturnal. ¿No admites que estás inclinada a robarme y transformarme en tu alhaja que más refulge? Pájara, posas sobre mi lengua y satisfactoriamente parloteamos con volubilidad y desenfado.

Tu hurraco que te adorna más y mejor.

 

8

Veraz Vera:

¿acaso no soy tu fe? ¿Tu justo deseado verdadero? No pretendo exiliarme de tu altar altanero, ni apelar a la revolución de tus caderas. Me conformo con verte desnuda, semanalmente, en medio de la toponimia asaz verídica de tu occidental dormitorio en ascuas.

Tu verísimo enamorado no verecundo.

 

9

Socorrida Socorro:

perpetuamente me auxilio con tus septiembres y presintiendo tu piel de oro, me doy a olerla y a olerla. En el bar intercedo por ti, aunque parecido a un menesteroso, me curo en los licores de prosapia. ¿Serás tú, definitivamente, mi epidemia que me provee de dulzuras táctiles? ¡Quiera que sí!

Tu socorredor en agraz.

 

10

Esquelas para unas amantes que nunca existieron, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Palomeada Paloma:

habiéndote lanzado dentro de un lienzo, ¿no te encuentro, por mor de la pasión, coincidiendo tenaz con mi espíritu que se torna erecto y procaz? El hecho es que me consumo en tu tradición y debo chuparte la colita para que zurees con mi verano a cuestas.

Tu palomo ladrón.

 

11

Barbarizada Bárbara:

tartamudeo cuando te presiento y hablo con suma dificultad ante tu presencia. Luego, ¿admitiré que me siento extranjero en el territorio de tu pubis? Debes sobreentender los apodos que me endilgan los envidiosos. Ellos no desisten de su furia y yo asisto a la mayor de las alegrías en el momento en que te concibo y paladeo tu forma femenina y única. Me dirijo hacia la muerte breve, bárbaramente, adherido a tus pezones de artillera.

Tu bárbaro barbado.

 

12

Enebrada Ginebra:

me lancé temprano en procura de tus amores adúlteros y apareciste gualda, atribuible a mi cara de llanto fresco. Más luego me propuse raptarte y recurrí al más extremo radicalismo, pero tu suave carácter me mutó en espuma y juntos anhelamos ser olas del mar. Ahora, vaya donde vaya, soy tu baya de enebro y me empleo en emborracharme para deslumbrarme en el blancor de tus muslos.

Tu ginebrino encantado.

 

13

Afortunada Fortuna:

mi azar es tu buena suerte. A pesar de que eres ciega, ves y escudriñas todo a través de mis ojos. No importa que me pongas cuernos en abundancia: yo ruedo con la más propicia de las fortunas. Remonto a cabalidad tu edad media y con mi sentido augural y sexagenario te preño en el centro de la vida y trato a tu nueva condición como a una recién nacida.

Tu Fortunato publicano.

 

14

Irisada Iris:

dentro de la electricidad me atomizo y en arco me hago mito en ti. Personifico tus mensajes y enhebro con luces nuestros pedazos de tierra y cielo. En el siempre reciente me difumino en tus entrañas, porque me importas y así repercuto, lírico, y sé que me gozas al ir hacia el estado donde desembocamos lujuriosos, retribuidos.

Tu causante de irisación.

 

15

Albina Alba:

aludo a tu eufonía y no eludo lo blanquecino de tu figura. Contigo amanezco más temprano: me sobran albura y campanas en la aurora. ¿Sabes que te has convertido en Mi Señora de la Claridad? Con alboradas festejo tus camisas blancas y mi tiempo transcurre lento al deslizarse por tus pechos. En el albar suelo alabar los encantos de tu luna y entre blanduras me apoyo en tu talle y logro tañidos de buenos días.

Tu alboreador trepado en tu horizonte.

 

16

Endomingada Dominga:

del señor tuyo, que lo soy, aludo al día de nuestro rescate. Prestigio el silo donde te alimentas de cañas y liberas a las uvas para que relaten mi ebriedad. Te calzas en el retirado bosque y más tarde acoges a mis manos peregrinas en tu empeine. Versifico la calzada por donde transitas sola, con la frecuencia de mi compañía. Desde mi ámbito postrero me extrapolo hasta tu dominio de oficio y nos confundimos en el coito al servicio de lo profano.

Tu dominguero domiciliario.

 

17

Victoriosa Victoria:

demostraste ser mi vencedora y ahora derivo mi personificación hacia ti. Te columbro en obra escultórica, reinando sobre los derrotados. Desde ahora no hago más cartas, sólo emborronaré esquelas. Sin duda, no me parezco a un león, aunque mi descompuesto rostro así lo proclame. La victoria te sostiene y nadie osará perseguirte. Tal vez únicamente yo me atreva a besar tus rajaduras y a citar mis alabanzas como loor a tu poderío de hembra de anchas caderas y sacudidas mortales.

Tu desarmado batallador.

 

18

Amargada Dulce:

fuiste en un lejano tiempo, agradable; hoy, estás distante de serlo. Partiste a ninguna parte y allí comenzó tu amargura y se inició el trastrueco de tu nombre. Conocí tu otrora dulzor y logré que fuera la raíz de mi vida. Mas todo acabó y acaeció el dulcidio. La dulzura quizá no te convenía y sí se acomodaba a ti lo amargoso del resentimiento. Ya no es necesario recordar el azúcar que portabas: las moscas merodean en otros confines y ahora tú ni siquiera sabes hacer mermelada.

Tu insípido escrutador.

 

19

Devoradora Débora:

planeas cual abeja y picas como profetisa en rebeldía. Prefieres lo cutáneo para explayarte mejor. Con la ayuda de tus alas eres ubicua y te enteras de todos los parlamentos. Desde siempre ha empezado tu celebridad y tu influencia alcanza hasta más allá de la colmena y el panal. Crees ser la actriz de imperecedero brillo, pero recuerda que frecuentemente la muerte aparece, de súbito, y frustra toda empresa. ¿Derivarás, devoradora, hacia el culto del zumbido o deberás, dubitabunda, descreer del deber que te impones?

Tu abejorro zumbador.

 

20

Esquelas para unas amantes que nunca existieron, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

Imprudente Prudencia:

¿por qué insistes en creerte juiciosa? Tu previsión está cayendo en desuso y día tras día se evidencia con mayor claridad tu imprudencia. ¿Cómo puedes pretender amar a dos diablos a la vez? Yo solo valgo por tres. Más tarde no digas que no te amonesté a tiempo. Mi lugar destacado tú me lo diste en tu amplia cama. Te demostré, a la perfección, mi arte amatoria. ¿Qué hiciste tú? Imprudentemente difundiste que habías sido amada por Eros y que pusiste todo a su servicio. La indiscreción te aturdió y entonces rompiste el espejo impúber.

Tu prudente impúdico.

Wilfredo Carrizales
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