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Aquellas arengas del íncubo

lunes 5 de septiembre de 2016
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Textos y dibujo: Wilfredo Carrizales
Aquellas arengas del íncubo, por Wilfredo Carrizales
Dibujo: Wilfredo Carrizales

1

¡Despabílate, noble muchacha de reprimida rubefacción, despabílate y ven a amar mi bálano emperifollado y luego le dirás a tus amigas que en el diorama actuaste atentamente por el dulce riesgo que nos tornó en envés y revés y que descubriste la veracidad de la fama de mis compañones y que con ellos te entinté toda desde atrás y que muerta fuiste brevemente y natura te revivió con seguidos espasmos!

¡Despabílate, noble muchacha y sal de la cama!

 

2

¡Sor Juana Inés, desciende del árbol de esa cruz y después te estrellarás contra mi pecho y el tumor de mi raíz te proporcionará pegajosa sustancia y así te haré empinar para que no declines en tu ardor y me otorgues a su vez tu sustrato y de tal modo tu arbusto abrirá su púrpura portezuela y me harás ver tus flores, tus frutos y toda tu savia vigorosa y más tarde nos perderemos a solas, enjoyado yo y despatarrada tú, y a través del amor seremos damasquinados y un salaz temple devendrá en olorosa unción!

¡Sor Juana Inés, desciende pronto de esa cruz!

 

3

¡Pintoresca viuda solitaria, llámame y acudiré de inmediato a darte jabonadura en la orfandad de tu deseo y como el primer padre de tu melodía, según mi escritura de verriondez, te removeré la mola concurrentemente con dulzor y armonía y deberemos domar tu culo, cuyo son depende de la vida, y su ciencia será mi lustre y mi maestría y tendré que probar repetidamente tu música en la fuente del placer y de tal manera nos armaremos de potestad para que la cosa peluda siempre se inflame!

¡Pintoresca viuda en soledad, llámame de súbito!

 

4

¡Casta señora, tienes que maravillarte de mis cien leches, ya que las puedo traer cada vez que las anheles y me pasma en cada ocasión tu comentario y tórnome hombre con el pellejo vuelto al revés y te haré gemir sin forzamiento y cuando bese tu razón velluda y bajo ventral se dorará tu vuelo por mi energía deferente y engrudaré tus pendejos hasta convertirlos en mensajeros no mortales y después sin que los chasquidos se mellen revocarás tu condición de extranjera!

¡Casta señora, podrás asombrarte al imaginarme todo peludo!

 

5

¡Impúdica secretaria, por una vez abastéceme de tiempos faenados en el placer y yo te brindaré un pequeño sentimiento de virguería y entonces rondaremos en torno a un mes que nos otorgará lujuria y así nos mantendremos en absoluto equilibrio coital y no descansaremos y no repararemos en cansancios ni fatigas y entre la forja de tus robustos muslos me encontraré muelle como al principio y mi carajo será más real que el rey del priapismo y en la anchurosa avenida de tus nalgas me desplazaré a plenitud y con aire matinal!

¡Impúdica secretaria, hazme secretar el alambique nunca acobardado!

 

6

¡Beata comesantos, devórame cuanto antes, ahora que estás en gracia y tu estación se embellece y yo prosigo estacionario con mi estaca aguardando por tus futuros pecados que no serán tales, sino postergadas retribuciones carnales y en el hoy yo deseo fervientemente que tú me entetes para que pueda alcanzar la vía de tu dulzura, sin temor a empalagarme y tú seas capaz de tocar mi chirimía hasta que se endurezca y emita las notas más agudas que atraviesen tu garganta con inefable quemazón!

¡Beata comesantos, trágame mientras estoy en penitencia con el cipote mortificado!

 

7

¡Rolliza pelirroja, parte sobre mi pájaro, al cual deberás criar hasta que píe al unísono con tu cocuyo y salte de mogote en mogote y no pueda después sino revolotear alrededor de la vara que te mandará y gobernará y de tal guisa te forzará a canturrear entre dientes y la madera disuadirá a tu coleóptero de no buscar sólo el lúbrico alimento nocturno, sino también el sustento en aquello que se levanta con desparpajo frente a tu crica altanera y que tú ulteriormente disfrazarás con cáscaras de ajo y ciruelos y así podrás acreditarte toda la tenaz candela que entrambos haremos arder bajo la mesa de tu cuñado!

