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Tópicos envesados

lunes 29 de agosto de 2016
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Textos y collage: Wilfredo Carrizales
Tópicos envesados, por Wilfredo Carrizales
Collage: Wilfredo Carrizales

1
Estímulos

Un corpúsculo de luz aguijonea la epidermis del mediodía. El polen exulta a la pupila hasta el esplendor sin mácula. Estoico polvo cae sobre la nariz y produce un salto de lo ocre. Un calor de alhajas se expande en la elipsis del oído. (Existe un arte de lagrimear en lo umbroso de los vegetales extintos).

Va siendo tiempo de cereales mordidos por la expectación de los caracoles táctiles. Lo quejumbroso nos distrae del placer de oler los átomos del desolvido.

Aún con todas las precedencias apuramos la fusión de los hierros dentro de la paila que pregona dulzores. (El calendario nos brinda un acicate para albergar la comunión de los sinsentidos y trasnocharnos con cebollas que frecuentan cuchillos de avaricia).

Más facultado que el perfume de la astringencia, el caldo de los pinchazos se fortalece en su doblez.

 

2
Órganos sensoriales

Desde la cima del ombligo se desprenden orfebrerías que aterrizan ya coaguladas. Se ven en las yemas de los dedos mordacidades de un subido orgasmo. Por el cerebro se tensa el estipendio de lo acre y no se trunca el instinto del mérito.

Acaso ligado al azar, un desove de sangría se cuela por entre los pulmones en fuga de estío. Hasta el momento menos esperado se oculta tras los bastidores del corazón: allí difunde alguna prueba de nobleza.

Adornado con penachos, el estómago traga las estridencias y las rugosidades del parentesco solar. Ensartadas mentiras se desnudan bajo la protección del hígado y, a empujones, crían lo que es suyo.

Cierto dolabro hace hincapié encima de la fragancia de las resquebraduras óseas. Después resanará el riñón a poca profundidad, aunque el estropeo le haya quitado seriedad.

A sus tareas se dedica el páncreas durante el responso invocado con el chasquido de lo sucio. La entidad de los órganos sensoriales se ha escrito con cálamo alimentado con fluidos que contienen plata y dispositivos de gases trepidantes.

 

3
Receptores

Iba a la estación que eclosiona y recibió una dosis de chirridos pintados de amaranto y carbonada. Acusado de resplandores con la fuerte descarga del pleito que no se acepta sin asilo.

En su lance de red dispensado de rebote, insistentemente chiflado por la cofradía de los gustos tercianos. Tras la casa particular, el límite que se peina para constatar la altura del alba y mientras, ¿la cuadrícula se acierta?

De ratón, se subraya la cosa de cualquier guion admitido por la celeridad del hambre. Se toma lo acendrado de la incertidumbre, pero sin acelerar los contrastes de las texturas que hieren.

Nuevos elementos en el sistema del alumbre y surcos para las fundas de los pies que andan con trasiegos de saladuras.

Me muestro conforme y devengo juez en la raya de la carne asistida e incorporada al tránsito de los excesos. De tal modo asedio con mi constelación biológica al odre, al chubasco y a las partículas de un asbesto aún inviolado.

 

4
De lo sensible

Un sepulcro agobiado de sainetes, o sea, hipotéticamente narrado por un séquito de reliquias. ¿Cuánto es toda simulación? Sin que se produzca el ocaso de donde vengas, sin que el motivo nos llame, sin que la existencia se desvanezca dentro de su reloj de arena robada.

Pertinaz y un enorme jaleo en el organismo menguante. Sonará a excusa o a desdén que no se aguanta. En la manera de ser, se percibe la fiesta del que se aloja en el interior de la sequía y se despliegan coronas y se maldice de la referencia del emplazamiento equivalente a una guirnalda.

Tejas amargas las que nos convidan a engatillarnos y a no resistir el refugio de las amapolas gachas. Cada una de las ramas se acuna en su umbráculo, aunque máximos doseles regulen su influencia.

La balanza se deja la tierra como se despierta un giro mental y luego nada se deplora, ni nada experimenta sensatez alguna. Hojas en el lastre y sin mesura: belleza de periodicidad incierta.

A disgusto, la resina me resuella y el cansancio me escucha encaramado en su resistidero. Ahora la tentación reverbera, apuntala sin jugos ni perfumes. Malogro mi pereza y apreciablemente abulto la música del enfermo y su aparato desagradable.

Esos modales de notificar, de asentar la serenidad, producen un claustro para ser colmado por horizontes de almejas y sesos en soledad y apliques de senos demenciales.

Percibo dentro de la cabeza miles de insensateces y a cual más acertada me le adhiero con afán de trascendencia. De séptimo, me dispongo en la tónica y me sé no merecedor de loores, ni de piadas. Rasco el suelo con zapatos prestados y desarrollo vistosidades para estanques con peces atolondrados y nunca ahítos de espinas y murmullos laterales.

Mi querencia se guisa durante la zafra de los bollos tiernos. Mis ojos se envanecen.

Wilfredo Carrizales
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