¡Rolliza pelirroja, sal encima de mi gorrión y tráete tu nido!

 

8

¡Pánfila romántica, no te hagas rogar y ándate tanteando mis redondas alegrías y tamborilea sin nulo divertimento hasta que adviertas que en tus muslos aparece un rosicler y un aroma de jaiba que yo voy a degustar con galanura y te diré repetidamente: abre el ocelo, abre el ocelo, que no será mala ocasión y disfrutaremos del ocio y de los matices de las cadencias y graciosamente te entramparé con mi arma que no se desgasta y tú soltarás ayes de gozo y el azafrán de tus labios se tornará brasa y carmín!

¡Pánfila romántica, no me pidas que te suplique y ofréndame tu frenesí!

 

9

¡Tímida bobalicona, tus furores quieren quemarme en compañía y aún tú los contienes y todavía te cohibes y los dos sabemos que a cabalidad deseamos esa aventura sobre una pasarela o encima de una franja de tierra o epicúreamente entre el breñal y de esta manera, por la índole de la causa carnal, me arañarás hasta que te cures de tu apocamiento y ya no anheles más que mis porrazos que te caten hasta el fondo de la existencia y te procuren breves muertes, mientras nos demoramos en tus horas que no se alienan!

¡Tímida bobalicona, despliega tus uterinos furores!

 

10

¡Lazarilla rumbeadora, dile a las gatas que me vengan a serenatear en tu nombre y que tú me pudrirás de pasión, pues serás mi dama y después de nuestro inicial encuentro que fatigados nos dejará, diez gatas más grandes chillarán para aumentar nuestro placer y tú querrás confiarme que con tu amor, tú me desarmas y que si las felinas no cantan, tú lo harás por ellas porque te conviene la ventura que la novel figura de mi capullo por el contrario hará florecer tu trébol con buen arte y perfección y siendo ciertas y bien hechas así las cosas de Venus preservaremos la emulsión para no quedar cojos!

¡Lazarilla rumbeadora, notifícale a las mininas que maúllen bajo mi lasciva ventana!

 

11

¡Acojonada solterona, prepara tu arpa de una vez para yo sacarle lujuriosa armonía sin llenarte de melancolía, pero sumiéndote en el mayor solaz que te hará rotundamente divagar al oír el sonido que se verá de color seminal y para no acortar tu ansia de acopio pondré bajo tu ombligo un son no dudoso ni discordante, dedicado a exaltar tu soflama y tu desnudez y percibirás entonces la destreza que aleja tristuras y atrae desfallecimientos que humedecen tanto y tanto!

¡Acojonada solterona, pulsa las cuerdas de tu arpa y hazme vibrar prepóstero!

 

12

¡Libérrima casquivana, espérame confortable en el interior de tu alcoba y vístete con las transparencias de tu refinamiento y hazme deducir el apoyo con que sostendrás mi vergajo y prométeme guerra sin control para atender a los minutos que no pasarán y nos dirán, sin embargo, la confianza que pondrán sobre el lecho para que con todas las esperanzas me palpes y me chupes por fuera y por dentro hasta que encuentres el sabor de la locura y a cada uno de sus fragmentos sabrás aprovechar sin prisa!

¡Libérrima casquivana, átame a tu cama y fúndete conmigo!

 

13

¡Abandonada deslumbradora, mírame y obsérvame en torno a tus areolas y luego apriétame hasta espumarme en un aquelarre más fuerte que las tardes de los machos cabríos y posteriormente sabrás sobreexcitarme con la probidad de tu lengua bien puesta en acción y saldrá la saliva que me tuteará y abrasará el lustroso perfil de mi aldabón y consolidarás las chanzas que serán mi goma grande y mi legión de algarrobos y me harás aprobar el audaz movimiento de tus caderas y seremos ejemplo de los que copulan dentro de los olivares y pierden cerradamente los calzones y ciertas postales!

¡Abandonada deslumbradora, clávame los ojos y brótame!

 

14

¡Mordisqueada moza del ocaso, pon mis cueros a remojar en tu húmeda cubeta y no pienses en martirios, sino en buen tiento para la fortuna y para tu devenir y aunque seamos dos podemos llegar a tres si nos afanamos y permitimos transfundirse a nuestras mixturas para a continuación abajarnos hasta prender el número erótico correcto y comprobar que un dichoso jardín para amantes siempre estuvo a nuestro alcance y que sólo la falsa paciencia hizo retardar estúpidamente su advenimiento y que a partir de un ahora que gotea pegajosamente sus fluidos nos conglutinaremos sin moderación!

¡Mordisqueada moza del ocaso, añádeme a la rotura más ardiente de tu piel!

 

15

¡Incansable caminadora, detente un momento en mi estancia perfumada con la fuerza del orín y conviértete en yesca fructuosa y apareja tus llamas en lo bajo de mi cobertura de semental y restriega allí tu nariz con persistencia hasta que domeñes los rugidos y aprendas a demandar las estrofas esféricas que se bambolean sin cesar para lograr que tus ansiedades de labor lingual se entrometan en los pliegues del dardo enhiesto que infaliblemente abrumará tu garganta y tu boca con alaridos de aguacate!

¡Incansable caminadora, acorta tus pasos y cúndeme de sigilos procaces!

 

16

¡Recatada puritana semisecular, huye de ese oscuro refugio y vente a solazarte conmigo y pon mi deseo entre tus senos y coloca el tuyo bajo la protección de mis colgajos y entonces tentaremos todas las suertes en las emolientes cavidades y yo seré parte de tu totalidad y tú serás totalidad de mis partes pudendas y pudientes y tomaremos el peligro de perecer en el éxtasis como la más exacerbada contingencia y nuestros corazones se elevarán hasta el dominio de los orgasmos rojos y en seguida comenzaremos a perpetuarnos sin descanso y en comunión!

¡Recatada puritana semisecular, rasúrate el pubis ante mi espejo de lava!

 

17

¡Inmigrante polaca de gruesas nalgas, aguarda por mi dulce aliento detrás de tus orejas y comprenderás que estás condenada a descerrar tus esclusas para que mojarme pueda en tus efluvios de matrona y hasta ahogarme en ellos y ahondarme en tu precisa cueva y pues desafiaré con la mayéutica de mi falo a la sombra de tu marido y rodearé con mis piernas tu torso de alborada que merecerá un albur y una lucidez en tu pubis repleto de impromptus y sonatas destinados a ser tocados por mi instrumento de sazón circuncisa!

¡Inmigrante gorda y polaca, espera mi cipotazo de estreno!

 

18

¡Mundana reclusa, no te pierdas entre los barrotes de tu celda. Debes saber que he de rescatarte de ese antro, pero primero exaltemos la necesidad de poseernos hasta magullarnos los vientres y arrasar nuestras orografías corporales con incendios que jamás fenecerán y practicaremos ensayos y errores y al mundo lo verás a través de tu palpitante rajadura y nos triangularemos sin nudos y merecerás mi cachiporra para mejor liberarte y alcanzar la calle que mojada de concupiscencia te aguardará con sus pezones al aire!

¡Mundana reclusa, apresa a mi prófuga paloma!

 

19

¡Adúltera vecina, acude a mi ámbito de engrifados vellos y encaja tu vulva en la amplitud del instante que surgirá cual retumbo y allí conseguirás la lentitud de tus espasmos más preciados, las contracciones semejantes a mordiscos por encargo, las convulsiones que te conducirán al asombro y al paroxismo… Comparece desnuda y ampliamente despierta y le daré a tu fruta la acuosidad que se merece y sonsacaré la suculencia para beneficio de nosotros dos y también te frotaré el trascorral con mi batuta de avezado director de orquesta sin pecado original y en el asiento de mi pila podrás beber el néctar ora acre, ora agridulce, ora empalagoso, pero siempre abundante y capaz de calmar, aunque momentáneamente, tu sed que se agita como sistro!

¡Adúltera convecina, levanta la veda y nútreme el vástago!

 

20

¡Hábil soberana de axilas sahumadas, vaga hasta toparte con mi rincón oculto por la umbría, donde yazgo y te espero, y en ese sitio dame tu independencia de voluptuosidad teñida por tus jugos menstruales y asegúrate de encaramarte con fruición sobre mi viga para que divises desde su altura el hospicio que te pertenece y entonces seré tu súbdito coronado, aquél a quien querrás sobarle con asiduidad el mazo para que te acometa al compás de todos tus imprescindibles deseos!

¡Hábil soberana de sobacos bienolientes, especifícame como tu manjar de vecindad devorable!

Wilfredo Carrizales
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